Como el Sol que se oculta y renace diariamente, el ciclo de la muerte se funde con el de la naturaleza. El individuo no sólo es un cuerpo, sino una vinculación a unos estrechos componentes espirituales más complejos. Por eso, para lograr llegar al Más Allá, deben ser objeto de una serie de rituales que garanticen su integridad y el soñado tránsito. La mayoría de los pueblos tribales creen que los espíritus de sus muertos siguen viviendo. Estos muertos vivientes se relacionan con los que aun están en este mundo. Los vivos deben honrar a los espíritus ancestrales, pueden contar con su protección y guía y confiar, sobre todo, en que aceptan sus oraciones y las transmitan a los poderes superiores. Los muertos necesitan de los cuidados y las ofrendas de los vivos, mientras que éstos pueden ver afectada su existencia de manera favorable -la protección de sus antepasados-, o perjudicial -espíritus malignos y fantasmas- por la influencia de aquellos. El primitivo, por lo general, cree en la supervivencia de los muertos. A su modo de ver, el hombre al morir cesa de tomar parte del grupo de los vivos pero no deja de existir. Pasa simplemente, de este mundo a otro en donde continúa viviendo más o menos tiempo en nuevas condiciones. El individuo muere y subsiste. Separado de la sociedad de los vivos, forma parte entonces de otro grupo, el de los muertos de su familia o de su clan, en donde es, más o menos, bien acogido. Están dotados de una vida y de una potencia sobrehumana que les permite salir de sus pueblos subterráneos e influenciar para bien o para mal la naturaleza, los hombres, animales, plantas.
La cueva ha sido el primer abrigo natural, la primera casa, el primer refugio para vivos y muertos. Es el lugar donde reposan los huesos de los antepasados awara. Ellos dieron sepultura a sus muertos en cuevas naturales, tanto próximas como lejanas a sus lugares habituales de habitación. Los yacimientos funerarios intactos son escasísimos, producto de una intensa expoliación histórica, unos movidos por el aprovechamiento del polvo que producen los huesos desintegrados o machacados como abono -denominadas cuevas del polvo-, así como las excavaciones realizadas por científicos y arqueólogos desde el XIX hasta la actualidad, el acopio de cadáveres y momias para los museos peninsulares y extranjeros, y las más recientes acciones que han sacado material por simple curiosidad o intención de rescatar piezas y que, con el paso del tiempo, desaparecen o pasan a formar parte de estanterías y vitrinas particulares.
De la posición de los cadáveres también pueden hacerse deducciones significativas. Es evidente que la dirección dada a los cuerpos está estrechamente relacionada con cuestiones de carácter religioso, inmerso dentro de su propia cosmovisión. Muchos aparecen depositados en el suelo sin que aparentemente haya una intención consciente, pero también están los que fueron orientados premeditadamente hacia el este o el oeste. En este sentido, existe todo un sustrato en el norte de África que refleja una orientación preferente de los monumentos funerarios, tanto en las puertas como tragaluces, hacia el solsticio de invierno y los equinoccios. Uno de los mejores ejemplos los encontramos en las tumbas de Cerdeña, Sicilia, en los hipogeos púnicos-fenicios o los hawanat norteafricanos (tumbas excavadas en la roca) orientadas hacia el E-S. Es difícil encontrar un fundamento categórico, pero es probable que cuando miran hacia el oriente se relacionen con el nacimiento del día, y por lo tanto con la idea de resurrección; y que cuando se dirigen a occidente respondan a la idea de que este lugar, por donde se oculta el Sol, se consideraba ya la morada de los muertos. Esta tendencia ancestral la encontramos con toda su vigencia en la tradición cristiana, tanto en la orientación de sus templos como en los cuerpos que se sepultaban en su suelo: la cabeza hacia el este y los pies hacia el oeste. El Sol se convierte en el prototipo del muerto que resucita todas las mañanas.
Algunos arqueólogos como José C. Cabrera, Mª Antonia Perera y Antonio Tejera coinciden en señalar la estrecha conexión existente en diversas culturas entre el culto a los antepasados y el culto solar. Concretamente, para la isla de Tenerife, Antonio Tejera concluye que los guanches creían que sus ancestros iban a reunirse con el Sol, los espíritus de sus antepasados acompañaban al Sol en su trayecto diario. Es innegable algún tipo de nexo entre el Sol con el rol que en su cosmovisión desempeñarían sus ancestros.
En el Norte de África, la astrología y el culto al Sol son inseparables de una exacerbada veneración por los antepasados. Aunque es un hecho universal, obedece a la relevancia que los antiguos africanos asignaban al disco solar, como símbolo del renacimiento cotidiano, de la regeneración estacional, representando la encarnación plena de la inmortalidad con su retorno diario, en el que se ve acompañado por los difuntos, que vuelven cada día para favorecer a sus familiares vivos. Así mismo, no fue una casualidad que el gran Alejandro Magno peregrinase, recorriendo 500 kilómetros por el desierto, hasta llegar al oasis de Siwa -Egipto- para ser investido divinamente en ese oráculo líbico donde estaba la fuente del Sol.
marcadores astronómicos
Se confirma la existencia de dos marcadores astronómicos en las cumbres de Garafía (isla de La Palma, Islas Canarias): lunisolar de Las Lajitas y solar de Cabeceras de Izcagua
donde se unen la tierra y el cielo
En La Palma, la arqueología y la astronomía han cruzado las miradas, unos al suelo y otros al cielo, para coincidir en una misma dirección, interrelacionando las observaciones hasta confirmar la importancia de los atros entre los antiguos habitantes de Benawara.
"Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen:"no veo nada"
sábado 31 de octubre de 2009
Muerte y vida en la cosmovisión awara
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jueves 22 de octubre de 2009
Los grabados rupestres más altos de La Palma
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domingo 11 de octubre de 2009
Actualización de datos en el complejo de arte rupestre de La Zarza-La Zarcita (Garafía)
La Zarcita se sitúa a 500 m al noroeste del anterior, prácticamente en la misma cota. Existen dos estaciones diferenciadas, situadas a ambos costados del Barranco de La Zarcita, a las que designamos los calificativos de La Zarcita I y La Zarcita II.
- La Zarcita I (margen derecho) contiene dos paneles formados por una espiral y espiral con meandros orientados al Sol del invierno y a los equinoccios, respectivamente.
- La Zarcita II (margen izquierdo) predominan los motivos meandriformes y unas pocas espirales. En total son 20 paneles, de los cuales 13 buscan la posición por donde sale el Sol durante el verano, 5 el Sol del invierno y 2 los equinoccios.
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martes 23 de junio de 2009
Solsticio de verano
Un día al año, desde la estación de grabados rupestres de Las Canales - El Cementerio (El Paso), el Sol penetra por una grieta que dibuja un roque situado a unos 50 m de distancia. No es una casualidad, es una causalidad que ocurre cada 21 de junio cuando el Sol llega, en su recorrido, al extremo norte.
Los awara lo observaron y sacralizaron el lugar tallando, sobre las rocas, impresionantes símbolos geométricos: espirales, meandros y grecas.
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miércoles 27 de mayo de 2009
astronomía y barbarie antigua
La astronomía, entre las culturas antiguas, estaba estrechamente vinculada a la vida cotidiana de la comunidad y desempeñó un papel fundamental en la política, los eventos sociales, las actividades religiosas, el calendario, etc. Ahora bien, determinar los efectos de la astronomía en culturas prehistóricas puede ser una tarea difícil debido a que hay muy poca documentación en relación con las prácticas religiosas. En muchos casos, los pueblos nativos practican la astronomía a simple vista, lo que deja pocas pruebas, excepto para los conocidos procesos, que no son pocos, en los que se han registrado tomando forma de amontonamientos de piedras, canales, cazoletas y grabados rupestres (isla de La Palma, Canarias).
La construcción de marcas sobre el terreno no se debe al azar, se estructuraron según un modelo preestablecido hasta configurar un sistema. ¿Qué vieron los awara en el cielo tan significativo? Pues, la movilidad rítmica y cíclica de los principales cuerpos celestes -el Sol y la Luna-, mientras que el resto de astros y estrellas presentan enormes dificultades a la hora de ubicar referencias en el suelo. Las estrellas cambian de posición con frecuencia.
