grabados rupestres

donde se unen la tierra y el cielo

donde se unen la tierra y el cielo
En La Palma, la arqueología y la astronomía han cruzado las miradas, unos al suelo y otros al cielo, para coincidir en una misma dirección, interrelacionando las observaciones hasta confirmar la importancia de los atros entre los antiguos habitantes de Benawara.
“adoraban al Sol, la Luna y otros planetas” (Alvise Ca’da Mosto, 1455-1457)

"Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen:"no veo nada". Pero la fuente de luz está ahí no para que se la mire a ella, sino para que se mire y vea lo que ella ilumina. E igual pasa con el simbolismo" (Dan Sperber).





jueves, 18 de septiembre de 2014

Recinto cultual de Las Lajes (Garafía, isla de La Palma). El eterno retorno del Sol


Una de las principales particulares naturales del Archipiélago Canario es la enorme variedad de ecosistemas y paisajes únicos en el mundo. Uno de los que más atractivos presentan son los ambientes de montaña, de elevados peñascos e intrincados barrancos, de pinares y matorrales de cumbre, de aves que surcan el cielo y de silencios que invitan a reflexionar y a buscar la esencia más profunda del ser humano. La isla de La Palma es todo un portento de lo abrupto, de elevaciones que parecen enganchadas al cosmos. Pues bien, aprovechando estas fechas del equinoccio de otoño, vamos a mostrar un complejo arquitectónico de culto poco conocido localizado en un pequeño rellano, a 2.140 m de altitud, sobre el margen derecho del Barranco de Izcagua (Garafía).

La historia comienza entre codesos de cumbre un 31 de diciembre de 1994 cuando haciendo camino por donde no lo había, descubrimos cinco amontonamientos de piedras, más de ochenta grabados rupestres en todo su contorno más cercano, una cabaña, numerosos fragmentos cerámicos y cinco gabros de la Caldera de Taburiente de diferentes colores muy llamativos. Fue una jornada muy afortunada por la calidad y el volumen de los restos encontrados.

Parece evidente que los acontecimientos cambian en función de cómo se observen. Así que, examinando la zona en años sucesivos, encontramos la inspiración con erudiciones desde otros campos de la investigación dando como resultado el hallazgo de un espacio consagrado al Sol que pudimos confirmar durante los rastreos que perpetramos en 2006 y 2007, acreditando las perfectas alineaciones con los dos solsticios y los equinoccios (Abora, 2006, revistas iruene nº 1, 2009 y nº 3, 2011).

Se trata del segundo conjunto de majanos más sustancial de la Isla, después del complejo de Las Lajitas, localizado a tan solo 500 m de distancia. Sus construcciones siguen la misma tipología de lajas hincadas en círculo rellenas de piedras y lajas con grabados rupestres que no superan los 3 m de diámetro y 1 m de altura. La mayoría están muy deteriorados y algunos prácticamente vacíos.

Estos y otros igurar (“amontonamientos de piedras”) que se dispersan por las cumbres de la Caldera de Taburiente, suponen la primera manifestación arquitectónica religiosa de la isla de La Palma. El hecho de ubicarse en lugares de tanta altura nos empuja a señalar un arquetipo (una imitación) de la montaña y a establecer un vínculo entre la tierra y el cielo. Ahora bien ¿cómo se construye esa conexión? Nuestra responsabilidad es interpretar los restos que nos legaron. No obstante, a través de la metodología arqueológica actual, apoyándose en bibliografías anteriores, en la consagración de hipótesis como hechos o en la repetición de arraigadas exposiciones, es imposible madurar en los aspectos religiosos. Para contrarrestar esta inmutable visión es necesario ser crítico. En nuestro modelo de argumentación interpretativa demostramos que los awara (antiguos habitantes de la isla de La Palma) buscaron la altura estableciendo un principio ideológico con los astros, asociado a la topografía. Levantaron la mirada y observaron un cosmos cargado de sentido y de significados profundos. El hecho de que los mismos fenómenos astronómicos hayan sido contemplados por distintos grupos humanos, nos permite aprender mucho sobre las sociedades que las originaron. Debido a su falta de tecnología y conocimientos científicos, las culturas primitivas confiaban en el control divino del universo. De este modo, los rítmicos y eternos movimientos del Sol, la Luna y las estrellas permitieron ajustar el tiempo de las numerosas efemérides que regulaban las actividades festivas, los rituales y todo tipo de actos periódicos.

Para determinar si un monumento tiene un sentido litúrgico y a la vez calendárico, tiene que encontrarse un vínculo entre su alineación espacial con los puntos más destacados de la topografía montuosa y el tránsito aparente del Sol, la Luna o las estrellas por la bóveda celeste. Es decir, la arquitectura tiene que guardar un orden con el cielo.

En el sitio de Las Lajes se alzaron cinco amontonamientos de piedras para determinar, mediante una serie de alineaciones sencillas, los ortos solsticiales y equinocciales.

La alineación al solsticio de invierno la conforman tres majanos. Si nos ubicamos mirando hacia la montaña, descubriremos como los tres igurar siguen una misma línea que coincide con el lugar por donde asoma el Sol cada 21 de diciembre.

La marca del solsticio de verano la establece un grabado rupestre tallado sobre la cara de una roca que mira hacia el lugar por donde despunta el Sol cada 21 de junio y un amontonamiento de piedras que sirve de trazo e itinerario entre ambos (grabado rupestre y Sol).

El Sol, en su órbita aparente, cruza dos veces las transiciones o mitad del trayecto: los equinoccios en marzo y en septiembre. Las Lajes es el único sitio posible desde donde se puede observar como el Sol surge por detrás de la montaña más alta de la Isla: el Roque de Los Muchachos durante los equinoccios. Esto requiere de una gran precisión. Si nos colocamos en el amontonamiento de piedras superior, localizado en el mismo borde del precipicio del barranco, en los días señalados podremos observar una mágica y armónica unificación entre el Roque de Los Muchachos y el Sol.
A pesar de que en la actualidad, según la moda intelectual vigente, se tiende a pensar de un modo muy reduccionista (cuadriculado) y a considerar a los indígenas como ignorantes e ingenuos, la verdadera historia espiritual de los antiguos canarios es ilimitada y cosmológica. Estos amontonamientos de piedras reflejan el paso del tiempo en el cielo, el inicio y el final de un ciclo que se repite eternamente con la llegada de los solsticios y equinoccios.


                                                                 Artículo publicado en la prensa, septiembre 2014
http://elapuron.com/noticias/opinion/13283/recinto-cultual-de-las-lajes-garafa-isla-de-la-palma-el-eterno-retorno-del-sol
/http://www.eldiario.es/lapalmaahora/lapalmaopina/Recinto-cultual-Las_Lajes-Garafia_6_304179621.html

domingo, 22 de diciembre de 2013

El solsticio de invierno desde las cumbres de la isla de La Palma

Cuando llegan estas fechas en nuestro calendario, el cristianismo celebra el nacimiento del hijo de Dios, todo un alarde de asimilación de los antiguos rituales del nacimiento del Sol. Cada Año Nuevo, durante el solsticio de invierno, se produce el mito de la creación cosmogónica, se subraya la importancia del momento original en el que el mundo fue creado y se le atribuye a este acto las virtudes de creador del tiempo y ordenador del universo. Es el tiempo perfecto, la edad en que el cosmos está cargado de toda su fuerza vital. Es el Sol el principal encargado de ordenar los lugares sagrados en el tiempo considerado (solsticios y equinoccios). A partir de aquí el universo adquiere un orden, una armonía, se suceden los días, las estaciones, la muerte y el renacimiento del nuevo Sol.
Los solsticios son aquellos momentos del año en los que el Sol alcanza su máxima posición meridional o boreal, es decir, una máxima declinación Norte y Sur con respecto al ecuador terrestre.
El cosmos abarca todo lo que existe, tiene sentido. Es la esencia primordial, cargada de símbolos y significados. Por ello, los antiguos canarios buscaron trascender los límites de la humanidad elevando su alma al cielo por medio del mito, la arquitectura, el rito y el símbolo. Todo ello visible en formatos diferenciados -casas almogarenes o efequenes, amontonamientos de piedras, torretas, canales y cazoletas, queseras, círculos de piedra, grabados rupestres tallados en las rocas y objetos materiales cotidianos...- proporciona una convincente prueba del impulso al que esas prácticas dan forma a su cosmovisión. Aquellos hombres y mujeres marcaron el espacio con determinadas construcciones que vincularon al Sol. En el caso de la isla de La Palma, los awara construyeron unos sencillos templos al aire libre, antes de la era cristiana, sobre las cumbres que contornean la Caldera de Taburiente, amontonando piedras (igurar o majanos) de forma circular con un perímetro, en el mayor de los casos, de lajas hincadas en el suelo y rellenos de rocas y/o lajas de distintos tamaños. Se trata de sencillos recintos sagrados que suponen la primera manifestación arquitectónica religiosa en la isla de La Palma. Son más de 60 estructuras.
El templo es el centro del mundo, correspondiendo al espacio y al tiempo la necesidad de su recreación periódica. Los templos y otros espacios sagrados, axis e imago mundi, establecieron el orden cósmico, con estructura y normas propias de funcionamiento, se instalaron en un territorio para unirse al cosmos.
El pasado 21 de diciembre nos desplazamos a las Cabeceras de Izcagua II (Las Lajes, Garafía), en concreto a un amontonamiento de piedras situado a 2.030 m de altitud, en la margen izquierda de una barranquera. El majano posee un perímetro de rocas y lajas grandes de unos 11 m con un relleno que tiene como base un sustrato de tierra y piedras pequeñas y por encima se apilan un centenar de rocas más grandes. Su diámetro aproximado es de unos 3 m y la altura de 1,30 m. Contiene grabados rupestres y presenta un estado muy malo de conservación con muchas piedras caídas. Desde este lugar, el primer amanecer del solsticio de invierno es todo un espectáculo al producirse por el pico más destacado del entorno, Roque Chico.
Este acontecimiento no es algo aislado pues se repite en todo el contorno superior de La Caldera de Taburiente, en la misma fecha, en distintos lugares y con referencias naturales sobre las montañas de las islas de La Palma y Tenerife. La constante repetición de un acontecimiento constituye una prueba irrefutable, una convicción compartida por toda una comunidad. La elección de un lugar para emplazar un majano nos aporta un principio de comprensión sobre la intención espacial de la cultura awara. Desde estos lugares el espacio se conceptualizó y se sacralizó. Se establece un vínculo vertical jerarquizado de una triada eterna -grupo de tres diferentes figuras y/o elementos divinos o míticos especialmente vinculados-. Se parte del amontonamiento de piedras, continúa en un destacado punto del relieve y culmina con la aparición del primer Sol del Año. Se trata, por lo tanto, de un verdadero simbolismo cosmogónico. Se encomendaban pues a las celebraciones del Año Nuevo, al "comienzo" y la "renovatio", con la esperanza de que el mundo se renueve, que pueda comenzar una nueva historia en un mundo regenerado; es decir, creado de nuevo.
Según Mircea Eliade la cima de la montaña cósmica no sólo es el punto más alto de la tierra, es también el punto donde dio comienzo la creación. Cada 21 de diciembre los awara rememoraban el mito del origen, la génesis del principio, experimentando una hierofanía o la manifestación de lo sagrado. Lo sagrado se visualiza y se eterniza.
 