¿Cómo lo materializaron en la tierra? ¿Cómo registraron estos eventos astronómicos? Preguntas muy complicadas para las que tenemos respuesta en la isla de La Palma. Ahora entra en acción el propio paisaje y el medio ambiente que los envuelve; esto es, el espacio y la conceptualización del tiempo, siempre disponible por su rítmico movimiento. A ello, le unimos el componente ritual que conlleva toda construcción y el monumento se convierte en un espacio sagrado en el que reafirmar o establecer la religación con el orden natural. Rituales que se repiten en determinados momentos, capaces de reforzar la construcción de su visión del mundo. Precisamente, la celebración de los solsticios, entre otros, es ineludible para reforzar el entendimiento del tiempo y el restablecimiento del orden universal. Todo se repite en un eterno retorno.
Atkinson (1974) sostiene que los movimientos del Sol y la Luna habría sido especialmente importante a los primeros agricultores que dependen de la comprensión del cambio de las estaciones con el fin de mantener sus cultivos. Asimismo, sostiene que los pastores antiguos gastaban gran parte de su tiempo en movimiento con sus rebaños, alcanzando una profunda familiaridad con los movimientos del cielo. Lo mismo sucedería con los cazadores-recolectores (Chelsee Arbour, http//pseudoarchaeology.org/a07-arbour.html).
Algunos siguen manteniendo imaginariamente, por fortuna cada vez menos, que los antiguos canarios se encontraban en un período de barbarie, muy atrasados tecnológica y culturalmente: no estaban interesados en la astronomía, no registraron inusuales acontecimientos o fenómenos astronómicos, eran poco sofisticados y no reconocen sus lugares de significado astronómico, no controlaban la naturaleza, ni tenían un sistema de creencias que operara en otros niveles de conciencia, los objetos no podían ser sagrados ni tener múltiples significados. Creen que después de la conquista castellana se perdieron los conocimientos, se erradicaron las prácticas y las creencias religiosas. Todo significado desapareció.
¡Nada más lejos de la realidad! El que no se vea reflejado en todo esto que acabamos de decir, debe aportar respuestas, soluciones y no quedarse en las fichas de campo (en la descripción sin reflexión).
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jueves 19 de marzo de 2009
El sistema comunal de pastoreo de cumbre entre los awara
Nos enteramos por la prensa que el Cabildo de La Palma, dentro de la programación de trabajo del equipo redactor del Plan Integral de Gestión del Pastoreo en los Espacios Protegidos de la Isla, ha mantenido reuniones de trabajo con varios colectivos relacionados con la actividad ganadera y pastoreo en los municipios de Tijarafe, Puntagorda y Garafía, teniendo como objetivo analizar la situación de la ganadería caprina en esa comarca, y el aprovechamiento de pastos y recursos forestales. No se si han llegado a alguna solución sobre la mejor manera de gestionar una práctica ancestral que creemos necesaria recuperar de una manera controlada. Seamos sabios y copiemos de nuestros predecesores los aborígenes, de los que tenemos mucho que aprender.
La gestión de los territorios de pastoreo era vital para la subsistencia de la comunidad -referido a toda la Isla-. Los primeros awara que llegaron a La Palma encontraron un verdadero vergel para sus ganados. Los pastos son muy abundantes en un territorio elevado, lo que permite una flexibilidad de aprovechamientos de los distintos pisos vegetales en diferentes períodos del año.
Emiliano Oliva Hernández nos envió un correo electrónico con un documental sobre el sistema ancestral del agdal que los mesioua bereberes crearon para gestionar el yagur -territorio de pastos para el ganado- de los pueblos bereberes del Alto Atlas marroquí.
Un agdal es un sistema de origen bereber que consiste en la reglamentación del acceso a un recurso natural, siendo utilizado prácticamente por todas las comunidades del Alto Atlas y del sur de Marruecos. Este recurso puede ser un bosque, forraje para las cabras y las ovejas, o incluso, una tierra de labranza. El agdal se rige por unas fechas concretas de apertura y cierre de un espacio durante un periodo determinado del año. Esto favorece significativamente la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, y por otra parte, la cohesión social en la gestión de los recursos naturales de subsistencia de los pueblos, reforzando así la convivencia y su sentido de grupo entre las tribus, familias o aldeas. Es un principio de igualdad que se mide equitativamente entre todos.
Su base tiene unos claros fundamentos de producción material y económica, pero con una fuerte influencia religiosa, donde el sentido de lo sagrado construye un significado que ordena el territorio de diversas fracciones repartidas en lo valles de la cordillera del Atlas. La mayoría de las distintas comunidades tribales todavía rinden culto a un santo o santón que constituye el referente unificador del grupo humano, al cual, después de la apertura del agdal y por medio de celebraciones rituales, ofrecen animales, vegetales, grano o mantequilla, augurando así la prosperidad y la fecundidad de la comunidad (http://www.antropologiavisual.net/2007/agdal-voces-del-atlas/).
Los awara fueron unos eternos trasterminantes*. En verano, cuando el Sol ha quemado los pastos de las costas y medianías, se desplazan a los terrenos comunales de cumbre, demarcados en torno al contorno exterior próximo a la Caldera de Taburiente, por encima de los 1.700-1.800 m de altitud, donde empiezan a proliferar los campamentos, y las paredes internas del gran cráter de Taburiente.
Al igual que los pueblos bereberes de Atlas, el acceso a los pastos comunales de cumbre estaba regulado por un consejo que abarcaba a toda la Isla. Durante unos 3 o 4 meses, en primavera, se cerraban estas áreas de pastoreo al ser el período más sensible de crecimiento y reproducción de las plantas. No se pastoreaba las cumbres hasta que las semillas maduren. Evidentemente, el cierre no se hace con barreras físicas sino por la moral y los derechos tradicionales. Esto no quita que hubiera otras zonas de pastoreo permanente en la Isla -Cumbre Vieja y Cumbre Nueva-. Es un sistema usado para permitir la reproducción de las plantas del año siguiente. La entrada de animales durante el cierre estaba castigada por leyes consuetudinarias. Con la conquista y colonización castellana, desde el siglo XV, la sobreexplotación de los recursos vegetales hizo desaparecer algunas especies y otras quedaron casi en extinción. Hoy, la gestión de Parques Nacionales intenta su recuperación.
A partir del mes de abril comienza sutilmente la floración de las cumbres, las violetas son de las primeras en enseñar sus encantos lilas, hasta que el amarillo comienza a monocromar el paisaje. Su máxima madurez se produce en junio/julio. ¿Sería la llegada del solsticio de verano o la primera Luna llena del verano el instante que marca la apertura de los campos de pastoreo comunales de cumbre? No lo podemos confirmar, pero sí que el mundo mágico-religioso refuerza el sistema de pastoreo. Son los dioses los que mandan en estos territorios sagrados. La norma ritual de verano entre los mesioua del Atlas consistía en sacrificar animales para conciliar las fuerzas telúricas, los demonios, y así favorecer la fecundidad de los propios animales, de los hombres, la vegetación, la lluvia, etc. Todo va junto.
El sentido de comunidad está fuertemente arraigado en todos estos pueblos ancestrales. En verano, las cumbres más altas de La Palma se convertían en un hervidero por el trasiego humano y animales, momento que se aprovechaba para estrechar las relaciones sociales.
A partir del siglo XVI, después de 2.000 años de armónica convivencia, se inicia una nueva era. Los pastores históricos fueron perdiendo la práctica ancestral, se impone el individuo sobre el grupo; los pastizales de cumbre se desacralizan y se convierten en objetivo de explotación económica. Los dioses han cedido la propiedad de l terreno a favor del humano. Esa individualidad los conduce a vagar en la ilegalidad y suben los animales antes de que las semillas maduren, lo que provocó la desaparición de las especies más frágiles y la propagación de las más resistentes -codeso-. Los pastizales se sobreexplotan y pierden calidad. En la década de 1980 se prohibió el pastoreo en las cumbres para dar paso a impactantes construcciones del complejo astrofísico, siendo Parques Nacionales el encargado de recuperar parte de la flora que está en peligro de extinción.
Comparen y valores ustedes. ¡Qué sabiduría la de aquellos “primitivos” que vestían con pieles de cabras y ovejas! Por memoria a nuestros antepasados, por el bien de nuestra identidad ancestral, debemos retomar parte del orgullo que demostró tener este pueblo de pastores sabios.
*Trasterminancia: desplazamientos en distancias cortas de los rebaños para uso y explotación de los recursos forrajeros. En el caso de Canarias, de costa a cumbre.
Publicado el el periódico "La Voz de La Palma" marzo 2009
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jueves 5 de marzo de 2009
Plinio, Junonia Mayor y el templo de piedra
Es probable que Plinio no estuviera en las Islas Canarias, sin embargo consiguió testimonios de fuentes directas a los que dio forma y sentido, a expensas de cometer errores. Se puede aceptar y compartir, por tanto, la conclusión a la que llega el filólogo Juan Álvarez Delgado (1945) de que en Plinio resulta clara, exacta y explicable la situación geográfica, sus orientaciones de navegación y distancias relativas y los datos y características de las Islas. Los datos compilados por el autor romano no son producto de ninguna fantasía, no se puede inventar algo así cuando se aportan datos tan concretos y fidedignos sobre la geografía de Canarias.
Sabemos que es arriesgado, pero debemos hacerlo cuando las evidencias se nos muestran. Al día de hoy estamos en disposición de aplicar modelos activos y reflexivos en una amplia gama de fuentes que nos ha posibilitado obtener una visión de conjunto más profunda para acceder al conocimiento. Nuestra intención es aportar, con humildad, una nueva respuesta a la misteriosa presencia de un templo en Junonia recogido por Pinio el Viejo en el siglo I d.C: “alteram insulam Iunoniam appellari, in ea aediculam ese tantum lapide exstructam”, traducido por J. Álvarez Delgado de la siguiente manera: “La segunda isla se llama Junonia y en ella solo hay un pequeño templo erigido en piedra”. El párrafo no es cualitativamente pobre; al contrario, condensa todo un pensamiento de una forma increíblemente explícita e implícita. Pocas veces una frase tan pequeña ha desatado toda una gama de explicaciones variopintas.
Plinio es el escritor antiguo que ha dejado una descripción más detallada de las Islas Afortunadas. Menciona varias expediciones realizadas en el cambio de era, destacando la del general cartaginés Hannón que atravesó el estrecho de Gibraltar y navegó costeando África y la del rey Juba II de Mauritania que recorrió las islas del Archipiélago Canario. Algunos investigadores llegan incluso a dudar de la veracidad de estos viajes.
El fraile franciscano Abreu Galindo estuvo en la isla de La Palma a finales del siglo XVI recopilando datos sobre las formas de vida y las creencias de los antiguos awara. Conoció el texto de Plinio y fue capaz de realizar unas breves reflexiones:
“… la llama Junonia Mayor por nombre particular; que, según la denominación y señas que da de esta isla, en decir que no tenía más de una casilla hecha, algunos han querido interpretar este nombre, que signifique en nuestro castellano
“Eran estos palmeros idólatras; y cada capitán tenía en su término adonde iban a adorar, cuya adoración era en esta forma: Juntaban muchas piedras en un montón en pirámide, tan alto cuanto se pudiese tener la piedra suelta; y en estos días que tenían situados para semejantes devociones suyas, venían todos allí, alrededor de aquel montón de piedra, y allí bailaban y cantaban endechas, y luchaban y hacían los demás ejercicios de holguras que usaban; y estas eran sus fiestas de devoción. Pero no dejaban de entender que en el cielo había a quien se debía reverencia; y al que ellos entendían que estaba en el cielo, lo llamaban Abora”.
Los investigadores A. Mederos y G. Escribano recopilaron de una manera sencilla las diferentes variaciones y connotaciones de la famosa frase de Plinio referida a Junonia Mayor: “De la segunda isla, Junonia, sabemos que tenía un «pequeño templo construido tan sólo de una única roca» (Díaz Tejera, 1988: 14), un «templecillo construido únicamente con una sola piedra» (Bejarano en Plinio, 1987: 136), «pequeño templo [aediculam] erigido en piedra» (Álvarez Delgado, 1945: 31-32), «templo pequeño construido en piedra» (García y Bellido, 1967: 25), o un «templete construido con piedra» (Arribas en Plinio, 1998). Solino (56, 16-17) dice que se trataba de «un templo [aedes] pequeño que remata torpemente en punta» (Díaz Tejera, 1988: 22), lo que sirvió a Müller (1883: 754) para proponer la lectura de «un templo construido groseramente en lo alto». Estas traducciones recuerdan a los templos abiertos fenicio-púnicos donde figurarían un ara y uno o varios betilos de piedra. Se ha planteado que podría tratarse de «cualquier vestigio de construcción existente o incluso algún elemento natural de características singulares, como un[a] montaña» (Delgado Delgado, 2001: 32). Sin embargo, como señala Díaz Tejera (1988: 22, n. 73), se trataba de una construcción de culto y no de una simple casa por el empleo de la palabra aedicula. Este pequeño templo no era un simple altar visitado irregularmente, sino probablemente debería tener un culto estable (López Pardo, 2000: 90), lo que explicaría el uso del término de pequeño edificio cultual o templo, aedicula, diminutivo de un templo o santuario, aedes, no empleando tampoco el de simple altar que habría sido denominado ara (Ginouvès et alii, 1998: 8, 37-38, 48)” (Alfredo Mederos y Gabriel Escribano, www.dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo =265605&orden=1&info=link).
Una lectura espacial, geográfica, arqueológica y de posición astronómica, el intenso trabajo de campo, la práctica, nos ha llevado, sin pretenderlo, a una relación entre el templo de Plinio, los amontonamientos de piedras y el culto astral de Abreu Galindo y el culto a las montañas de Leonardo Torriani.
En la trastienda de todo esto se esconde la cualidad de las creencias religiosas de unas personas cuya cosmovisión se materializó en el templo (cosmos cultual) que cita Plinio. Nos asalta ahora una duda ¿Por qué se dedica a Juno? Juno es la más grande de todas las diosas, forma parte de la triada capitolina romana (Júpiter, Juno y Minerva). Se representa como una gran señora, a veces con un cetro. “Hay una probable etimología para Juno en la raíz protoindoeuropa *yeu-, ‘fuerza vital’. Aunque tal derivación podría ser consistente con un origen como Diosa Madre, es más probable que esta raíz se usara en el mismo sentido que otras palabras latinas derivadas de ella, como iuvenis (‘hombre joven’, con derivados tales como «juvenil» o «rejuvenecer»), lo que implicaría que la naturaleza de Juno anterior al sincretismo de la mitología grecorromana era más cercana a la Diana como diosa doncella de los nacimientos o la partería. Sin embargo, la absorción romana del mito griego reemplazó características primitivas de Juno con otras de Hera, extendiendo su dominio del nacimiento al matrimonio y promocionándola al papel de esposa de Júpiter y reina de los dioses (mitología)” (www.es.wikipedia.org/wiki/Juno). La diosa Juno, en la mitología romana, era la reina de los dioses, mujer y hermana del dios Júpiter. Era la protectora de las mujeres. ¿Podemos encontrar en Juno los atributos de Abora?
Por otro lado, enlazando la asociación anteriormente expuesta del templo de Plinio con los amontonamientos de piedras, el Sol y la montaña, la famosa frase “y en ella sólo hay un pequeño templo erigido en piedra” ¿se trataría realmente de un templo o de un concepto más amplio de espacio cultual?
El espacio sagrado tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y de hacerlo diferente; estos espacios se revisten de signos, códigos y lenguajes que indican la sacralidad del lugar, la orientación, las formas… y los procesos de comunicación que mantienen con otros espacios sagrados, los cuales proveen el equilibrio necesario para la subsistencia de los individuos o grupos. Así, el territorio sagrado constituye la lógica que las distintas comunidades adoptan para la construcción y simbolización de su entorno.
Plinio sólo destaca una cosa de Junonia Mayor y debió ser lo más importante. Si hay un rincón, por excelencia, en la isla de La Palma que contenga la mayoría de los ingredientes de la cultura material religiosa awara, cercano a lo que pretendía Plinio resaltar, este sitio se encuentra en un área de apenas 400 m2, en una cota de 2.180 m s n m, sobre un rellano que se sitúa en la misma base de la montaña más alta de Isla, el Roque de Los Muchachos. Allí los awara construyeron el principal santuario religioso de la prehistoria de la isla de La Palma, un verdadero monumento al cosmos.
El recinto cultual del Lomo del Llano de Las Lajitas se compone de 18 estructuras de piedras, delimitadas por un perímetro de grandes lajas hincadas y cerca de un centenar de símbolos geométricos grabados en las piedras directamente asociados. Este lugar está totalmente incorporado a la gran montaña sagrada y a dos momentos temporales claves, la aparición del Sol durante el solsticio de invierno por su cúspide y la Luna llena del verano, cuyo ciclo es de 18,6 años. Se trata, pues, de un lenguaje simbólico que refleja un profundo conocimiento astronómico. ¿Es realmente una casualidad que coincidan el número de amontonamientos de piedras con el número de años del ciclo lunar? Hay que verlo para creerlo. El que suscribe lo ha visto y lo sigue viendo todos los años.