jueves, 19 de diciembre de 2013

FELIZ SOLSTICIO DE INVIERNO

miércoles, 19 de septiembre de 2012


Canopo, la estrella de la lluvia

En septiembre comienza la mejor época para observar, antes del amanecer, a Canopo, la segunda más brillante del hemisferio norte. En el cielo nocturno del planetario natural que se contempla desde Canarias, fiel a su cita anual, ha hecho estos días de nuevo su aparición una estrella sumamente deslumbrante. En septiembre, con la puntualidad del reloj cósmico que marca el ritmo del universo, ha comenzado la mejor época para observar a simple vista, antes del amanecer, suspendida en el sur del horizonte sideral, a Canopo, la segunda estrella más brillante del hemisferio norte (la primera es Sirio). Este objeto estelar no es visible desde ningún lugar del continente de Europa.
En septiembre comienza la mejor época para observar, antes del amanecer, a Canopo, la segunda más brillante del hemisferio norte.
En el cielo nocturno del planetario natural que se contempla desde Canarias, fiel a su cita anual, ha hecho estos días de nuevo su aparición una estrella sumamente deslumbrante. En septiembre, con la puntualidad del reloj cósmico que marca el ritmo del universo, ha comenzado la mejor época para observar a simple vista, antes del amanecer, suspendida en el sur del horizonte sideral, a Canopo, la segunda estrella más brillante del hemisferio norte (la primera es Sirio). Este objeto estelar no es visible desde ningún lugar del continente de Europa.
Canopo era el cuerpo celeste más idolatrado por los primeros pobladores de las Islas, sostiene el prehistoriador Miguel Martín, experto en astroarqueología. Desde el Archipiélago, en el citado punto del infinito boreal, se puede contemplar, si la noche está despejada, a partir de la citada fecha, hasta los primeros días de mayo, “justo el periodo de lluvias en Canarias”, subraya Martín. Los pueblos primitivos, recuerda, la consideraban “la madre de todas las estrellas”.
Entre las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por Miguel Martín destaca un estudio sobre el culto de la estrella Canopo entre los antiguos pobladores de Canarias.
Los awara, sostiene, “dominaron el conocimiento astronómico como pilar del conjunto del saber sagrado, aquel sobre el que se sustentaba su mundo”. En este sentido, sintetiza, “la observación del cielo fue una importante disciplina de aprendizaje”. Asevera que “realizaron sus consideraciones para dar sentido a la vida”.
Destaca que “fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo y, en su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas y de sus ideas cósmicas” en la orientación de sus “construcciones y en la iconografía de su sistema ritual” que, precisa, “resalta la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente”. En las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro, remarca, “la mediciones de campo (prehistoria de la posición astronómica), nos han confirmado una especial vinculación con la estrella Canopo”.
Situada a 313 años luz de la Tierra
Canopo, detalla, “es una estrella supergigante blanco-amarillenta”. Está situada “aproximadamente a 313 años luz de la Tierra y su diámetro es treinta veces más grande que el del Sol”. Asimismo, enfatiza, “su luminosidad es 12.000 veces” mayor que la del astro rey. Es conocida, abunda, desde la antigüedad como la Estrella de Osiris.
Hace miles de años, señala, “los humanos observaron que los puntos brillantes que adornaban el cielo por la noche se movían”. La intuición de este orden estelar, agrega, “se afianzó y comenzó a relacionarse con los cambios del tiempo”. Así, prosigue, “la posición de las estrellas permitió predecir cuándo iban a llegar las estaciones, el esperado período de lluvias, marcar el momento del apareamiento de los animales, de la siembra…”.
Astronomía aborigen de La Palma
Según expuso en su día el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) con motivo de una exposición sobre la investigación estelar en La Palma, “en la cultura de los pobladores prehispánicos de la Isla, los benahoaritas, existe una relación entre los ritos sagrados y la Astronomía”. Los citados habitantes, apunta, “subían a las cumbres en busca de respuestas a cuestiones que hoy se siguen indagando con los grandes telescopios”. El Roque de Los Muchachos era “una de las montañas mágicas favoritas para realizar estas prácticas ancestrales”. En la actualidad, la cima de La Palma acoge el principal observatorio estelar del hemisferio norte europeo.
Los primeros astros empezaron a brillar, según estiman los científicos, aproximadamente, 400 millones de años después del gran estallido cósmico (Big-Bang). Desde entonces, sin duda, ha llovido lo suyo, pero la inmensa mayoría de los enigmas que encierra la bóveda celeste sobre la creación permanecen ocultos.
Canopo era el cuerpo celeste más idolatrado por los primeros pobladores de las Islas, sostiene el prehistoriador Miguel Martín, experto en astroarqueología. Desde el Archipiélago, en el citado punto del infinito boreal, se puede contemplar, si la noche está despejada, a partir de la citada fecha, hasta los primeros días de mayo, “justo el periodo de lluvias en Canarias”, subraya Martín. Los pueblos primitivos, recuerda, la consideraban “la madre de todas las estrellas”.
Entre las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por Miguel Martín destaca un estudio sobre el culto de la estrella Canopo entre los antiguos pobladores de Canarias.
Los awara, sostiene, “dominaron el conocimiento astronómico como pilar del conjunto del saber sagrado, aquel sobre el que se sustentaba su mundo”. En este sentido, sintetiza, “la observación del cielo fue una importante disciplina de aprendizaje”. Asevera que “realizaron sus consideraciones para dar sentido a la vida”.
Destaca que “fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo y, en su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas y de sus ideas cósmicas” en la orientación de sus “construcciones y en la iconografía de su sistema ritual” que, precisa, “resalta la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente”. En las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro, remarca, “la mediciones de campo (prehistoria de la posición astronómica), nos han confirmado una especial vinculación con la estrella Canopo”.
Astronomía aborigen de La Palma
Según expuso en su día el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) con motivo de una exposición sobre la investigación estelar en La Palma, “en la cultura de los pobladores prehispánicos de la Isla, los benahoaritas, existe una relación entre los ritos sagrados y la Astronomía”. Los citados habitantes, apunta, “subían a las cumbres en busca de respuestas a cuestiones que hoy se siguen indagando con los grandes telescopios”. El Roque de Los Muchachos era “una de las montañas mágicas favoritas para realizar estas prácticas ancestrales”. En la actualidad, la cima de La Palma acoge el principal observatorio estelar del hemisferio norte europeo.
Los primeros astros empezaron a brillar, según estiman los científicos, aproximadamente, 400 millones de años después del gran estallido cósmico (Big-Bang). Desde entonces, sin duda, ha llovido lo suyo, pero la inmensa mayoría de los enigmas que encierra la bóveda celeste sobre la creación permanecen ocultos.

http://www.canariasahora.com/noticia/234099/

martes, 20 de septiembre de 2011

El culto a la estrella Canopo

Original petroglifo en Malpaíses (Villa de Mazo)

El hombre moderno vive en un mundo sin dioses, sin espíritus o fantasmas, sin genios o ángeles, sin demonios… El hombre urbano vive sin animales y sin bosques, sin estrellas. Por ello, no podemos entender el mundo antiguo sin intentar experimentarlo, sin aquel orden de experiencia primordial que se basaba en una armonía integral.
Hasta hace muy poco era impensable concretar que las respuestas al sentido de la vida entre los antiguos canarios estaban en el cielo. Si la literatura previa y posterior al siglo XV así lo afirmaba, tan sólo nos faltaba poderlo demostrar a través de sus restos materiales. Los antiguos habitantes de las Islas Canarias dominaron el conocimiento astronómico como pilar del conjunto del saber sagrado, aquel sobre el que se sustentaba su mundo. Y en este sentido, la observación del cielo fue una importante disciplina de aprendizaje. Realizaron sus consideraciones para dar sentido a la vida. Fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo y en su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas, de sus ideas cósmicas, la orientación de sus construcciones y su iconografía como sistema ritual que resalta la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente. En las islas que hemos trabajado -La Palma, La Gomera y El Hierro-, las mediciones de campo nos han confirmado una especial vinculación con la estrella Canopo.


Canopo es una estrella del Hemisferio Sur, la segunda más brillante de nuestro cielo. Fue venerada tanto en la mitad austral como en numerosos lugares del Hemisferio Norte, por debajo del paralelo 35, en el Norte de África y Próximo Oriente. En el mundo bereber su culto se encuentra bien documentado, siendo parte importante como eje de su cosmogonía. “Canopo es la estrella principal del cielo, la más antigua, la madre de todas las estrellas, huevo primordial de cuya explosión nace el universo que conocemos” (Viviana Pâques, 1956).


Antonio Cubillo Ferreira, José Barrios, Ignacio Reyes creen que el orto helíaco de Canopo (agosto) marca el inicio del calendario lunar guanche y que su culto se transfirió posteriormente a la Virgen de Candelaria, convirtiéndola en la principal festividad católica de la Isla. “la que carga o sostiene el firmamento”, es decir, presenta una madre cósmica o diosa primordial congruente por completo con el mito cosmogónico organizado en torno a Canopo, la Guayarmina o Wayya-ar-minna isleña, “la que protege hasta el comienzo de la sequía prolongada” (Ignacio Reyes).


Canopo la podemos localizar siempre en el Sur, entre finales de agosto y los primeros días de mayo, justo el período de lluvias en Canarias.


En el segundo número de la revista de Prehistoria de la Isla de La Palma, Iruene, titulada Canopo, se presentan cuatro magníficas estaciones rupestres en la isla de La Palma, una en La Gomera y otra en El Hierro perfectamente vinculadas a esta estrella, cada una con sus particulares características topográficas.


1. Malpaíses, en la costa de Villa de Mazo, con más de 30 grabados rupestres que miran hacia el Sur, en dirección a la Montaña del Azufre, coincidente con Canopo en su máxima altura sobre el cono volcánico en perfecta alineación.


2. Roquito de La Fortaleza, en la cumbre de San Andrés y Sauces, con ocho paneles de petroglifos que miran hacia el ocaso de la estrella Canopo sobre el extremo Oeste del Pico Bejenao.


3. Los Andenes I, dique situado en el borde superior de la cara interna de La Caldera de Taburiente, que contiene diez paneles con más de una veintena de motivos. La dirección del dique coincide con el ocaso de Canopo en el horizonte.


4. Los Andenes II, otro dique con cinco paneles de grabados rupestres, situado por encima del anterior que presenta dos tramos con direcciones coincidentes con el lugar por donde asoma y desaparece Canopo en el horizonte.


En la isla de La Gomera encontramos la sorprendente estación de grabados rupestres alfabetiformes de las Toscas del Guirre cuyos grabados se direccionan al lugar aproximado donde Canopo y Sirio se alinean y desde donde se puede apreciar el ocaso de Sirio por el mismo Roque de Agando.


Por último, en El Hierro las coladas de lava que se precipitan hacia el mar (dirección Sur) fueron talladas con los símbolos y escritura mágicas, justo el punto donde canopo y Sirio se alineaban hace mil años.


Publicado en el periódico Canarias7, día 20 de septiembre de 2011

miércoles, 23 de febrero de 2011

Revista Iruene nº 2: CANOPO

El viernes 18 de febrero se presentó el segundo número de la revista de prehistoria de La Palma “Iruene” dedicada íntegramente a la sugerente visión del cielo nocturno centrado en la estrella Canopo.

Los awara, al igual que el resto de los pueblos antiguos, fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo. En su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas, de sus ideas cósmicas, la orientación de sus construcciones y su iconografía. La orientación se ha convertido en todo un ritual muy antiguo para experimentar la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente. Cuando algo se orienta, el espacio cobra sentido, el cielo y la tierra se encuentran y se unen. Se sale de la linealidad y se entra en la eternidad cíclica, aquella que se repite constantemente todos los años. Basarse en esas disposiciones nos ha dado claves a muchas respuestas.

¿Qué tiene de raro afirmar que los antiguos canarios adoraran la naturaleza, al Sol, la Luna, las estrellas, las montañas, las fuentes, los árboles, el viento… y que creían en un Ser Supremo? ¿Puede ser un grabado rupestre una imagen o modelo del cosmos? Una imagen dominante y generalizada como una espiral, un círculo, un meandro o las miles de combinaciones creadas por los awara nos conducen a descubrir su arquetipología, la que orienta el conocimiento hacia algo concretizado, en dirección al punto por donde sale o se pone el Sol en sus posiciones extremas (solsticios), intermedias (equinoccios), el cenit, referencias topográficas como Pico Bejenao, Pico La Nieve, Risco Liso, Montaña del Azufre y lo descubierto recientemente: la estrella Canopo.