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domingo 1 de febrero de 2009
PREHISTORIA DE POSICIÓN ASTRONÓMICA (PREPOAS)
(comunicación presentada en la Revista de Estudios Generales de la isla de La Palma, 2008)
El místico San Juan de La Cruz señalaba que para ir a donde no se sabe, hay que ir por donde no se sabe, puesto que los caminos trillados conducen a lugares previsibles o callejones sin salida. Asimismo, el visionario Dee Hock advertía que el problema no es tanto cómo hacer entrar en tu cabeza ideas innovadoras, sino como liberarte de las viejas.
La primera mirada sobre la prehistoria de Canarias la pusieron, entre otros, historiadores, geógrafos, viajeros catalanes, portugueses, genoveses, árabes, conquistadores y, finalmente, los escritores racionalista y románticos de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, mucho antes de que el peso de los publicaciones cayese de forma exclusiva sobre las espaldas de la arqueología académica. Después de unos años prolíferos a partir de la década de 1960, la ausencia de continuidad en los últimos veinte años nos ha llevado a una situación de carencia a la hora de interpretar los trabajos realizados. Al menos en la isla de La Palma, sólo ha habido una cómoda arqueología de sondeos, algunas excavaciones muy puntuales con resultados excelentes y especialmente cartas arqueológicas por municipios, sin más deliberación. En este sentido, el conocimiento queda reducido a inventarios y a un saber sobre el ser humano individual (como materia) y nunca fue un saber sobre el ser humano como totalidad. Esto no quiere decir que no sea importante, pero no es suficiente. Por eso, nos atrevemos a afirmamos, con rotundidad, que la arqueología ha fracasado en el intento de dar respuestas a los principales interrogantes que presenta nuestro pasado más remoto. Sus métodos de trabajo son muy rígidos y están obsoletos. Hace falta, al menos, una pequeña revolución.
En este intrincado mundo de la arqueología, como en otras ramas de la investigación, cada uno va a lo suyo, convirtiendo sus investigaciones en “intemporales”, inmunes a los cambios. Los mismos siguen amparando las mismas propuestas que defendieron hace más de dos y tres décadas. Con ellos, es evidente, se ha parado la imaginación científica. Siguen haciendo lo mismo todo el tiempo, el método no ha cambiado y, por lo tanto, no hay aprendizaje. Así de sencillo. Por ello, la arqueología se ha convertido en una cuestión de interpretación personal, en una apropiación territorial que rechaza o silencia lo que algunos consideran injerencias externas por gentes que ellos creen que no conocen las peculiaridades de la prehistoria insular. Detrás sólo hay un interés de prestigio personal, frente a nuestro interés general.
El primer acercamiento a la prehistoria que recibimos en la Universidad estaba perfectamente estructurado en unos modelos de conocimiento racional experimentados por los propios profesores, cuyas interpretaciones se nos trasmitían como iconos de continuidad científica. Nos quedamos con la convicción de que el conocimiento sobre la prehistoria era tal como nos la comunicaron.
Tamarahoya
Cuando iniciamos nuestro rumbo en la investigación seguimos haciendo lo mismo que se venía haciendo, sin plantearnos ninguna autocrítica. No podíamos salir de un registro preestablecido en las condiciones de trabajo e interpretación. Muy poco podíamos aportar y nada verdaderamente trascendente, tan sólo la prospección de lugares poco inspeccionados, inventariando (mediante fichas) nuevas estaciones de grabados rupestres, canales y cazoletas, amontonamientos de piedras, la disposición de restos cerámicos, líticos, óseos, cuevas con relleno arqueológico, etc.
No se exactamente cuando empezamos a interesarnos por temas supuestamente impropios a la exploración prehistórica. La investigación surgió por sí sola, con el ritmo marcado por la propia necesidad de abordar la antigua sociedad de la isla de La Palma, dando pequeños pasos mediante incursiones en otras ciencias supuestamente afines y otras no tanto. La multidisciplinariedad nos permitió abrir nuevas vías y la investigación nos llevó por caminos imprevistos, adoptando posiciones marginales en el discernimiento científico. Desde entonces, empezamos a tomar elementos de cualquier disciplina que nos aportara conocimiento y los conjugamos, después de una década, en un producto final novedoso, de imposible clasificación en los círculos académicos occidentales, adaptado a la isla de La Palma. Entonces ¿dónde situar este nuevo material? La respuesta es difícil porque ninguna ciencia en concreto lo puede abarcar. Es una parte de todas, sin llegar a ser genuinamente ninguna. Por ello, después de varios años buscando una ubicación que sintetice globalmente los objetivos que persigue, llegamos a la conclusión de unir tres palabras conectadas que proponen una nueva intervención científica: Prehistoria de Posición Astronómica (PREPOAS).
“Si queremos estudiar tan sólo restos materiales hay que mirar muy cerca, pero para estudiar un elemento material de carácter religioso hay que aprender a dirigir la vista a lo lejos”. Este es unos de nuestros lemas de trabajo desde que creamos la “Asociación Iruene La Palma” e iniciamos con verdadera intensidad una exploración propia, diferenciada de los campos hasta estos momentos examinados por los investigadores. El libro “Abora”, publicado en 2006, marcó el inicio de un nuevo análisis a los estudios prehistóricos en Canarias. Le siguieron la creación de tres blogs*1 donde entregamos, de una manera accesible y gratuita, los resultados de las averiguaciones que se han producido. El trabajo que queda es arduo pero alentador.
La Prehistoria de Posición Astronómica nace con vocación de interpretación en el resbaladizo mundo de la religiosidad. Propone iniciar la búsqueda de la religión elemental de los pueblos prehistóricos canarios. Tiene como prioridad demostrar la conexión entre la posición en la que se encuentran los componentes sagrados (amontonamientos de piedras, canales y cazoletas, grabados rupestres) y los astros, especialmente el Sol y la Luna. A partir de aquí, nadie se imagina el mundo tan complejo que hemos encontrado. Sólo aquellos que han querido acercarse han comprobado la estrecha relación que los awara (antiguos habitantes de La Palma) establecieron con el cosmos. Después de recorrer la Isla, tenemos una convicción muy clara y es que la religión awara se sustenta en una realidad que fue expresada en las alturas.
Cuando queremos encontrar algo en una habitación oscura, lo primero que hacemos es encender una luz, pero no miramos el bombillo todo el rato y perdemos el tiempo en describirlo desde todos los ángulos, las formas, el tamaño, el material de lo que está hecho, etc, etc. lo que hacemos es mirar todo aquello que la luz nos permite ver. ¿Qué ha hecho la arqueología? Mirar el bombillo. Lo mismo ha sucedido con las estructuras y los símbolos sagrados. PREPOAS ha levantado la mirada y ha encontrado las respuestas en el cielo (concretamente en el Sol y la Luna) y ahora empezamos a comprender lo más íntimo de su conocimiento y a dar respuestas a la ubicación de los yacimientos prehistóricos.
El hecho de que los mismos fenómenos astronómicos hayan sido contemplados por distintos grupos humanos, nos permite, al comparar estas diferentes miradas, aprender mucho sobre las sociedades que las originaron. Una de las grandes trabas al desarrollo de esta importante perspectiva han sido los estudios poco serios de quienes, atraídos por lo interesante del tema, se han dedicado a dar rienda suelta a sus más locas fantasías. En estos casos la fascinación por lo "oculto", el deseo de impresionar y la moda, entorpecen el trabajo real y menosprecian a las culturas y pueblos pretendidamente estudiados (www.fcaglp.unlp.edu.ar/~sixto/arqueo/index.htm).
Los humanos no pueden vivir sin dioses, lo mismo que la tierra sin cielo. La comprensión de cómo se comporta el cielo fue, ya de por sí, una forma de culto. Una de sus expresiones consistió en poner toda obra humana en armonía con los principios de orden natural espacial y temporal derivados del movimiento de los astros. “…el Sol, la Luna, el cielo, las montañas, el mar, los vientos, en una palabra, las grandes fuerzas cósmicas fueron las primeras en ser elevadas a esta dignidad… son ciertas manifestaciones cósmicas las que habrían constituido el punto de partida de la evolución religiosa” (Emile Durkheim, 1992)*2.
Para el observador de la naturaleza resulta obvio que la única manera de establecer direcciones definitivas en el paisaje es a través del cielo. El movimiento aparente de la bóveda celeste define claramente la dirección norte por medio de la posición del eje de rotación terrestre proyectado en el plano del cielo. El sentido de rotación nos proporciona las direcciones este-oeste, que resultan ya señaladas como los puntos de salida y puesta solar.
Al principio de la investigación sentimos pánico a equivocarnos, a que la línea trazada no fuera la correcta. La labor de campo fue intensa visitando de nuevo los yacimientos conocidos, ahora analizados desde otra perspectiva, con la brújula y el GPS como principales herramientas. Luego volver a los mismos lugares en los momentos claves del año (los solsticios y equinoccios) para la confirmación. Después de muchos amaneceres y ocasos, de horas y kilómetros andados, elaboramos la primera estadística en 2006. Los sorprendentes resultados disiparon cualquier temor. Hemos encontrado la llave que nos introduce en su pensamiento religioso. Lo podemos demostrar.
Esto no ha hecho más que empezar. En esta larga carrera de fondo estamos preparados y resignados a soportar el escaso interés y el rechazo por parte de la mayoría de los arqueólogos que, por ignorancia, no quieren saber de novedades. Es cuestión de tiempo.
Debemos entender que ciencia es todo lo que nos rodea. Por eso, para hacer progresos hay que usar la mente, reflexionar y experimentar. PREPOAS acaba de abrir un nuevo campo para las ciencias prehistóricas. Es enormemente atractiva, muy práctica, pues el trabajo de campo es la esencia de la investigación. Comparte las experiencias de otras ciencias, no sólo sociales. Tanto su teoría como su práctica están orientadas más allá del etnocentrismo y presenta una posibilidad más amplia de descripción que las especificidades de la arqueología. Incluso, la comparación cultural, tan rechazada por los arqueólogos, es para nosotros una fuente primordial de comprensión del pensamiento antiguo. Los resultados nos avalan para elevarla a la categoría de disciplina, aunque no tenga ningún status académico.
La cultura material constituye un elemento clave, lo que hay que hacer es entenderla en un sentido más amplio, pues los objetos esconden, a parte del sentido funcional, otro sentido de señal y simbolismo que ha sido despreciado por la arqueología. Un petroglifo es algo que nos llega mediado simbólicamente, no se revela interpretado, pues su mensaje está codificado. Nuestra labor consiste en descodificar los mensajes que se ocultan en el paisaje natural (especialmente las montañas) y en los astros. Nos acercamos así al sentido común awara y valoramos la interpretación desde su propia cosmovisión, no desde nuestro sentido común y desde nuestros prejuicios culturales como hasta ahora se ha hecho.
Poco a poco nos fuimos dando cuenta de las especulaciones gratuitas a que estábamos sometidos, en el momento de la interpretación de los restos arqueológicos, referentes a los temas cognitivos. Una muestra es la explicación conforme a nuestra lógica, aquella que le da el lugar más cercano; por ejemplo, en el caso de los grabados rupestres es usual concluir cualquier trabajo interpretándolos como un timbre para indicar una ruta de paso, un culto a las fuentes, rituales de lluvia o una marca de propiedad. Esto es pura arqueológica especulativa sin valor científico alguno. Y, sin embargo, la colectividad académica lo sostiene tenazmente.
Nuestro proyecto trata de superar la mera descripción arqueológica de los objetos, fijada en aspectos no siempre determinantes como la función plástica, las formas o las tipologías. Nos estructuramos siguiendo los posibles principios para lo que fueron creados mediante una meditación general sobre el modo en que los awara adquieren su imagen del mundo.
Nacemos con vacación de servicio, sin perjudicar o desprestigiar al resto de las materias que abarcan el estudio de la prehistoria de Canarias. Ambicionamos, con trabajo, poder de observación e ingenio, ayudar a madurar prácticamente a la única materia que ha monopolizado su estudio: la arqueología. Pero a la vez, pretender que sea una auténtica ciencia que ofrezca teorías contrastables, sobre todo en el ámbito de la interpretación de los modelos religiosos. Hasta el momento la arqueología canaria nada tiene que ver con profundizar en la apreciación de la realidad de los grupos humanos prehistóricos.
No tiene sentido pretender que los awara fueran como nosotros, que entendían el mundo como nosotros lo hacemos; es más, tuvieron una percepción del territorio y del tiempo diferente a la nuestra con una idea distinta de lo que es el mundo. Ordenaron su realidad a través de unos parámetros a los cuales hemos tenido acceso: principalmente, las marcas que establecen en el espacio y el tiempo las posiciones extremas del Sol y la Luna; secundariamente, los equinoccios y las montañas sagradas más destacadas en el paisaje.
Evidentemente, esto requiere una mejor explicación para terminar de comprenderlo. Por ello, publicamos “Abora” y tres blogs. Como bien afirma la arqueóloga Almudena Hernando (2002)*3 mientras no se asuma que el orden de racionalidad, la modelación de las emociones y la lógica que guiaba las acciones y las vidas de las sociedades de la Prehistoria eran distintas de las nuestras, nos estaremos limitando a proyectarnos a nosotros mismos en un cuadro cronológico que no nos pertenece, falseando así, de manera esencial e irrefutable, la reconstrucción de ese pasado. Ahora bien, todo esto lo hemos conseguido después de romper con muchos de los planteamientos en los que se han venido desarrollando hasta ahora la arqueología canaria.
Siguiendo a Almudena Hernando (idem), podemos confirmar que la modernidad se asienta sobre dos categorías de comprensión del mundo: la razón y el sujeto. Esta individualización de la compleja vida moderna implica una percepción de la diferencia de cada ser humano respecto de todos los demás y de aislamiento existencial en mitad del mundo que lo rodea. Damos prioridad a la razón como parámetro determinante del conocimiento humano. Los modelos actuales pretenden hacer de la sociedad, la economía o el individuo su objeto de estudio. Si el observador no es consciente de que él tiene una determinada manera de entender el mundo y las relaciones humanas, distinta a la que sostienen otros grupos humanos, creerá que el mundo es como él lo ve, de forma que trasladará esta convicción -es decir, su visión del mundo- a cualquier sociedad que estudie o a cualquier aspecto que intente analizar. En este caso, la arqueología, proyectará su propia subjetividad al pasado, y pretenderá que la gente de la prehistoria entendió el mundo, valoró las relaciones personales o tuvo las mismas emociones que él tiene. La subjetividad comenzó a asumir un papel de agente determinante del conocimiento.
La modernidad, razón y sujeto, va girando sobre sí misma aplicando la lógica científica de las sociedades humanas con el afán de conocer la verdad de los fenómenos que estudia, construyendo un pasado tergiversado e irreal. La postmodernidad ha creando el individualismo de una sociedad inmersa en una creciente conciencia de subjetividad. Es la ciencia la que la que nos ha enseñado que las cosas son complejas y difíciles de entender.
El conocimiento de las sociedades del pasado, escribe Almudena Hernando (ibídem), será necesariamente sesgado mientras no tengamos en cuenta que su orden de racionalidad, su comprensión del mundo y la significación que daban a cualquier fenómeno de la realidad o a cualquier elemento de la cultura eran distintos de los que a nosotros nos caracterizan.
¿Diseñaron los awara sus paisajes rituales de una manera deliberada? La tecnología basada en la brújula, los satélites de colocación global (GPS) y programas informáticos fue la que utilizamos en el trabajo de campo para trazar la posición exacta de cada monumento para poder obtener los datos posicionales entre cada construcción y su característica natural más cercana respectiva del paisaje. Este grado de precisión por el que los monumentos y los símbolos se orientan hacia las características naturales del paisaje en función de un acontecimiento astronómico no parece ser fortuito, sino totalmente deliberado. Implica que podemos ver evidencias de una técnica aplicada al paisaje en una escala nunca considerada antes. Esto sugiere la existencia de una fórmula o sistema.
“Necesariamente tiene que haber en la base de todos los sistemas de creencias y de todos los cultos un cierto número de representaciones fundamentales y de actitudes rituales que, a pesar de la diversidad de formas que han podido adoptar, tienen en todos los casos idéntica significación objetiva y cumplen siempre idénticas funciones. Son estos los elementos permanentes que constituyen aquello que de eterno y de humano hay en la religión: son el contenido objetivo de la idea que se expresa cuando se habla de la religión” (Emilie Durkheim, idem).
Una cultura está estructurada entonces en sistemas y, en este sentido, PREPOAS ha encontrado una línea de argumentación e intenta reconstruir el pensamiento antiguo a través de mecanismos que los awara establecieron, vehiculados por los componentes rituales, entre la tierra y el cielo. Hay una enorme cantidad de vínculos entre los diversos aspectos de la vida de los hombres y las formas en que estos miran el cielo y lo piensan. El punto de partida son el espacio y el tiempo, únicas cuantificaciones para establecer un orden, una referencia inmutables, pues en caso contrario, se perdería la orientación. Por ello, estamos trabajando por demostrar el rol del Sol y la Luna en la construcción de los hitos que demarcan el espacio y el tiempo.