Ocaso de Canopo sobre el Pico Bejenao desde el dique sagrado de El Roquito de La Fortaleza
Canopo es un astro supergigante del Hemisferio Sur que, desde nuestra posición, podemos localizar siempre en el Sur cercano al horizonte, entre finales de agosto y los primeros días de mayo. Es muy fácil de encontrarla por su posición, su gran tamaño, constantes centelleos y cambios de color. Su culto se encuentra bien documentado en el mundo bereber, siendo parte importante como eje de su cosmogonía. Según la mitología de algunos pueblos magrebíes Canopo es la estrella principal del cielo, la más antigua, la madre de todas las estrellas, huevo primordial de cuya explosión nace el universo que conocemos (Pâques, 1956).
En este segundo número de la revista “Iruene” se ha confirmado la existencia de cuatro impresionantes yacimientos de grabados rupestres en La Palma, uno en la isla de La Gomera -Las Toscas del Guirre- y otro en la isla de El Hierro -Julan- armonizadamente direccionados hacia Canopo.

lunes, 21 de junio de 2010

Las primeras referencias escritas sobre la antigua religión astral en la isla de La Palma


En La Palma no es un hecho insólito la existencia de elementos sagrados. El original sistema desarrollado fue capaz de integrar las hierofanías (conjunto de formas existentes en el mundo a través de las cuales se manifiesta lo sagrado) elementales. Se trata de un procedimiento construido en base a una experiencia lógica simbólica. Y todas esas referencias en la isla de los awara nos conducen al cielo, dispuesto para revelar lo sagrado.
Plinio (escritor, científico, naturalista y militar romano) vivió en el siglo I. Es muy probable que no estuviera en las Islas Canarias, sin embargo consiguió testimonios de fuentes directas a los que dio forma y sentido, a expensas de cometer errores. Fue el primer autor clásico que reconoce la presencia de pobladores en la isla de La Palma y la existencia de un monumento dedicado a una deidad: “alteram insulam Iunoniam appellari, in ea aediculam ese tantum lapide exstructam”, traducido por J. Álvarez Delgado de la siguiente manera: “La segunda isla se llama Junonia y en ella solo hay un pequeño templo erigido en piedra”. Está dedicado a la diosa Juno, la más grande de todas las diosas, formaba parte de la triada capitolina romana (Júpiter, Juno y Minerva) y se representaba como una gran señora, a veces con un cetro.
Las siguientes menciones sobre las creencias de los antiguos habitantes de La Palma se remontan al siglo XIV. Nada más y nada menos que dos cabezas de la Iglesia, los Papas Clemente VI (bula del 1344) y Urbano V (bula del 1369) demostraron con contundencia la existencia de un culto astral entre los aborígenes canarios.
El Papa francés Clemente VI nació en 1291 y fue elegido Papa el 7 de mayo de 1342 en Avignon. Alrededor de 1344, concedió la soberanía de las Islas Canarias al Príncipe de Castilla, Luis de la Cerda, con la condición de que ningún otro gobernante cristiano hubiera adquirido el derecho a su posesión. El nuevo soberano, a quien se le otorgó el título de Príncipe de Fortunia, accedió a introducir el cristianismo en las islas y a pagar tributo a la Santa Sede. La muerte de Luis de la Cerda dejó el Principado en proyecto.
En septiembre del año 1369 el Papa Urbano V hizo pública una bula en la que alentaba la llegada de religiosos a Canarias con el fin de convertir a la fe de Cristo a los infieles canarios. En la Bula “Ad hoc Semper” podemos encontrar la fantástica afirmación de que eran “adoradores del sol y la luna”.
Es imposible entender las antiguas culturas sin sus dioses estelares o es que acaso ¿mintieron los antiguos textos mesopotámicos cuando hablan de las estrellas como dioses? ¿Nos timaron también los escribas y sacerdotes egipcios? ¿Son falsos los códices mayas que relacionan su existencia con las estrellas? ¿Nos engañaron griegos y romanos al crear una mitología estelar? ¿Nos traicionó Herodoto cuando afirmó que los libios adoraban al Sol y a la Luna? ¿Es una burla del veneciano Alvise Ca’da Mosto especificar que los canarios adoraban al Sol, la Luna y otros planetas? ¿No dijo la verdad Valentín Fernández en 1505 al esbozar que los nativos canarios adoraban unos al Sol, otros a la Luna y otros a las estrellas? ¿Falsean actualmente los tuareg cuando consideran y veneran a los astros como sus principales divinidades? Según René Basset (1910), además de las montañas, rocas, cuevas y ríos, los bereberes también adoraban las estrellas y, en primer lugar el Sol. ¿Es casualidad que los antiguos templos del mundo o las catedrales, iglesias y ermitas cristianas adopten un plano de eje E-O, Sol naciente-Sol poniente? Cualquiera lo puede comprobar con una simple brújula.
Lo indican los textos antiguos y lo exteriorizan los yacimientos prehistóricos de la isla de La Palma. La organización del espacio, desde tiempos inmemoriales, depende de los puntos de orientación establecidos. En La Palma, esos puntos son las posiciones extremas del Sol (solsticios) e intermedias (equinoccios) en más del 99 % de los casos; la Luna, la estrella Canopo y la topografía sagrada en menos del 1 %. Estos axis fueron elegidos mayoritariamente como punto de encuentro, intermediario entre el espacio humanizado (yacimiento prehistórico) y la posición de los astros en los tiempos establecidos. Espacio y tiempo en un conjunto coherente dentro de un sistema solidario.
La Voz de La Palma, junio 2010.

viernes, 28 de mayo de 2010

El rol social de la mujer canaria en la antigüedad

Como norma general, las sociedades con religiones monoteístas fueron patrilineales, emplazando a un segundo plano a la mujer, muchas veces valoradas igual o peor que los animales. Sin embargo, en el pasado más ancestral, el papel de lo femenino alcanzaba tintes de sacralidad como portadora de la fecundidad y de la vida.
Si nos acercamos a las Islas Canarias, entre los bereberes norteafricanos y canarios, a pesar de que los hombres son los que participan en los principales actos y rituales religiosos, las mujeres son muy respetadas por su relación con los dioses. Por ejemplo, son las que predicen el futuro leyendo en las manos, en las nubes o en las plantas. La etnografía comparada nos muestra que también ocurre en muchos pueblos originales e incluso entre las naciones avanzadas. Los matrimonios son monógamos pero existe la separación. La mujer canaria es muy fuerte física y mentalmente, da la filiación, transmite la sabiduría popular, la literatura oral y la artesanía lo que la convierte en pilar de la tradición y la cultura. La mujer amazigh suele ser la depositaria de las técnicas artesanas fundamentales de la vida cotidiana, como la cerámica, la cestería o el tejido de esteras de hojas de palma. No llevan velo y muchas de ellas todavía mantienen viva la costumbre milenaria de llevar tatuajes en el rostro, las manos o los pies, los cuales tienen su código simbólico referido al status social. Las fuentes literarias antiguas canarias recogen claramente el papel destacado de las mujeres aborígenes. En Fuerteventura, Leonardo Torriani aporta algunos detalles sobre la función de las mujeres en la antigua sociedad amazighe. Tibiabin era considerada una mujer fatídica y de mucho saber, quien, por revelación de los demonios o por juicio natural, profetizaba varias cosas que después resultaban verdaderas, por lo cual era considerada por todos como una diosa y venerada y gobernaba las cosas de las ceremonias y los ritos, como sacerdotisa. Tamonante regía las cosas de la justicia y decidía las controversias y las disensiones que ocurrían entre los poderosos o principales de la Isla.
En Gran Canaria, Abreu Galindo expone que entre las mujeres canarias había muchas como religiosas, que vivían con recogimiento y se mantenían y sustentaban de lo que los nobles les daban, cuyas casas y moradas tenían grandes preeminencias; y se diferenciaban de las demás mujeres por sus pieles largas que arrastraban por el suelo, y eran blancas. Las llamaban magadas. Cuando faltaban los temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Marchaban a las montañas de Tirmac y Umiaya y allí derramaban manteca y leche, hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en el agua con gritos de júbilo.
En La Palma, Abreu Galindo afirma que las mujeres awara no eran de menos corpulencia que los hombres, se caracterizaban por sus ánimos varoniles y en su ferocidad ejecutaban sin perdón a los cristianos. El mismo autor inmortalizó la pelea entre una cuadrilla de colonos herreños y la palmera Guayanfanta, mujer “de grande ánimo y gran cuerpo, que parecía gigante, y extremada blancura”. Relata como los cristianos la cercaron, peleó con ellos lo que pudo y, viéndose acosada, embistió con un cristiano y, tomándolo debajo del brazo, se iba para un risco para arrojarse al vacío con él y, a pesar de que acudió otro cristiano y le cortó las piernas, cayeron por el barranco.

domingo, 14 de febrero de 2010

La gestión de los pastos para el ganado en las cumbres de La Caldera

Factores demográficos, económicos, tecnológicos y sociales desempeñaron un papel importante en la optimización de los recursos naturales en una isla como La Palma. La alteración del paisaje se relaciona directamente con el uso de los recursos de la subsistencia: el aprovechamiento de la madera y los pastos como reflejo de su capacidad política para implementar o mantener una decisión sobre un territorio. Ahora bien, el paisaje no puede ser reducido exclusivamente a una dimensión económica.
Establecieron acuerdos firmes y vinculantes sobre los derechos de pastos, la cría de ganado, el intercambio de bienes y el matrimonio. La gestión de los territorios de pastoreo era vital para la subsistencia de la comunidad -referido a toda la Isla-. Los primeros awara que llegaron a La Palma encontraron un verdadero vergel para sus ganados. Los pastos son muy abundantes sobre un territorio elevado, lo que permite una flexibilidad de aprovechamientos de los distintos pisos vegetales en diferentes períodos del año. No podemos seguir avanzando en el conocimiento de los pueblos prehistóricos de Canarias si no miramos a las culturas imazighen que todavía sobreviven en el Norte de África. En este sentido, es muy útil el correo electrónico que nos envió Emiliano Oliva Hernández con un documental sobre el sistema ancestral del agdal que los mesioua crearon para gestionar el yagur -territorio de pastos para el ganado pertenecientes a los pueblos beréberes del Alto Atlas marroquí-.
El agdal es un sistema de origen bereber que consiste en la reglamentación del acceso a un recurso natural, siendo utilizado prácticamente por todas las tribus beréberes del Alto Atlas y del sur de Marruecos. Este recurso puede ser un bosque, forraje para las cabras y las ovejas, o incluso, una tierra de labranza. El agdal se rige por unas fechas concretas de apertura y cierre de un espacio durante un periodo determinado del año. Esto favorece significativamente la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, y por otra parte, la cohesión social en la gestión de los recursos naturales de subsistencia de los pueblos, reforzando así la convivencia y su sentido de grupo entre las tribus, familias o aldeas. Es un principio de igualdad que se mide equitativamente entre todos. Su base tiene unos claros fundamentos de producción material y económica, pero con una fuerte influencia religiosa, donde el sentido de lo sagrado construye un significado que ordena el territorio de diversas fracciones repartidas en los valles de la cordillera del Atlas. La mayoría de las distintas comunidades tribales todavía rinden culto a un santo o santón que constituye el referente unificador del grupo humano, al cual, después de la apertura del agdal y por medio de celebraciones rituales, ofrecen animales, vegetales, grano o mantequilla, augurando así la prosperidad y la fecundidad de la comunidad (http://www.antropologiavisual.net/2007/agdal-voces-del-atlas/).
Los awara fueron unos eternos trasterminantes -término que hace referencia a los desplazamientos cortos de costa a cumbre-. En verano, cuando el Sol ha quemado los pastos de las costas y medianías, se desplazan a los terrenos comunales de cumbre, demarcados en torno al contorno exterior próximo a la Caldera de Taburiente, por encima de los 1.800 m de altitud, donde empiezan a proliferar los campamentos, y las paredes internas del gran cráter de Taburiente.
Con toda seguridad, al igual que los pueblos imazighen del Atlas, el acceso a los pastos comunales de cumbre estaba regulado por un consejo que abarcaba a toda la Isla. Durante unos 3 o 4 meses, en primavera, se cerraban estas áreas de pastoreo al ser el período más sensible de crecimiento y reproducción de las plantas. No se pastoreaba las cumbres hasta que las semillas maduren, especialmente las de las gramíneas y otras plantas de ciclo corto. Evidentemente, el cierre no se hace con barreras físicas sino por la moral y los derechos tradicionales. Esto no quita que hubiera otras zonas de pastoreo permanente en la Isla -costas, medianías, Cumbre Vieja y Cumbre Nueva-. Es un sistema usado para permitir la reproducción de las plantas del año siguiente. La entrada de animales durante el cierre estaba castigada por leyes consuetudinarias.
A partir de marzo comienza sutilmente la floración de las cumbres, los alhelíes primero, la violetas después, son las primeras en enseñar sus encantos lilas, hasta que el amarillo comienza a monocromar el paisaje. Su máxima madurez se produce en junio/julio. ¿Sería la llegada del solsticio o lunasticio de verano el instante que marca la apertura de los campos de pastoreo comunales de cumbre? No lo sabemos, el mundo mágico-religioso refuerza el sistema de pastoreo. Son los dioses los que mandan en estos territorios sagrados. La norma ritual de verano entre los mesioua del Atlas consistía en sacrificar animales para conciliar las fuerzas telúricas, los demonios, y así favorecer la fecundidad de los propios animales, de los hombres, la vegetación, la lluvia, etc. Todo va junto. Es toda una demostración de sabiduría. El sentido de comunidad está fuertemente arraigado en estos pueblos ancestrales. En verano, las cumbres más altas de La Palma se convertían en un hervidero por el trasiego humano y animales, momento que se aprovechaba para estrechar las relaciones sociales.
A partir del siglo XVI, se inicia una nueva era. A la vez que los pastores históricos van incumpliendo la norma ancestral, se impone el individualismo sobre la comunidad, los pastizales se desacralizan y se convierten en objeto de explotación económica. Ahora no son los dioses los dueños del territorio, son los hombres. Esa individualidad los lleva a no respetar algunas normas y suben los animales antes de que las semillas maduren, lo que provoca la pérdida de la nueva generación de plantas y la consiguiente desaparición de las especies más frágiles, así como la propagación de las más resistentes -codeso-. Los pastizales se sobreexplotan y pierden calidad. Definitivamente, los humanos se adueñaron del territorio más sagrado de la Isla. En la década de 1980 se prohibió el pastoreo en las cumbres para dar paso a impactantes construcciones del IAC (Instituto Astrofísico de Canarias), siendo Parques Nacionales la encargada de recuperar parte de la flora que está en peligro de extinción.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Los nuevos caminos de la prehistoria de La Palma