El espacio pone en relación los hechos observables con referencias inmóviles, jalones estables y fijos, no es transformable, se identifica con su contenido y no se puede cambiar. Las referencias metafóricas que permiten ordenar el territorio son los picos de las montañas más altas de la Isla, e incluso las elevaciones de El Sombrero de Chasna, Guajara, Pico Viejo y el Teide, en la isla de Tenerife. Ello los convierte en esferas de realidad sobre las que creen tener cierto control, pues los han ordenado. “Nada puede comenzar, hacerse, sin una orientación previa, y toda orientación implica la adquisición de un punto fijo. Por esta razón el hombre religioso se ha esforzado por establecerse en el “Centro del Mundo” (Mircea Eliade, 1988)*4
Las ideas religiosas son el resultado de sentimientos preexistentes, mientras que las representaciones son sus símbolos, tan sólo el envoltorio superficial. A estas alturas, nadie puede dudar que los yacimientos prehistóricos sigan una distribución aprendida en la geografía. Los santuarios, en cualquier cultura, tienen una disposición sobre el terreno muy estudiada. Los investigadores y curiosos pueden pasar por estas obras sin darse cuenta del mensaje cifrado que encierran. Ahí están, siglo tras siglo, contando al aire un estímulo estético, formando parte de la naturaleza, influyéndola y transmitiéndole su sentido y razón de estar ahí. Forman parte del paisaje y de quienes lo pueden contemplar. La naturaleza no es simplemente natural, es también, al mismo tiempo, la manifestación de fuerzas sagradas y encarnación de realidades trascendentes (sobrenatural).
Los hombres y mujeres de la prehistoria vivieron en un mundo mítico en el que la divinidad se manifiesta eternamente a través de los elementos que constituyen el espacio al que se sacraliza. Sólo el espacio que se conoce y el tiempo que se habita establecen los márgenes del orden que importa. Su mundo, el mismo que nosotros vivimos, fue construido con unas cuantificaciones diferentes a las nuestras, tan subjetivamente real para ellos como el nuestro lo es para nosotros.
Percibir el tiempo es darse cuenta del curso de la vida centrado en el presente. La vida es un ciclo siempre recurrente que no admite transformaciones. Por ello, los fenómenos cíclicos de la naturaleza siguen constituyendo referencias perfectas para el cómputo y planificación de las acciones en estas sociedades. Entre los awara, esas referencias móviles son básicamente el Sol y la Luna.
El tiempo corre sin prisa pero sin pausa. Los hombres de la prehistoria buscaron formas de control para adelantarse a los acontecimientos y hacerlos previsibles. Por eso crearon estructuras, idearon sistemas de relación y orientaciones con elementos destacados de la propia naturaleza e inventaron los calendarios solares y lunisolares.
Las cumbres que contornean la Caldera de Taburiente, por encima de los 1.900 m de altitud, responden a esa cualidad de percepción de la realidad que los awara imaginaron y estamparon una arquitectura cósmica construyendo unos setenta amontonamientos de piedras para dar la bienvenida al Nuevo Año durante el solsticio de invierno (el comienzo de un nuevo ciclo), así como dos marcadores astronómicos, situados a 500 m de distancia el uno del otro, en el municipio de Garafía: marcador solar de Cabeceras de Izcagua, que señala los solsticios y equinoccios y el complejo marcador lunisolar de Las Lajitas, que confirma un avanzado conocimiento astronómico sobre el ciclo lunar mediante la construcción de estructuras de piedras apiladas.
La mayoría se dispersan individualmente por el territorio; otros se encuentran formando grupos. Así mismo, diferenciamos dos tipos referenciales con dos subtipos por el número de amontonamientos:
A. Un solo amontonamiento de piedras actúa como eje y la montaña como mojón referencial. Mayoría de yacimientos.
B. Varios amontonamientos de piedras alineados con la montaña como referencia. Presenta dos subtipos:
B.1. Dos amontonamientos de piedras alineados. Lo encontramos en cuatro yacimientos (Corralejo, Barbudo II, marcador astronómico de Cabeceras de Izcagua y Llano de Las Ánimas I).
B.2. Tres amontonamientos de piedras alineados en dos yacimientos (Cabeceras de Izcagua I y marcador astronómico de Cabeceras de Izcagua).
Por otro lado, sobre todo en los espacios costeros, se tallaron en la toba volcánica cazoletas y canales en las caras de las vetas que miraban o seguían una dirección hacia el punto de posición, tanto en los ortos como en los ocasos, durante el solsticio de verano, a modo de ritual de comunión entre los humanos y Abora, la Diosa Madre Sol.
Por su parte, el arte rupestre abstracto está representado por una gama amplia de formas geométricas, símbolos sagrados que fueron grabados sobre la roca al aire libre. Con una brújula, un lápiz y una libreta recorrimos numerosas estaciones rupestres, aquellas que conservan su posición original, anotando los rumbos que proyectaban las caras que fueron grabadas con símbolos, dando como resultado cuatro direcciones muy claras (aproximadamente 75º, 125º, 250º y 300º). ¿Qué representan esos cuatro rumbos? Pues los cuatro puntos solsticiales, los extremos máximos norte y sur alcanzados por el Sol en sus ortos y ocasos.
¿Alguien se ha cuestionado alguna vez por qué se encuentran los grabados rupestres en determinadas rocas? ¿Qué obligó a elegir el tipo de soporte? Uno de los misterios que suele sacar el sueño a los profesionales de la arqueología es poder entender el criterio empleado para seleccionar los espacios de percusión de los símbolos sagrados. Al realizar trabajos de campo resulta desconcertante comprobar que frecuentemente pequeñas piedras sin aparente importancia, presentan abundantes diseños y por el contrario, rocas cercanas que de acuerdo al criterio actual de superficie pulida, presentan aparentemente mejores características para servir de soporte a los grabados, no han sido utilizadas. 
En la isla de La Palma, en todo el Archipiélago Canario, el principal criterio empleado por la población prehispánica para elegir los soportes tiene una característica muy visible. En el cielo encontramos la respuesta. Comprobamos que los aborígenes elegían las rocas para realizar sus petroglifos en relación a eventos astronómicos relevantes (solsticios y equinoccios en unas pocas ocasiones). Por eso, los hemos considerado el arte del cosmos, pues representan una identidad basada en el ciclo de la vida. No olvidemos nunca que la esencia de la religión es la renovación perpetua de la vida y que los humanos encuentran una garantía de esta vida en los fenómenos que le rodean en el cielo y en la tierra. En La Palma, sobresalen el Sol, la Luna, las estrellas y la montaña.
El proyecto “Iruene La Palma” ha entrado en la penumbra del misterio pudiendo confirmar la existencia de un principio o sistema coherente de orientaciones de estaciones rupestres que lo rigen de una manera casi absoluto (A) con tres excepciones (B, C, D):
El sistema creado para dar orden al espacio y al tiempo permitió un sentimiento de mayor protección y seguridad a aquellos humanos que buscaron en el cielo las respuestas a su existencia.
Este conjunto organizado define una religión.
*1 www.prehistorialapalma.blogspot.com
www.amontonamientosdepiedras.blogspot.com
www.iruene-la-palma.blogspot.com
*2 Durkheim, E. (1992): “Las formas elementales de la vida religiosa” Akal. Madrid.
*3 Hernando, A. (2002): “Arqueología de la identidad” Akal. Madrid.
*4 Eliade, M. (1988): “Lo sagrado y lo profano” Labor/Punto Omega. Barcelona
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lunes 5 de enero de 2009
“La magia de las curvas en los petroglifos de la isla de La Palma (Canarias). Un nuevo modelo de interpretación antropológico
Ya entonces relacionamos los grabados rupestres con el cosmos, con el orden y el desarrollo de la armonía del universo awara.
* Toda la sabiduría del pueblo awara la podemos encontrar grabada sobre las piedras en un marco de su sentido natural.
* Con este planteamiento partimos desde la universalidad para contrastarlo con las especificidades locales.
* Si bien nuestro sistema de vida a desvalorizado el poder del símbolo, el indígena encontraba en él el fundamento de todo cuanto es.
* Los petroglifos son un producto de la interpretación de la naturaleza que va más allá de la mera significación directa al abrir vías de aclaración subjetivas en un orden de estructuras mentales multidimensional, sin una lógica de orden racional.