El conocimiento sufre constantemente profundas transformaciones, busca nuevas vías de investigación, camina y, a veces, se dirige por los rincones menos sospechados. Por eso, cada vez son más los científicos que estudian yacimientos prehistóricos de carácter religioso en los que se puede confirmar la intrínseca relación entre el espacio sagrado y los temporales movimientos del Sol y la Luna (solsticios y lunasticios). El último caso que acabamos de conocer es el acometido por investigadores de la Universidad de Zaragoza en el santuario celtibérico de Segeda (Calatayud) revelando el interés de las poblaciones celtibéricas por los movimientos del Sol y la Luna como forma de medir el tiempo. El estudio arqueoastronómico que dirige el catedrático Francisco Burillo, ha demostrado que este santuario tiene distintas orientaciones astronómicas de carácter lunisolar, no solo únicamente en su alineación con el solsticio de verano sino también con el equinoccio y con la Parada Mayor de la luna que marca el ciclo de 18,6 años. Para Francisco Burillo, la plataforma Segeda es uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes que ha tenido lugar este año en España.
Poco a poco, las universidades van implantando departamentos dedicados a la astronomía prehistórica, sabedores de los excelentes resultados que están obteniendo, así como administraciones que apoyan y subvencionan este tipo de estudios.
¿Y en Canarias? Tenemos universidades, arqueólogos, astrónomos, uno de los mejores cielos del mundo y los restos o huellas de pueblos antiguos que buscaron en el cielo las respuestas a su existencia, numerosos yacimientos visiblemente alineados con los movimientos del Sol, la Luna y algunas estrellas fijas, pero existe un rechazo enigmático a algo que se puede medir, comprobar y demostrar. Es penoso percibir el pavor que experimentan algunas personas cuando, en los trabajos de prehistoria, leen o escuchan palabras como lunasticio, solsticio, equinoccio, alineación, cosmos, … relacionar un yacimiento y una montaña, con la Luna, con una estrella o con el mismo Sol. Demasiada ignorancia. La isla de La Palma tiene, desde hace varios años, una asociación (Iruene-La Palma) con un proyecto original y pionero sobre estudios prehistóricos basados en la Posición Astronómica. Asociación altruista cuyo método de investigación ha llegado hasta la misma raíz del pensamiento antiguo, revelando todo un sistema que conecta las manifestaciones sagradas con el cosmos. Muchos de los grandes descubrimientos que se están dando a conocer a nivel mundial tienen una clara expresión en nuestra isla de La Palma de una manera diferenciada. Por ejemplo, el sistema de amontonamientos de piedras que marcan una triple alineación con una referencia topográfica (los picos más altos de La Caldera de Taburiente y de la isla de Tenerife) y el Sol. Los awara eran más inteligentes en su medio de lo que muchos creen pensar, diseñaron sus paisajes rituales de una manera deliberada buscando la altura para establecer un principio ideológico asociado a la topografía. Si esto se llamara Egipto, Mesopotamia o cualquier otro lugar emblemático de la prehistoria mundial o si fuera su descubridor un reconocido científico, seríamos hoy una referencia cultural mundial. Exceptuando la monumentalidad de las expresiones materiales de las grandes civilizaciones, no tenemos tanto que envidiar al resto del mundo. El sistema complejo de orientaciones topográficas y astrales descubiertas en la isla de La Palma es único y prodigiosamente importante, tanto en cantidad como en calidad. No nos basamos en yacimientos puntuales sino en un sistema que los abarca a todos. Sólo hace falta que venga un foráneo, con mucho caché, para que lo vea, lo divulgue y, entonces, casi todos nos sorprenderemos. También existimos los que hacemos investigaciones independientes y no percibimos ni un céntimo por nuestro trabajo ni para publicaciones (todo lo ponemos de nuestro bolsillo), los que divulgamos nuestros conocimientos generosamente allí donde nos requieran, los que no estamos invitados al instituido círculo de congresistas, proyectos nacionales e internacionales, a viajes por el mundo con todos los gastos pagados, los que no esperamos por subvenciones para actuar, etc, etc. Y a sabiendas de que los que ahora nos ignoran y nos desprestigian, con el tiempo discutirán nuestras ideas y más tarde se las apropiarán. Pues, a pesar de todo y aunque alguno no se lo crea, somos felices y estamos enormemente satisfechos por los descubrimientos realizados, identificados con nuestros antepasados y llenos de una paz interior muy grande.


Artículo publicado en "La Voz de La Palma" (diciembre de 2009).

sábado, 31 de octubre de 2009

Muerte y vida en la cosmovisión awara

Como el Sol que se oculta y renace diariamente, el ciclo de la muerte se funde con el de la naturaleza. El individuo no sólo es un cuerpo, sino una vinculación a unos estrechos componentes espirituales más complejos. Por eso, para lograr llegar al Más Allá, deben ser objeto de una serie de rituales que garanticen su integridad y el soñado tránsito. La mayoría de los pueblos tribales creen que los espíritus de sus muertos siguen viviendo. Estos muertos vivientes se relacionan con los que aun están en este mundo. Los vivos deben honrar a los espíritus ancestrales, pueden contar con su protección y guía y confiar, sobre todo, en que aceptan sus oraciones y las transmitan a los poderes superiores. Los muertos necesitan de los cuidados y las ofrendas de los vivos, mientras que éstos pueden ver afectada su existencia de manera favorable -la protección de sus antepasados-, o perjudicial -espíritus malignos y fantasmas- por la influencia de aquellos. El primitivo, por lo general, cree en la supervivencia de los muertos. A su modo de ver, el hombre al morir cesa de tomar parte del grupo de los vivos pero no deja de existir. Pasa simplemente, de este mundo a otro en donde continúa viviendo más o menos tiempo en nuevas condiciones. El individuo muere y subsiste. Separado de la sociedad de los vivos, forma parte entonces de otro grupo, el de los muertos de su familia o de su clan, en donde es, más o menos, bien acogido. Están dotados de una vida y de una potencia sobrehumana que les permite salir de sus pueblos subterráneos e influenciar para bien o para mal la naturaleza, los hombres, animales, plantas. La cueva ha sido el primer abrigo natural, la primera casa, el primer refugio para vivos y muertos. Es el lugar donde reposan los huesos de los antepasados awara. Ellos dieron sepultura a sus muertos en cuevas naturales, tanto próximas como lejanas a sus lugares habituales de habitación. Los yacimientos funerarios intactos son escasísimos, producto de una intensa expoliación histórica, unos movidos por el aprovechamiento del polvo que producen los huesos desintegrados o machacados como abono -denominadas cuevas del polvo-, así como las excavaciones realizadas por científicos y arqueólogos desde el XIX hasta la actualidad, el acopio de cadáveres y momias para los museos peninsulares y extranjeros, y las más recientes acciones que han sacado material por simple curiosidad o intención de rescatar piezas y que, con el paso del tiempo, desaparecen o pasan a formar parte de estanterías y vitrinas particulares.
De la posición de los cadáveres también pueden hacerse deducciones significativas. Es evidente que la dirección dada a los cuerpos está estrechamente relacionada con cuestiones de carácter religioso, inmerso dentro de su propia cosmovisión. Muchos aparecen depositados en el suelo sin que aparentemente haya una intención consciente, pero también están los que fueron orientados premeditadamente hacia el este o el oeste. En este sentido, existe todo un sustrato en el norte de África que refleja una orientación preferente de los monumentos funerarios, tanto en las puertas como tragaluces, hacia el solsticio de invierno y los equinoccios. Uno de los mejores ejemplos los encontramos en las tumbas de Cerdeña, Sicilia, en los hipogeos púnicos-fenicios o los hawanat norteafricanos (tumbas excavadas en la roca) orientadas hacia el E-S. Es difícil encontrar un fundamento categórico, pero es probable que cuando miran hacia el oriente se relacionen con el nacimiento del día, y por lo tanto con la idea de resurrección; y que cuando se dirigen a occidente respondan a la idea de que este lugar, por donde se oculta el Sol, se consideraba ya la morada de los muertos. Esta tendencia ancestral la encontramos con toda su vigencia en la tradición cristiana, tanto en la orientación de sus templos como en los cuerpos que se sepultaban en su suelo: la cabeza hacia el este y los pies hacia el oeste. El Sol se convierte en el prototipo del muerto que resucita todas las mañanas.
Algunos arqueólogos como José C. Cabrera, Mª Antonia Perera y Antonio Tejera coinciden en señalar la estrecha conexión existente en diversas culturas entre el culto a los antepasados y el culto solar. Concretamente, para la isla de Tenerife, Antonio Tejera concluye que los guanches creían que sus ancestros iban a reunirse con el Sol, los espíritus de sus antepasados acompañaban al Sol en su trayecto diario. Es innegable algún tipo de nexo entre el Sol con el rol que en su cosmovisión desempeñarían sus ancestros.
En el Norte de África, la astrología y el culto al Sol son inseparables de una exacerbada veneración por los antepasados. Aunque es un hecho universal, obedece a la relevancia que los antiguos africanos asignaban al disco solar, como símbolo del renacimiento cotidiano, de la regeneración estacional, representando la encarnación plena de la inmortalidad con su retorno diario, en el que se ve acompañado por los difuntos, que vuelven cada día para favorecer a sus familiares vivos. Así mismo, no fue una casualidad que el gran Alejandro Magno peregrinase, recorriendo 500 kilómetros por el desierto, hasta llegar al oasis de Siwa -Egipto- para ser investido divinamente en ese oráculo líbico donde estaba la fuente del Sol.

jueves, 22 de octubre de 2009

Los grabados rupestres más altos de La Palma

Presentamos las tres estaciones de grabados rupestres que se encuentran a mayor altitud. Se localizan en los alrededores del Roque de Los Muchachos, entre los 2.376 m y los 2.386 m.


domingo, 11 de octubre de 2009

Actualización de datos en el complejo de arte rupestre de La Zarza-La Zarcita (Garafía)