* La piedra tallada se convierte en el vehículo que trasmite los mensajes adquiriendo una fuerza especial, deja de ser masa inerte y desempeña el papel protagonista en las relaciones cielo-tierra. Al tener sentido y valor se transforma en sagrada.
* Nuestra sofisticación cultural nos impide captar las formas sencillas y prístinas de los indígenas palmeros.
* Los grabados rupestres se sitúan en el más allá, sobre todas las cosas, alcanzando una fuerza sobrenatural.
* La significación abarca todo el proceso de desarrollo de la comunidad, todo su ciclo productivo, entroncando de lleno con el sentido de la vida misma, la propia existencia; esto es, su universo. De este modo, los glifos dibujan líneas vitales porque simbolizan la propia vida.
* El petroglifo vehicula para no sentirse extraño en el universo a modo de puente entre los dos mundos, entre la materia y el espíritu.
* Lo representado deriva de la propia naturaleza sagrada, fuente de vida, del mundo que los rodea, del agua, de las montañas, los árboles… cuyo orden natural proviene del cosmos (los cultos astrales).
* El grabado rupestre actúa como enlace vertical entre los dos mundos, acercando lo que está lejos, buscando el beneplácito sagrado de la fertilidad genérica.
* Su distribución “anárquica” sobre el paisaje no es gratuita sino que forma parte de un modelo preconcebido imposible de explicar [ahora si que podemos, pues hemos descubierto ese modelo preconcebido].
* La racionalización es el peor enemigo para desvanecer el significado del simbolismo de las piedras grabadas.
* Pedimos actuaciones de urgencia, declaraciones de BIC, creación de museos de sitio…
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miércoles 10 de diciembre de 2008
¿Hacían ciencia los antiguos canarios?
Tanausu, cuadro de Horacio Concepción
La astronomía es la más antigua de las ciencias en la antigüedad. Sus orígenes se pierden en prácticas religiosas de la prehistoria cuyos vestigios se encuentran en numerosos sitios arqueológicos. El término provine del griego “astron, ou” = astro; “nomos, ou” = ley. Es la ciencia que se ocupa del estudio de los astros. Algunas culturas antiguas poseían conocimientos astronómicos rudimentarios, limitados a la observación a simple vista; otras, sin embargo, desarrollaron profundos conocimientos aplicados con fines prácticos o mítico-religiosos.
El estudio del cielo, en concreto el Sol y la Luna, así como la montaña, ha sido la mayor preocupación entre los awara (los elementos naturales del universo), aunque tuvieran apreciaciones religiosas diferentes a la ciencia. No sabemos si usaron alguna herramienta muy rudimentaria, como palos, para medir y orientarse con los principales elementos de la naturaleza. Eso si, era una ciencia generalizada, social y natural basada en una concepción de la relatividad del espacio y el tiempo.
Con el transcurrir del tiempo, la raza humana tuvo que vincular los cambios climáticos con las posiciones del Sol en el cielo. Al repetirse las temporadas de frío o calor, lluvia o sequía, debió preocuparse por poder predecir sus instantes de ocurrencia: había nacido la astronomía de posición. Entonces, para poder determinar los puntos de salida y puesta del Sol, comenzó a fabricar santuarios individuales o conjuntos alineados.
Los estudios sobre astronomía prehistórica no han gozado de un excesivo prestigio entre los arqueólogos a pesar de estar a menudo presente a modo de someras y vagas alusiones en los manuales de arqueología.
Los awara estudiaron el cielo, el movimiento y los ciclos de los astros y las estrellas. A partir de ahí, empezaron a fijar en el terreno los puntos exactos que determinan sus conocimientos básicamente sobre los ciclos solar y lunar. El método que hemos encontrado en La Palma se precisa con tres tipos de santuarios. ¿Cómo?:
1º. Construyendo uno o varios amontonamientos de piedras pequeños que se religan directamente con la aparición del Sol sobre los picos más elevados de La Caldera y la isla de Tenerife durante el solsticio de invierno, dando la bienvenida al Nuevo Año. En dos casos (Las Lajitas y Cabeceras de Izcagua, Garafía) se realizaron sendos marcadores astronómicos para computar el tiempo de los ciclos solar y/o lunar.
2º. Tallando un laberinto de canales y cazoletas sobre soportes de toba volcánica que dibujan una clara dirección hacia los ortos y ocasos del solsticio de verano.
3º. Realizando grabados rupestres en aquellas piedras cuyas caras miran, en más del 99 % de los casos, hacia los cuatro puntos solsticiales.
Los awara llegaron a la isla de La Palma procedentes del norte de África, la antigua Lybia, trayendo consigo numerosos conocimientos que adaptaron a la singularidad insular. Es impresionante las nociones que tenían sobre el cosmos y sorprendente la complejidad de sus estudios astronómicos producto de ancestrales herencias neolíticas, mediterráneas, del Asia Menor y especialmente Egipto.
Atogmatoma, cuadro de Horacio ConcepciónLas victorias de Ramsés III le permitieron ocupar el oasis de Siwa y proyectar el culto a Ammon Ra (el Sol) que se extendió rápidamente por todo el Sahara. Con el culto iba también la ciencia de la astronomía. La influencia egipcia sobre los libios fue muy importante, llegando hasta las Islas Canarias. Uno de los muchísimos ejemplos de los que disponemos lo podemos encontrar en los textos de las pirámides de Egipto: “Oh Ra-Atum, este Rey llega a ti, espíritu imperecedero, señor de los asuntos del lugar de los cuatro pilares…” (Texto nº 156).
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lunes 6 de octubre de 2008
Las representaciones colectivas del pensamiento mítico awara
Por otro lado, rara vez el pensamiento antiguo se dirige hacia realidades en el mismo nivel que lo hace la ciencia moderna. En este sentido, es necesario, de una vez por todas, cambiar la imagen tradicional que nos formamos de los pueblos “primitivos” empezando por el método de investigación.
Debemos empezar por integrar al hombre con el medio natural que lo ha modelado hasta desempeñar un papel de objetos de pensamiento. Percibe pasivamente los movimientos y los cambios de la naturaleza terrenal y celestial. Luego forma los conceptos y experimenta mediante su lógica general y particular.
Preguntándose por la naturaleza del pensamiento mítico, F. Boas llegó a la conclusión, en 1914, de que los humanos manifestaban una predilección grande por todo lo que vive en la naturaleza, los cuerpos celestes y otros fenómenos naturales.
Los primeros pobladores de las Islas Canarias, procedentes del norte de África, llegaron con una misma idea de pensamiento mítico en diversidad de formas. Si concretamos en los que poblaron la isla de La Palma, los awara, esperamos encontrar, como es lógico, distinciones aplicables a una cultura y a un territorio diferenciado.
Desde este momento, el hombre (los awara) y el mundo (una isla, benawara) se convierten en espejo el uno del otro. Pronto supieron elaborar métodos razonables, desde su idea preestablecida, sobre el paisaje que los rodea. Se trata de un pensamiento intemporal que quiere captar el mundo como totalidad sincrónica y diacrónica al mismo tiempo, llegando a conocer secretos de la naturaleza que nosotros nunca llegaremos a saber.
Gracias a la PREPOAS, en La Palma descubrimos, al menos en parte, un sistema coherente que de ninguna manera podríamos ni si quiera intuir sólo desde la arqueología. Cuando se quieren estudiar tan sólo restos materiales hay que mirar cerca de sí, pero para estudiar un elemento material de carácter religiosos hay que aprender a dirigir la vista a lo lejos.
Un procedimiento que une todos los elementos religiosos, de pensamiento mítico, debe aplicarse en conjunto, acompañado de reglas de acción, para descifrar los mensajes significantes dados en códigos antiguos que debemos traducir a nuestro propio sistema de mensajes.
Este sistema, al que hemos tenido acceso, permite captar el universo natural y social del pueblo que lo creó. “El conjunto constituye, pues, una suerte de aparato conceptual, que filtra la unidad a través de la multiplicidad, la multiplicidad a través de la unidad, la diversidad a través de la identidad y la identidad a través de la diversidad” (C. Lévi-Strauss (2002): “El pensamiento salvaje”).
Llegados a este punto, sería conveniente reflejar la elección de los lugares y la distribución de los elementos religiosos en el medio natural en función de un esquema cósmico: básicamente las posiciones extremas noreste y sureste, noroeste y suroeste del Sol y la Luna; esto es, solsticios en el mayor de los casos y lunasticios en el menor de los casos.