Después de unos años de mejor perfeccionamiento en nuestra forma de trabajar la Prehistoria de La Palma, después de superar algunas lagunas en el manejo de la tecnología y, a pesar de presenta una gran dificultad diferenciar, en el santuario de La Zarza, algunos paneles de otros porque están prácticamente unidos, cotejamos unos 39, situados en ambos márgenes del caboco. Advertimos que las orientaciones de los paneles en estos lugares son bastante complicadas por lo encajonado de los barrancos y la abundante vegetación. No obstante, podemos distinguir perfectamente las diferentes intencionalidades en ambos márgenes del barranco, incluyendo como novedad la orientación equinoccial. Así, en el costado derecho, los grabados rupestres buscan una intencionalidad de orientación hacia el lugar aproximado por donde se pone o se esconde el Sol del invierno (3 paneles), al ocaso del verano (3 paneles) y a la zona de los equinoccios (1 panel). El grueso de los motivos se sitúa en el costado izquierdo, coincidiendo con los amaneceres del verano (18 paneles) y del invierno (10 paneles).
La Zarcita se sitúa a 500 m al noroeste del anterior, prácticamente en la misma cota. Existen dos estaciones diferenciadas, situadas a ambos costados del Barranco de La Zarcita, a las que designamos los calificativos de La Zarcita I y La Zarcita II.
- La Zarcita I (margen derecho) contiene dos paneles formados por una espiral y espiral con meandros orientados al Sol del invierno y a los equinoccios, respectivamente.
- La Zarcita II (margen izquierdo) predominan los motivos meandriformes y unas pocas espirales. En total son 20 paneles, de los cuales 13 buscan la posición por donde sale el Sol durante el verano, 5 el Sol del invierno y 2 los equinoccios.

martes, 23 de junio de 2009

Solsticio de verano

Un día al año, desde la estación de grabados rupestres de Las Canales - El Cementerio (El Paso), el Sol penetra por una grieta que dibuja un roque situado a unos 50 m de distancia. No es una casualidad, es una causalidad que ocurre cada 21 de junio cuando el Sol llega, en su recorrido, al extremo norte.
Los awara lo observaron y sacralizaron el lugar tallando, sobre las rocas, impresionantes símbolos geométricos: espirales, meandros y grecas.

video

miércoles, 27 de mayo de 2009

astronomía y barbarie antigua

La astronomía, entre las culturas antiguas, estaba estrechamente vinculada a la vida cotidiana de la comunidad y desempeñó un papel fundamental en la política, los eventos sociales, las actividades religiosas, el calendario, etc. Ahora bien, determinar los efectos de la astronomía en culturas prehistóricas puede ser una tarea difícil debido a que hay muy poca documentación en relación con las prácticas religiosas. En muchos casos, los pueblos nativos practican la astronomía a simple vista, lo que deja pocas pruebas, excepto para los conocidos procesos, que no son pocos, en los que se han registrado tomando forma de amontonamientos de piedras, canales, cazoletas y grabados rupestres (isla de La Palma, Canarias).
La construcción de marcas sobre el terreno no se debe al azar, se estructuraron según un modelo preestablecido hasta configurar un sistema. ¿Qué vieron los awara en el cielo tan significativo? Pues, la movilidad rítmica y cíclica de los principales cuerpos celestes -el Sol y la Luna-, mientras que el resto de astros y estrellas presentan enormes dificultades a la hora de ubicar referencias en el suelo. Las estrellas cambian de posición con frecuencia.
¿Cómo lo materializaron en la tierra? ¿Cómo registraron estos eventos astronómicos? Preguntas muy complicadas para las que tenemos respuesta en la isla de La Palma. Ahora entra en acción el propio paisaje y el medio ambiente que los envuelve; esto es, el espacio y la conceptualización del tiempo, siempre disponible por su rítmico movimiento. A ello, le unimos el componente ritual que conlleva toda construcción y el monumento se convierte en un espacio sagrado en el que reafirmar o establecer la religación con el orden natural. Rituales que se repiten en determinados momentos, capaces de reforzar la construcción de su visión del mundo. Precisamente, la celebración de los solsticios, entre otros, es ineludible para reforzar el entendimiento del tiempo y el restablecimiento del orden universal. Todo se repite en un eterno retorno.
Atkinson (1974) sostiene que los movimientos del Sol y la Luna habría sido especialmente importante a los primeros agricultores que dependen de la comprensión del cambio de las estaciones con el fin de mantener sus cultivos. Asimismo, sostiene que los pastores antiguos gastaban gran parte de su tiempo en movimiento con sus rebaños, alcanzando una profunda familiaridad con los movimientos del cielo. Lo mismo sucedería con los cazadores-recolectores (Chelsee Arbour, http//pseudoarchaeology.org/a07-arbour.html).
Algunos siguen manteniendo imaginariamente, por fortuna cada vez menos, que los antiguos canarios se encontraban en un período de barbarie, muy atrasados tecnológica y culturalmente: no estaban interesados en la astronomía, no registraron inusuales acontecimientos o fenómenos astronómicos, eran poco sofisticados y no reconocen sus lugares de significado astronómico, no controlaban la naturaleza, ni tenían un sistema de creencias que operara en otros niveles de conciencia, los objetos no podían ser sagrados ni tener múltiples significados. Creen que después de la conquista castellana se perdieron los conocimientos, se erradicaron las prácticas y las creencias religiosas. Todo significado desapareció.
¡Nada más lejos de la realidad! El que no se vea reflejado en todo esto que acabamos de decir, debe aportar respuestas, soluciones y no quedarse en las fichas de campo (en la descripción sin reflexión).

jueves, 19 de marzo de 2009

El sistema comunal de pastoreo de cumbre entre los awara

Nos enteramos por la prensa que el Cabildo de La Palma, dentro de la programación de trabajo del equipo redactor del Plan Integral de Gestión del Pastoreo en los Espacios Protegidos de la Isla, ha mantenido reuniones de trabajo con varios colectivos relacionados con la actividad ganadera y pastoreo en los municipios de Tijarafe, Puntagorda y Garafía, teniendo como objetivo analizar la situación de la ganadería caprina en esa comarca, y el aprovechamiento de pastos y recursos forestales. No se si han llegado a alguna solución sobre la mejor manera de gestionar una práctica ancestral que creemos necesaria recuperar de una manera controlada. Seamos sabios y copiemos de nuestros predecesores los aborígenes, de los que tenemos mucho que aprender.

La gestión de los territorios de pastoreo era vital para la subsistencia de la comunidad -referido a toda la Isla-. Los primeros awara que llegaron a La Palma encontraron un verdadero vergel para sus ganados. Los pastos son muy abundantes en un territorio elevado, lo que permite una flexibilidad de aprovechamientos de los distintos pisos vegetales en diferentes períodos del año.
Emiliano Oliva Hernández nos envió un correo electrónico con un documental sobre el sistema ancestral del agdal que los mesioua bereberes crearon para gestionar el yagur -territorio de pastos para el ganado- de los pueblos bereberes del Alto Atlas marroquí.
Un agdal es un sistema de origen bereber que consiste en la reglamentación del acceso a un recurso natural, siendo utilizado prácticamente por todas las comunidades del Alto Atlas y del sur de Marruecos. Este recurso puede ser un bosque, forraje para las cabras y las ovejas, o incluso, una tierra de labranza. El agdal se rige por unas fechas concretas de apertura y cierre de un espacio durante un periodo determinado del año. Esto favorece significativamente la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, y por otra parte, la cohesión social en la gestión de los recursos naturales de subsistencia de los pueblos, reforzando así la convivencia y su sentido de grupo entre las tribus, familias o aldeas. Es un principio de igualdad que se mide equitativamente entre todos.
Su base tiene unos claros fundamentos de producción material y económica, pero con una fuerte influencia religiosa, donde el sentido de lo sagrado construye un significado que ordena el territorio de diversas fracciones repartidas en lo valles de la cordillera del Atlas. La mayoría de las distintas comunidades tribales todavía rinden culto a un santo o santón que constituye el referente unificador del grupo humano, al cual, después de la apertura del agdal y por medio de celebraciones rituales, ofrecen animales, vegetales, grano o mantequilla, augurando así la prosperidad y la fecundidad de la comunidad (http://www.antropologiavisual.net/2007/agdal-voces-del-atlas/).
Los awara fueron unos eternos trasterminantes*. En verano, cuando el Sol ha quemado los pastos de las costas y medianías, se desplazan a los terrenos comunales de cumbre, demarcados en torno al contorno exterior próximo a la Caldera de Taburiente, por encima de los 1.700-1.800 m de altitud, donde empiezan a proliferar los campamentos, y las paredes internas del gran cráter de Taburiente.
Al igual que los pueblos bereberes de Atlas, el acceso a los pastos comunales de cumbre estaba regulado por un consejo que abarcaba a toda la Isla. Durante unos 3 o 4 meses, en primavera, se cerraban estas áreas de pastoreo al ser el período más sensible de crecimiento y reproducción de las plantas. No se pastoreaba las cumbres hasta que las semillas maduren. Evidentemente, el cierre no se hace con barreras físicas sino por la moral y los derechos tradicionales. Esto no quita que hubiera otras zonas de pastoreo permanente en la Isla -Cumbre Vieja y Cumbre Nueva-. Es un sistema usado para permitir la reproducción de las plantas del año siguiente. La entrada de animales durante el cierre estaba castigada por leyes consuetudinarias. Con la conquista y colonización castellana, desde el siglo XV, la sobreexplotación de los recursos vegetales hizo desaparecer algunas especies y otras quedaron casi en extinción. Hoy, la gestión de Parques Nacionales intenta su recuperación.


A partir del mes de abril comienza sutilmente la floración de las cumbres, las violetas son de las primeras en enseñar sus encantos lilas, hasta que el amarillo comienza a monocromar el paisaje. Su máxima madurez se produce en junio/julio. ¿Sería la llegada del solsticio de verano o la primera Luna llena del verano el instante que marca la apertura de los campos de pastoreo comunales de cumbre? No lo podemos confirmar, pero sí que el mundo mágico-religioso refuerza el sistema de pastoreo. Son los dioses los que mandan en estos territorios sagrados. La norma ritual de verano entre los mesioua del Atlas consistía en sacrificar animales para conciliar las fuerzas telúricas, los demonios, y así favorecer la fecundidad de los propios animales, de los hombres, la vegetación, la lluvia, etc. Todo va junto.
El sentido de comunidad está fuertemente arraigado en todos estos pueblos ancestrales. En verano, las cumbres más altas de La Palma se convertían en un hervidero por el trasiego humano y animales, momento que se aprovechaba para estrechar las relaciones sociales.
A partir del siglo XVI, después de 2.000 años de armónica convivencia, se inicia una nueva era. Los pastores históricos fueron perdiendo la práctica ancestral, se impone el individuo sobre el grupo; los pastizales de cumbre se desacralizan y se convierten en objetivo de explotación económica. Los dioses han cedido la propiedad de l terreno a favor del humano. Esa individualidad los conduce a vagar en la ilegalidad y suben los animales antes de que las semillas maduren, lo que provocó la desaparición de las especies más frágiles y la propagación de las más resistentes -codeso-. Los pastizales se sobreexplotan y pierden calidad. En la década de 1980 se prohibió el pastoreo en las cumbres para dar paso a impactantes construcciones del complejo astrofísico, siendo Parques Nacionales el encargado de recuperar parte de la flora que está en peligro de extinción.
Comparen y valores ustedes. ¡Qué sabiduría la de aquellos “primitivos” que vestían con pieles de cabras y ovejas! Por memoria a nuestros antepasados, por el bien de nuestra identidad ancestral, debemos retomar parte del orgullo que demostró tener este pueblo de pastores sabios.

*Trasterminancia: desplazamientos en distancias cortas de los rebaños para uso y explotación de los recursos forrajeros. En el caso de Canarias, de costa a cumbre.

Publicado el el periódico "La Voz de La Palma" marzo 2009

jueves, 5 de marzo de 2009

Plinio, Junonia Mayor y el templo de piedra




Hay muchas formas de abordar el pasado. Desde los distintos campos de la ciencia, cada ensayista da respuestas, más o menos acertadas, a los numerosos interrogantes que plantean las fuentes arqueológicas y los textos escritos. Casi todos los cronistas y geógrafos de Canarias han tratado de interpretar los textos de Plinio el Viejo priorizando la identificación de cada una de las islas con sus referencias, al resto de la información. “Las interpretaciones del texto de Plinio se han orientado tradicionalmente a reconocer en él cada una de las siete islas que conforman el archipiélago canario, ubicándolas en ocasiones de Oriente a Occidente; otras veces en sentido contrario y, en la mayoría de los casos, haciéndolo conjuntamente y seleccionando de manera arbitraria los nombres de las islas, según la conveniencia de cada autor a la hora de su interpretación” (Antonio Tejera, ddd.uab.es/pub/faventia/02107570v23n2p43.pdf).
Es probable que Plinio no estuviera en las Islas Canarias, sin embargo consiguió testimonios de fuentes directas a los que dio forma y sentido, a expensas de cometer errores. Se puede aceptar y compartir, por tanto, la conclusión a la que llega el filólogo Juan Álvarez Delgado (1945) de que en Plinio resulta clara, exacta y explicable la situación geográfica, sus orientaciones de navegación y distancias relativas y los datos y características de las Islas. Los datos compilados por el autor romano no son producto de ninguna fantasía, no se puede inventar algo así cuando se aportan datos tan concretos y fidedignos sobre la geografía de Canarias.
Sabemos que es arriesgado, pero debemos hacerlo cuando las evidencias se nos muestran. Al día de hoy estamos en disposición de aplicar modelos activos y reflexivos en una amplia gama de fuentes que nos ha posibilitado obtener una visión de conjunto más profunda para acceder al conocimiento. Nuestra intención es aportar, con humildad, una nueva respuesta a la misteriosa presencia de un templo en Junonia recogido por Pinio el Viejo en el siglo I d.C: “alteram insulam Iunoniam appellari, in ea aediculam ese tantum lapide exstructam”, traducido por J. Álvarez Delgado de la siguiente manera: “La segunda isla se llama Junonia y en ella solo hay un pequeño templo erigido en piedra”. El párrafo no es cualitativamente pobre; al contrario, condensa todo un pensamiento de una forma increíblemente explícita e implícita. Pocas veces una frase tan pequeña ha desatado toda una gama de explicaciones variopintas.
Plinio es el escritor antiguo que ha dejado una descripción más detallada de las Islas Afortunadas. Menciona varias expediciones realizadas en el cambio de era, destacando la del general cartaginés Hannón que atravesó el estrecho de Gibraltar y navegó costeando África y la del rey Juba II de Mauritania que recorrió las islas del Archipiélago Canario. Algunos investigadores llegan incluso a dudar de la veracidad de estos viajes.
El fraile franciscano Abreu Galindo estuvo en la isla de La Palma a finales del siglo XVI recopilando datos sobre las formas de vida y las creencias de los antiguos awara. Conoció el texto de Plinio y fue capaz de realizar unas breves reflexiones:
“… la llama Junonia Mayor por nombre particular; que, según la denominación y señas que da de esta isla, en decir que no tenía más de una casilla hecha, algunos han querido interpretar este nombre, que signifique en nuestro castellano ; diciendo que aquella casa que Juba refiere, fuese templo de la diosa Juno; que, según la disposición de la isla y falta de gente, se hiciese por algunos aquel pequeño templo… Pero, considerando que el mismo nombre le ponen a la isla de La Gomera Plinio y los demás, con sola diferencia de Mayor y Menor, y que no hace mención que en la isla de La Gomera hubiese rastro de edificio alguno, me resuelvo en no ser cierto haberse dicho Junonia por la casilla, sino por ser esta isla muy alta”.
En otra parte del tratado, Abreu Galindo destaca los amontonamientos de piedras como los elementos más relevantes de la religiosidad indígena:
“Eran estos palmeros idólatras; y cada capitán tenía en su término adonde iban a adorar, cuya adoración era en esta forma: Juntaban muchas piedras en un montón en pirámide, tan alto cuanto se pudiese tener la piedra suelta; y en estos días que tenían situados para semejantes devociones suyas, venían todos allí, alrededor de aquel montón de piedra, y allí bailaban y cantaban endechas, y luchaban y hacían los demás ejercicios de holguras que usaban; y estas eran sus fiestas de devoción. Pero no dejaban de entender que en el cielo había a quien se debía reverencia; y al que ellos entendían que estaba en el cielo, lo llamaban Abora”.
Y, por último, el fraile franciscano remata sus aseveraciones con que tenían gran cuenta con los días, por las lunas, a quien tenían en gran veneración, y con el sol. En este sentido, existen más de una decena de citas que mencionan al Sol, la Luna, las Estrellas y la montaña como objetos de culto entre los antiguos canarios. Por ejemplo, en los contenidos históricos del ingeniero militar Leonardo Torriani, que también estuvo en La Palma a finales del siglo XVI, se señala a las montañas como lugares de culto, mediante la realización de rituales con derramamientos de leche.
Los investigadores A. Mederos y G. Escribano recopilaron de una manera sencilla las diferentes variaciones y connotaciones de la famosa frase de Plinio referida a Junonia Mayor: “De la segunda isla, Junonia, sabemos que tenía un «pequeño templo construido tan sólo de una única roca» (Díaz Tejera, 1988: 14), un «templecillo construido únicamente con una sola piedra» (Bejarano en Plinio, 1987: 136), «pequeño templo [aediculam] erigido en piedra» (Álvarez Delgado, 1945: 31-32), «templo pequeño construido en piedra» (García y Bellido, 1967: 25), o un «templete construido con piedra» (Arribas en Plinio, 1998). Solino (56, 16-17) dice que se trataba de «un templo [aedes] pequeño que remata torpemente en punta» (Díaz Tejera, 1988: 22), lo que sirvió a Müller (1883: 754) para proponer la lectura de «un templo construido groseramente en lo alto». Estas traducciones recuerdan a los templos abiertos fenicio-púnicos donde figurarían un ara y uno o varios betilos de piedra. Se ha planteado que podría tratarse de «cualquier vestigio de construcción existente o incluso algún elemento natural de características singulares, como un[a] montaña» (Delgado Delgado, 2001: 32). Sin embargo, como señala Díaz Tejera (1988: 22, n. 73), se trataba de una construcción de culto y no de una simple casa por el empleo de la palabra aedicula. Este pequeño templo no era un simple altar visitado irregularmente, sino probablemente debería tener un culto estable (López Pardo, 2000: 90), lo que explicaría el uso del término de pequeño edificio cultual o templo, aedicula, diminutivo de un templo o santuario, aedes, no empleando tampoco el de simple altar que habría sido denominado ara (Ginouvès et alii, 1998: 8, 37-38, 48)” (Alfredo Mederos y Gabriel Escribano, www.dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo =265605&orden=1&info=link).
Una lectura espacial, geográfica, arqueológica y de posición astronómica, el intenso trabajo de campo, la práctica, nos ha llevado, sin pretenderlo, a una relación entre el templo de Plinio, los amontonamientos de piedras y el culto astral de Abreu Galindo y el culto a las montañas de Leonardo Torriani.
En la trastienda de todo esto se esconde la cualidad de las creencias religiosas de unas personas cuya cosmovisión se materializó en el templo (cosmos cultual) que cita Plinio. Nos asalta ahora una duda ¿Por qué se dedica a Juno? Juno es la más grande de todas las diosas, forma parte de la triada capitolina romana (Júpiter, Juno y Minerva). Se representa como una gran señora, a veces con un cetro. “Hay una probable etimología para Juno en la raíz protoindoeuropa *yeu-, ‘fuerza vital’. Aunque tal derivación podría ser consistente con un origen como Diosa Madre, es más probable que esta raíz se usara en el mismo sentido que otras palabras latinas derivadas de ella, como iuvenis (‘hombre joven’, con derivados tales como «juvenil» o «rejuvenecer»), lo que implicaría que la naturaleza de Juno anterior al sincretismo de la mitología grecorromana era más cercana a la Diana como diosa doncella de los nacimientos o la partería. Sin embargo, la absorción romana del mito griego reemplazó características primitivas de Juno con otras de Hera, extendiendo su dominio del nacimiento al matrimonio y promocionándola al papel de esposa de Júpiter y reina de los dioses (mitología)” (www.es.wikipedia.org/wiki/Juno). La diosa Juno, en la mitología romana, era la reina de los dioses, mujer y hermana del dios Júpiter. Era la protectora de las mujeres. ¿Podemos encontrar en Juno los atributos de Abora?
Por otro lado, enlazando la asociación anteriormente expuesta del templo de Plinio con los amontonamientos de piedras, el Sol y la montaña, la famosa frase “y en ella sólo hay un pequeño templo erigido en piedra” ¿se trataría realmente de un templo o de un concepto más amplio de espacio cultual?
El espacio sagrado tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y de hacerlo diferente; estos espacios se revisten de signos, códigos y lenguajes que indican la sacralidad del lugar, la orientación, las formas… y los procesos de comunicación que mantienen con otros espacios sagrados, los cuales proveen el equilibrio necesario para la subsistencia de los individuos o grupos. Así, el territorio sagrado constituye la lógica que las distintas comunidades adoptan para la construcción y simbolización de su entorno.
Plinio sólo destaca una cosa de Junonia Mayor y debió ser lo más importante. Si hay un rincón, por excelencia, en la isla de La Palma que contenga la mayoría de los ingredientes de la cultura material religiosa awara, cercano a lo que pretendía Plinio resaltar, este sitio se encuentra en un área de apenas 400 m2, en una cota de 2.180 m s n m, sobre un rellano que se sitúa en la misma base de la montaña más alta de Isla, el Roque de Los Muchachos. Allí los awara construyeron el principal santuario religioso de la prehistoria de la isla de La Palma, un verdadero monumento al cosmos. El recinto cultual del Lomo del Llano de Las Lajitas se compone de 18 estructuras de piedras, delimitadas por un perímetro de grandes lajas hincadas y cerca de un centenar de símbolos geométricos grabados en las piedras directamente asociados. Este lugar está totalmente incorporado a la gran montaña sagrada y a dos momentos temporales claves, la aparición del Sol durante el solsticio de invierno por su cúspide y la Luna llena del verano, cuyo ciclo es de 18,6 años. Se trata, pues, de un lenguaje simbólico que refleja un profundo conocimiento astronómico. ¿Es realmente una casualidad que coincidan el número de amontonamientos de piedras con el número de años del ciclo lunar? Hay que verlo para creerlo. El que suscribe lo ha visto y lo sigue viendo todos los años.

domingo, 1 de febrero de 2009

PREHISTORIA DE POSICIÓN ASTRONÓMICA (PREPOAS)

(comunicación presentada en la Revista de Estudios Generales de la isla de La Palma, 2008)
El místico San Juan de La Cruz señalaba que para ir a donde no se sabe, hay que ir por donde no se sabe, puesto que los caminos trillados conducen a lugares previsibles o callejones sin salida. Asimismo, el visionario Dee Hock advertía que el problema no es tanto cómo hacer entrar en tu cabeza ideas innovadoras, sino como liberarte de las viejas.
La primera mirada sobre la prehistoria de Canarias la pusieron, entre otros, historiadores, geógrafos, viajeros catalanes, portugueses, genoveses, árabes, conquistadores y, finalmente, los escritores racionalista y románticos de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, mucho antes de que el peso de los publicaciones cayese de forma exclusiva sobre las espaldas de la arqueología académica. Después de unos años prolíferos a partir de la década de 1960, la ausencia de continuidad en los últimos veinte años nos ha llevado a una situación de carencia a la hora de interpretar los trabajos realizados. Al menos en la isla de La Palma, sólo ha habido una cómoda arqueología de sondeos, algunas excavaciones muy puntuales con resultados excelentes y especialmente cartas arqueológicas por municipios, sin más deliberación. En este sentido, el conocimiento queda reducido a inventarios y a un saber sobre el ser humano individual (como materia) y nunca fue un saber sobre el ser humano como totalidad. Esto no quiere decir que no sea importante, pero no es suficiente. Por eso, nos atrevemos a afirmamos, con rotundidad, que la arqueología ha fracasado en el intento de dar respuestas a los principales interrogantes que presenta nuestro pasado más remoto. Sus métodos de trabajo son muy rígidos y están obsoletos. Hace falta, al menos, una pequeña revolución.
En este intrincado mundo de la arqueología, como en otras ramas de la investigación, cada uno va a lo suyo, convirtiendo sus investigaciones en “intemporales”, inmunes a los cambios. Los mismos siguen amparando las mismas propuestas que defendieron hace más de dos y tres décadas. Con ellos, es evidente, se ha parado la imaginación científica. Siguen haciendo lo mismo todo el tiempo, el método no ha cambiado y, por lo tanto, no hay aprendizaje. Así de sencillo. Por ello, la arqueología se ha convertido en una cuestión de interpretación personal, en una apropiación territorial que rechaza o silencia lo que algunos consideran injerencias externas por gentes que ellos creen que no conocen las peculiaridades de la prehistoria insular. Detrás sólo hay un interés de prestigio personal, frente a nuestro interés general.
El primer acercamiento a la prehistoria que recibimos en la Universidad estaba perfectamente estructurado en unos modelos de conocimiento racional experimentados por los propios profesores, cuyas interpretaciones se nos trasmitían como iconos de continuidad científica. Nos quedamos con la convicción de que el conocimiento sobre la prehistoria era tal como nos la comunicaron.

Tamarahoya

Cuando iniciamos nuestro rumbo en la investigación seguimos haciendo lo mismo que se venía haciendo, sin plantearnos ninguna autocrítica. No podíamos salir de un registro preestablecido en las condiciones de trabajo e interpretación. Muy poco podíamos aportar y nada verdaderamente trascendente, tan sólo la prospección de lugares poco inspeccionados, inventariando (mediante fichas) nuevas estaciones de grabados rupestres, canales y cazoletas, amontonamientos de piedras, la disposición de restos cerámicos, líticos, óseos, cuevas con relleno arqueológico, etc.
No se exactamente cuando empezamos a interesarnos por temas supuestamente impropios a la exploración prehistórica. La investigación surgió por sí sola, con el ritmo marcado por la propia necesidad de abordar la antigua sociedad de la isla de La Palma, dando pequeños pasos mediante incursiones en otras ciencias supuestamente afines y otras no tanto. La multidisciplinariedad nos permitió abrir nuevas vías y la investigación nos llevó por caminos imprevistos, adoptando posiciones marginales en el discernimiento científico. Desde entonces, empezamos a tomar elementos de cualquier disciplina que nos aportara conocimiento y los conjugamos, después de una década, en un producto final novedoso, de imposible clasificación en los círculos académicos occidentales, adaptado a la isla de La Palma. Entonces ¿dónde situar este nuevo material? La respuesta es difícil porque ninguna ciencia en concreto lo puede abarcar. Es una parte de todas, sin llegar a ser genuinamente ninguna. Por ello, después de varios años buscando una ubicación que sintetice globalmente los objetivos que persigue, llegamos a la conclusión de unir tres palabras conectadas que proponen una nueva intervención científica: Prehistoria de Posición Astronómica (PREPOAS).
“Si queremos estudiar tan sólo restos materiales hay que mirar muy cerca, pero para estudiar un elemento material de carácter religioso hay que aprender a dirigir la vista a lo lejos”. Este es unos de nuestros lemas de trabajo desde que creamos la “Asociación Iruene La Palma” e iniciamos con verdadera intensidad una exploración propia, diferenciada de los campos hasta estos momentos examinados por los investigadores. El libro “Abora”, publicado en 2006, marcó el inicio de un nuevo análisis a los estudios prehistóricos en Canarias. Le siguieron la creación de tres blogs*1 donde entregamos, de una manera accesible y gratuita, los resultados de las averiguaciones que se han producido. El trabajo que queda es arduo pero alentador.
La Prehistoria de Posición Astronómica nace con vocación de interpretación en el resbaladizo mundo de la religiosidad. Propone iniciar la búsqueda de la religión elemental de los pueblos prehistóricos canarios. Tiene como prioridad demostrar la conexión entre la posición en la que se encuentran los componentes sagrados (amontonamientos de piedras, canales y cazoletas, grabados rupestres) y los astros, especialmente el Sol y la Luna. A partir de aquí, nadie se imagina el mundo tan complejo que hemos encontrado. Sólo aquellos que han querido acercarse han comprobado la estrecha relación que los awara (antiguos habitantes de La Palma) establecieron con el cosmos. Después de recorrer la Isla, tenemos una convicción muy clara y es que la religión awara se sustenta en una realidad que fue expresada en las alturas.
Cuando queremos encontrar algo en una habitación oscura, lo primero que hacemos es encender una luz, pero no miramos el bombillo todo el rato y perdemos el tiempo en describirlo desde todos los ángulos, las formas, el tamaño, el material de lo que está hecho, etc, etc. lo que hacemos es mirar todo aquello que la luz nos permite ver. ¿Qué ha hecho la arqueología? Mirar el bombillo. Lo mismo ha sucedido con las estructuras y los símbolos sagrados. PREPOAS ha levantado la mirada y ha encontrado las respuestas en el cielo (concretamente en el Sol y la Luna) y ahora empezamos a comprender lo más íntimo de su conocimiento y a dar respuestas a la ubicación de los yacimientos prehistóricos.
El hecho de que los mismos fenómenos astronómicos hayan sido contemplados por distintos grupos humanos, nos permite, al comparar estas diferentes miradas, aprender mucho sobre las sociedades que las originaron. Una de las grandes trabas al desarrollo de esta importante perspectiva han sido los estudios poco serios de quienes, atraídos por lo interesante del tema, se han dedicado a dar rienda suelta a sus más locas fantasías. En estos casos la fascinación por lo "oculto", el deseo de impresionar y la moda, entorpecen el trabajo real y menosprecian a las culturas y pueblos pretendidamente estudiados (www.fcaglp.unlp.edu.ar/~sixto/arqueo/index.htm).
Los humanos no pueden vivir sin dioses, lo mismo que la tierra sin cielo. La comprensión de cómo se comporta el cielo fue, ya de por sí, una forma de culto. Una de sus expresiones consistió en poner toda obra humana en armonía con los principios de orden natural espacial y temporal derivados del movimiento de los astros. “…el Sol, la Luna, el cielo, las montañas, el mar, los vientos, en una palabra, las grandes fuerzas cósmicas fueron las primeras en ser elevadas a esta dignidad… son ciertas manifestaciones cósmicas las que habrían constituido el punto de partida de la evolución religiosa” (Emile Durkheim, 1992)*2.
Para el observador de la naturaleza resulta obvio que la única manera de establecer direcciones definitivas en el paisaje es a través del cielo. El movimiento aparente de la bóveda celeste define claramente la dirección norte por medio de la posición del eje de rotación terrestre proyectado en el plano del cielo. El sentido de rotación nos proporciona las direcciones este-oeste, que resultan ya señaladas como los puntos de salida y puesta solar.
Al principio de la investigación sentimos pánico a equivocarnos, a que la línea trazada no fuera la correcta. La labor de campo fue intensa visitando de nuevo los yacimientos conocidos, ahora analizados desde otra perspectiva, con la brújula y el GPS como principales herramientas. Luego volver a los mismos lugares en los momentos claves del año (los solsticios y equinoccios) para la confirmación. Después de muchos amaneceres y ocasos, de horas y kilómetros andados, elaboramos la primera estadística en 2006. Los sorprendentes resultados disiparon cualquier temor. Hemos encontrado la llave que nos introduce en su pensamiento religioso. Lo podemos demostrar.
Esto no ha hecho más que empezar. En esta larga carrera de fondo estamos preparados y resignados a soportar el escaso interés y el rechazo por parte de la mayoría de los arqueólogos que, por ignorancia, no quieren saber de novedades. Es cuestión de tiempo.
Debemos entender que ciencia es todo lo que nos rodea. Por eso, para hacer progresos hay que usar la mente, reflexionar y experimentar. PREPOAS acaba de abrir un nuevo campo para las ciencias prehistóricas. Es enormemente atractiva, muy práctica, pues el trabajo de campo es la esencia de la investigación. Comparte las experiencias de otras ciencias, no sólo sociales. Tanto su teoría como su práctica están orientadas más allá del etnocentrismo y presenta una posibilidad más amplia de descripción que las especificidades de la arqueología. Incluso, la comparación cultural, tan rechazada por los arqueólogos, es para nosotros una fuente primordial de comprensión del pensamiento antiguo. Los resultados nos avalan para elevarla a la categoría de disciplina, aunque no tenga ningún status académico.
La cultura material constituye un elemento clave, lo que hay que hacer es entenderla en un sentido más amplio, pues los objetos esconden, a parte del sentido funcional, otro sentido de señal y simbolismo que ha sido despreciado por la arqueología. Un petroglifo es algo que nos llega mediado simbólicamente, no se revela interpretado, pues su mensaje está codificado. Nuestra labor consiste en descodificar los mensajes que se ocultan en el paisaje natural (especialmente las montañas) y en los astros. Nos acercamos así al sentido común awara y valoramos la interpretación desde su propia cosmovisión, no desde nuestro sentido común y desde nuestros prejuicios culturales como hasta ahora se ha hecho.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta de las especulaciones gratuitas a que estábamos sometidos, en el momento de la interpretación de los restos arqueológicos, referentes a los temas cognitivos. Una muestra es la explicación conforme a nuestra lógica, aquella que le da el lugar más cercano; por ejemplo, en el caso de los grabados rupestres es usual concluir cualquier trabajo interpretándolos como un timbre para indicar una ruta de paso, un culto a las fuentes, rituales de lluvia o una marca de propiedad. Esto es pura arqueológica especulativa sin valor científico alguno. Y, sin embargo, la colectividad académica lo sostiene tenazmente.
Nuestro proyecto trata de superar la mera descripción arqueológica de los objetos, fijada en aspectos no siempre determinantes como la función plástica, las formas o las tipologías. Nos estructuramos siguiendo los posibles principios para lo que fueron creados mediante una meditación general sobre el modo en que los awara adquieren su imagen del mundo.
Nacemos con vacación de servicio, sin perjudicar o desprestigiar al resto de las materias que abarcan el estudio de la prehistoria de Canarias. Ambicionamos, con trabajo, poder de observación e ingenio, ayudar a madurar prácticamente a la única materia que ha monopolizado su estudio: la arqueología. Pero a la vez, pretender que sea una auténtica ciencia que ofrezca teorías contrastables, sobre todo en el ámbito de la interpretación de los modelos religiosos. Hasta el momento la arqueología canaria nada tiene que ver con profundizar en la apreciación de la realidad de los grupos humanos prehistóricos.
No tiene sentido pretender que los awara fueran como nosotros, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos; es más, tuvieron una percepción del territorio y del tiempo diferente a la nuestra con una idea distinta de lo que es el mundo. Ordenaron su realidad a través de unos parámetros a los cuales hemos tenido acceso: principalmente, las marcas que establecen en el espacio y el tiempo las posiciones extremas del Sol y la Luna; secundariamente, los equinoccios y las montañas sagradas más destacadas en el paisaje.
Evidentemente, esto requiere una mejor explicación para terminar de comprenderlo. Por ello, publicamos “Abora” y tres blogs. Como bien afirma la arqueóloga Almudena Hernando (2002)*3 mientras no se asuma que el orden de racionalidad, la modelación de las emociones y la lógica que guiaba las acciones y las vidas de las sociedades de la Prehistoria eran distintas de las nuestras, nos estaremos limitando a proyectarnos a nosotros mismos en un cuadro cronológico que no nos pertenece, falseando así, de manera esencial e irrefutable, la reconstrucción de ese pasado. Ahora bien, todo esto lo hemos conseguido después de romper con muchos de los planteamientos en los que se han venido desarrollando hasta ahora la arqueología canaria.
Siguiendo a Almudena Hernando (idem), podemos confirmar que la modernidad se asienta sobre dos categorías de comprensión del mundo: la razón y el sujeto. Esta individualización de la compleja vida moderna implica una percepción de la diferencia de cada ser humano respecto de todos los demás y de aislamiento existencial en mitad del mundo que lo rodea. Damos prioridad a la razón como parámetro determinante del conocimiento humano. Los modelos actuales pretenden hacer de la sociedad, la economía o el individuo su objeto de estudio. Si el observador no es consciente de que él tiene una determinada manera de entender el mundo y las relaciones humanas, distinta a la que sostienen otros grupos humanos, creerá que el mundo es como él lo ve, de forma que trasladará esta convicción -es decir, su visión del mundo- a cualquier sociedad que estudie o a cualquier aspecto que intente analizar. En este caso, la arqueología, proyectará su propia subjetividad al pasado, y pretenderá que la gente de la prehistoria entendió el mundo, valoró las relaciones personales o tuvo las mismas emociones que él tiene. La subjetividad comenzó a asumir un papel de agente determinante del conocimiento.
La modernidad, razón y sujeto, va girando sobre sí misma aplicando la lógica científica de las sociedades humanas con el afán de conocer la verdad de los fenómenos que estudia, construyendo un pasado tergiversado e irreal. La postmodernidad ha creando el individualismo de una sociedad inmersa en una creciente conciencia de subjetividad. Es la ciencia la que la que nos ha enseñado que las cosas son complejas y difíciles de entender.
El conocimiento de las sociedades del pasado, escribe Almudena Hernando (ibídem), será necesariamente sesgado mientras no tengamos en cuenta que su orden de racionalidad, su comprensión del mundo y la significación que daban a cualquier fenómeno de la realidad o a cualquier elemento de la cultura eran distintos de los que a nosotros nos caracterizan.
¿Diseñaron los awara sus paisajes rituales de una manera deliberada? La tecnología basada en la brújula, los satélites de colocación global (GPS) y programas informáticos fue la que utilizamos en el trabajo de campo para trazar la posición exacta de cada monumento para poder obtener los datos posicionales entre cada construcción y su característica natural más cercana respectiva del paisaje. Este grado de precisión por el que los monumentos y los símbolos se orientan hacia las características naturales del paisaje en función de un acontecimiento astronómico no parece ser fortuito, sino totalmente deliberado. Implica que podemos ver evidencias de una técnica aplicada al paisaje en una escala nunca considerada antes. Esto sugiere la existencia de una fórmula o sistema.
“Necesariamente tiene que haber en la base de todos los sistemas de creencias y de todos los cultos un cierto número de representaciones fundamentales y de actitudes rituales que, a pesar de la diversidad de formas que han podido adoptar, tienen en todos los casos idéntica significación objetiva y cumplen siempre idénticas funciones. Son estos los elementos permanentes que constituyen aquello que de eterno y de humano hay en la religión: son el contenido objetivo de la idea que se expresa cuando se habla de la religión” (Emilie Durkheim, idem).
Una cultura está estructurada entonces en sistemas y, en este sentido, PREPOAS ha encontrado una línea de argumentación e intenta reconstruir el pensamiento antiguo a través de mecanismos que los awara establecieron, vehiculados por los componentes rituales, entre la tierra y el cielo. Hay una enorme cantidad de vínculos entre los diversos aspectos de la vida de los hombres y las formas en que estos miran el cielo y lo piensan. El punto de partida son el espacio y el tiempo, únicas cuantificaciones para establecer un orden, una referencia inmutables, pues en caso contrario, se perdería la orientación. Por ello, estamos trabajando por demostrar el rol del Sol y la Luna en la construcción de los hitos que demarcan el espacio y el tiempo.
El espacio pone en relación los hechos observables con referencias inmóviles, jalones estables y fijos, no es transformable, se identifica con su contenido y no se puede cambiar. Las referencias metafóricas que permiten ordenar el territorio son los picos de las montañas más altas de la Isla, e incluso las elevaciones de El Sombrero de Chasna, Guajara, Pico Viejo y el Teide, en la isla de Tenerife. Ello los convierte en esferas de realidad sobre las que creen tener cierto control, pues los han ordenado. “Nada puede comenzar, hacerse, sin una orientación previa, y toda orientación implica la adquisición de un punto fijo. Por esta razón el hombre religioso se ha esforzado por establecerse en el “Centro del Mundo” (Mircea Eliade, 1988)*4
Las ideas religiosas son el resultado de sentimientos preexistentes, mientras que las representaciones son sus símbolos, tan sólo el envoltorio superficial. A estas alturas, nadie puede dudar que los yacimientos prehistóricos sigan una distribución aprendida en la geografía. Los santuarios, en cualquier cultura, tienen una disposición sobre el terreno muy estudiada. Los investigadores y curiosos pueden pasar por estas obras sin darse cuenta del mensaje cifrado que encierran. Ahí están, siglo tras siglo, contando al aire un estímulo estético, formando parte de la naturaleza, influyéndola y transmitiéndole su sentido y razón de estar ahí. Forman parte del paisaje y de quienes lo pueden contemplar. La naturaleza no es simplemente natural, es también, al mismo tiempo, la manifestación de fuerzas sagradas y encarnación de realidades trascendentes (sobrenatural).
Los hombres y mujeres de la prehistoria vivieron en un mundo mítico en el que la divinidad se manifiesta eternamente a través de los elementos que constituyen el espacio al que se sacraliza. Sólo el espacio que se conoce y el tiempo que se habita establecen los márgenes del orden que importa. Su mundo, el mismo que nosotros vivimos, fue construido con unas cuantificaciones diferentes a las nuestras, tan subjetivamente real para ellos como el nuestro lo es para nosotros.
Percibir el tiempo es darse cuenta del curso de la vida centrado en el presente. La vida es un ciclo siempre recurrente que no admite transformaciones. Por ello, los fenómenos cíclicos de la naturaleza siguen constituyendo referencias perfectas para el cómputo y planificación de las acciones en estas sociedades. Entre los awara, esas referencias móviles son básicamente el Sol y la Luna.
El tiempo corre sin prisa pero sin pausa. Los hombres de la prehistoria buscaron formas de control para adelantarse a los acontecimientos y hacerlos previsibles. Por eso crearon estructuras, idearon sistemas de relación y orientaciones con elementos destacados de la propia naturaleza e inventaron los calendarios solares y lunisolares.
Las cumbres que contornean la Caldera de Taburiente, por encima de los 1.900 m de altitud, responden a esa cualidad de percepción de la realidad que los awara imaginaron y estamparon una arquitectura cósmica construyendo unos setenta amontonamientos de piedras para dar la bienvenida al Nuevo Año durante el solsticio de invierno (el comienzo de un nuevo ciclo), así como dos marcadores astronómicos, situados a 500 m de distancia el uno del otro, en el municipio de Garafía: marcador solar de Cabeceras de Izcagua, que señala los solsticios y equinoccios y el complejo marcador lunisolar de Las Lajitas, que confirma un avanzado conocimiento astronómico sobre el ciclo lunar mediante la construcción de estructuras de piedras apiladas.
La mayoría se dispersan individualmente por el territorio; otros se encuentran formando grupos. Así mismo, diferenciamos dos tipos referenciales con dos subtipos por el número de amontonamientos:
A. Un solo amontonamiento de piedras actúa como eje y la montaña como mojón referencial. Mayoría de yacimientos.
B. Varios amontonamientos de piedras alineados con la montaña como referencia. Presenta dos subtipos:
B.1. Dos amontonamientos de piedras alineados. Lo encontramos en cuatro yacimientos (Corralejo, Barbudo II, marcador astronómico de Cabeceras de Izcagua y Llano de Las Ánimas I).
B.2. Tres amontonamientos de piedras alineados en dos yacimientos (Cabeceras de Izcagua I y marcador astronómico de Cabeceras de Izcagua).
Por otro lado, sobre todo en los espacios costeros, se tallaron en la toba volcánica cazoletas y canales en las caras de las vetas que miraban o seguían una dirección hacia el punto de posición, tanto en los ortos como en los ocasos, durante el solsticio de verano, a modo de ritual de comunión entre los humanos y Abora, la Diosa Madre Sol.
Por su parte, el arte rupestre abstracto está representado por una gama amplia de formas geométricas, símbolos sagrados que fueron grabados sobre la roca al aire libre. Con una brújula, un lápiz y una libreta recorrimos numerosas estaciones rupestres, aquellas que conservan su posición original, anotando los rumbos que proyectaban las caras que fueron grabadas con símbolos, dando como resultado cuatro direcciones muy claras (aproximadamente 75º, 125º, 250º y 300º). ¿Qué representan esos cuatro rumbos? Pues los cuatro puntos solsticiales, los extremos máximos norte y sur alcanzados por el Sol en sus ortos y ocasos.
¿Alguien se ha cuestionado alguna vez por qué se encuentran los grabados rupestres en determinadas rocas? ¿Qué obligó a elegir el tipo de soporte? Uno de los misterios que suele sacar el sueño a los profesionales de la arqueología es poder entender el criterio empleado para seleccionar los espacios de percusión de los símbolos sagrados. Al realizar trabajos de campo resulta desconcertante comprobar que frecuentemente pequeñas piedras sin aparente importancia, presentan abundantes diseños y por el contrario, rocas cercanas que de acuerdo al criterio actual de superficie pulida, presentan aparentemente mejores características para servir de soporte a los grabados, no han sido utilizadas.
En la isla de La Palma, en todo el Archipiélago Canario, el principal criterio empleado por la población prehispánica para elegir los soportes tiene una característica muy visible. En el cielo encontramos la respuesta. Comprobamos que los aborígenes elegían las rocas para realizar sus petroglifos en relación a eventos astronómicos relevantes (solsticios y equinoccios en unas pocas ocasiones). Por eso, los hemos considerado el arte del cosmos, pues representan una identidad basada en el ciclo de la vida. No olvidemos nunca que la esencia de la religión es la renovación perpetua de la vida y que los humanos encuentran una garantía de esta vida en los fenómenos que le rodean en el cielo y en la tierra. En La Palma, sobresalen el Sol, la Luna, las estrellas y la montaña.
El proyecto “Iruene La Palma” ha entrado en la penumbra del misterio pudiendo confirmar la existencia de un principio o sistema coherente de orientaciones de estaciones rupestres que lo rigen de una manera casi absoluto (A) con tres excepciones (B, C, D):


A. Las puertas del cosmos, los cuatro puntos solsticiales, coincidentes con la salida y la puesta de Sol durante los solsticios (noreste/sureste/suroeste/noroeste). Suponen más del 99 % de los casos, correspondiendo aproximadamente un 65 % al solsticio de invierno y un 35 % al solsticio de verano.

B. La dirección equinoccial apenas está presente en dos lugares, eso si con sendos paneles verdaderamente espectaculares. Uno de ellos se encuentra en el Lomo de La Fajana (El Paso) como parte de un compartimento con un número importante de motivos espiraliformes, meandriformes y circuliformes, que mira en la dirección por donde se pone el Sol durante los equinoccios. El segundo caso lo observamos en el Roque Teneguía (Fuencaliente), mediante un bloque de piedra alargado y estrecho, de 5,10 m x 0,40 m, totalmente tallado con más de 10 petroglifos meandriformes y espiraliformes que sigue una clara alineación con el lugar exacto por donde despunta el primer rayo de Sol en los equinoccios.

C. Con algunas montañas emblemáticas de la Isla. Las montañas son suficientemente ricas como para despertar el sentido de lo sagrado, confirmado en los casos de Pico Bejenado (El Paso), desde el Lomo de La Fajana y El Cementerio, y Pico de La Nieve (Santa Cruz de La Palma), desde el santuario rupestre de la Erita.

D. Al cielo. En algunos de estos “templos al aire libre” donde se concentran abundantes grabados rupestres, podemos localizar ciertos petroglifos que se sitúan sobre la cara de la roca que mira en la vertical (entre otros, La Erita, Cabeceras de Izcagua o Las Lajitas, en las cumbres de La Caldera de Taburiente).

Estos tres últimos casos (B, C, D) suponen menos del 1 % del total de las orientaciones.
El sistema creado para dar orden al espacio y al tiempo permitió un sentimiento de mayor protección y seguridad a aquellos humanos que buscaron en el cielo las respuestas a su existencia.
Este conjunto organizado define una religión.

NOTAS
*1 www.prehistorialapalma.blogspot.com
www.amontonamientosdepiedras.blogspot.com
www.iruene-la-palma.blogspot.com
*2 Durkheim, E. (1992): “Las formas elementales de la vida religiosa” Akal. Madrid.
*3 Hernando, A. (2002): “Arqueología de la identidad” Akal. Madrid.
*4 Eliade, M. (1988): “Lo sagrado y lo profano” Labor/Punto Omega. Barcelona