Las formas que presentan los más de 10.000 grabados rupestres que todavía existen en La Palma son bastante complejas. Esa variedad no era lo importante, no les interesaba más que cuando le permitía adivinar lo que estos poseen de influencia. La fantasía del artista sólo actúa libremente dentro de unos límites bastante estrechos. Aquí está impresa parte de la compleja mente prehistórica, su esencia como sociedad que participa en intimidad con sus dioses cósmicos. Se trata de imágenes fieles de representaciones tradicionales, de modelos reproducidos del
Lo mismo podemos decir del resto de las expresiones de representaciones colectivas más sagradas, los amontonamientos de piedras y de los canales y cazoletas. Ahora bien, se les atribuyen papeles diferentes aunque integrados en el mismo sistema de significaciones. Sirven para organizar el espacio y el tiempo.
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martes 23 de septiembre de 2008
Los grandes espacios sagrados de Garafía
Desde muy temprano los awara que llegaron a la isla de La Palma encontraron en la zona noroeste un espacio adaptado a su visión religiosa, estableciendo una relación palpable entre el cosmos, representado por sus astros y estrellas mayores, y la montaña. El topónimo Garafía hace referencia a roque o montaña en altura y alta; en concreto, al techo de la Isla, el Roque de Los Muchachos.
Conocidos sus principales lugares sagrados, podemos diferenciar tres grandes zonas o franjas especialmente míticas:
1.- Baja (color azul). Situada sobre los acantilados costeros, entre los 200 y los 400 m s n m, encontraron numerosas rocas sobre las que tallaron sus símbolos sagrados al presentar caras que miraban y coincidían con las salidas y puestas de Sol durante los solsticios. Destaca el entorno de Santo Domingo con numerosas muestras de petroglifos y algunos canales y cazoletas como las de Domingo Díaz y Fernando Porto.
2.- Media (color blanco). Se despliega entre los 900 y los 1.000 m de altitud, sobresaliendo las impresionantes estaciones rupestres de La Zarza y La Zarcita, entre otras.
3.- Superior (color verde). Alcanza unas cotas que discurren entre los 2.000 y los 2.400 m s n m. Es el espacio más sobresaliente, el último escalón entre lo terrenal y lo celestial, lugar de encuentro entre los humanos y los dioses. Destacan, por encima del resto, los amontonamientos de piedras rituales. Aquí se encuentran los santuarios más importantes de la Isla: Las Lajitas y marcador de Cabeceras de Izcagua.
La catedral de los awara: Las Lajitas. Lugar de religación entre los tres elementos que intervienen en el ritual sagrado que une a los hombres con los dioses: amontonamientos de piedras, la montaña y el Sol y/o la Luna.
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lunes 15 de septiembre de 2008
Los awara, los adoradores del Sol
Venimos recalcando lo que demostramos hace ya unos años referente a la proyección cósmica de los yacimientos prehistóricos que se dispersan por toda la Isla, destacando un culto al Sol, registrado en pequeñas citas por los primeros aventureros, conquistadores y viajeros que visitaron estas tierras hace más de 500 años.
Para trazar un esbozo aproximado hipotético de una concepción prehistórica del tiempo, podemos retroceder al paleolítico donde los cazadores-recolectores reconocieron en el cielo los fenómenos de los ciclos lunar/solar y lograron conectarlos a su propio ritmo de vida y el del entorno. Los espacios de tiempo para sus actividades económicas (siembra, cosecha, cría de ganado…) y las obligaciones religiosas en empatía con los marcadores de cambio y renovación en líneas generales fueron establecidos. Eran conscientes de todos los ritmos de la naturaleza.
Las manifestaciones de los seres humanos cuando quieren comunicarse con sus dioses adquieren una variedad asombrosa e interminable en cada rincón del Planeta. Las religiones de Mesopotamia, de la península de Anatolia, de Asia Menor, de la península Arábiga, de Egipto, gran parte de Europa y América, entre otras, adquieren evidentes connotaciones astrales, nacidas de unos conocimientos astronómicos incipientes. En muchos casos recientes, los especialistas publican en libros, actas de congresos, conferencias, cátedras, así como en las revistas y periódicos más científicos y prestigiosos del mundo, descubrimientos de espectaculares centros ceremoniales, de ruinas sobre hipotéticos observatorios astronómicos y, en pocos de estos casos, nos han mostrado las pruebas fotográficas o videográficas de los momentos cruciales. Sin embargo, en la isla de La Palma, podemos mostrar todo el material filmográfico de los fenómenos arqueoastronómicos recogidos y almacenados durante varios años en los momentos de los solsticios y los equinoccios. Con esta prueba irrefutable, estamos seguros que las investigaciones prehistóricas en la isla de La Palma comienzan a revelarnos el significado de algunos de aquellos lugares que servían a la vez como observatorios, en los que tomaban referencias para elaborar su calendario astronómico, y como auténticos santuarios donde probablemente escenificaban rituales de carácter cósmico. Esto viene a demostrar el profundo sustrato religioso de un grupo de hombres y mujeres que se abrumaron con el Sol. Su deseo era adorar a Abora.
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domingo 20 de julio de 2008
caracteres líbicos de Tajodeque
Si alguna vez durmieran en la cueva para ver uno de los amaneceres en torno al 21 de junio podrán experimentar una sensación indescriptible cuando el Sol del verano aparece en frente de tí y el panel exterior comienza a iluminarse, poco a poco, de arriba a abajo. Si lo hacemos sobre el 21 de diciembre, el amanecer se produce por detrás de la isla de Tenerife, situada en medio del hueco que deja la degollada de La Madera, entre los impresionantes riscos de la Caldera. En este momento, de una manera asombrosa, se iluminan los dos paneles que se encuentran en el fondo de la cavidad.
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jueves 26 de junio de 2008
Roque Teneguía: un vínculo entre la tierra y el cielo
Este trabajo, realizado a lo largo del curso escolar 2007/2008 por un grupo de 9 alumnos de 4º ESO del IES Las Breñas (isla de La Palma), formó parte de un proyecto de Educación Patrimonial perteneciente a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. Fue recompensado con el primer Premio Fernando Cabrera de Astronomía 2008.
El Roque Teneguía, declarado Bien de Interés Cultural en 1985, se encuentra en una finca particular de casi 41.000 metros cuadrados de superficie. Se sitúa a unos 418 metros de altitud sobre el nivel del mar y en la falda SW del volcán de San Antonio. Se trata de una formación geológica muy antigua, al que se le calcula una edad aproximada de unos 600.000 años. Es un promontorio de fonolita haüynica y de color pálido amarillo-rosado. La altura del Roque de Teneguía es de 30 a 35 m de E a O y de 80 m de N a S. Su superficie es aproximadamente de 2.000 m2
El acceso al enclave se hace por una pista que bordea la falda del volcán de San Antonio y se desvía en dirección al cráter del volcán Teneguía. De Los Canarios al Roque hay, aproximadamente, una distancia de 5,5 kilómetros, aunque los últimos 500 metros se recorren a pie sobre un manto de lápilli. Esta eminencia rocosa es visible desde el Sur y Oeste y sirvió como punto de referencia para los pescadores y la navegación de cabotaje.
Hace ahora 38 años, el Roque Teneguía estuvo a punto de desaparecer. En el mes de marzo de 1970, un grupo de jóvenes fuencalenteros -Juan José Santos Cabrera, su hermano Octavio (fallecido), Rosa Díaz Martín, Toña Carballo Pérez, Juan Luis Curbelo Pérez y Rafael Díaz Pérez- visitaron al director del Museo Arqueológico de Santa Cruz de Tenerife, Luis Diego Cuscoy, mostrándole unas fotos del lugar y trasladándole la alarmante noticia de su inminente desaparición, al haber sido trazado por aquel lugar el paso del canal Barlovento-Fuencaliente, que debía pasar justo a la altura del Roque. Las obras se encontraban en una fase muy avanzada, hasta el punto de que ya se aproximaban a la base del Roque y, además, éste había sido minado y su voladura se iba a realizar en fechas próximas.
La noticia justificó la alarma de Luis Diego Cuscoy, quien, de inmediato, informó de la situación al comisario general de Excavaciones Arqueológicas, Martín Almagro. Su rápida gestión decidió la inmediata intervención del director general de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, quien telegrafió al alcalde de Fuencaliente, Emilio Quintana Sánchez, para detener las obras.
Los trabajos se detuvieron y el Roque Teneguía pudo salvarse conservando el impresionante conjunto de grabados existente, en el que, por entonces, Luis Diego Cuscoy realizó dos campañas, entre 1970 y 1971 respectivamente, obteniendo calcos y fotografías, así como un estudio de técnicas y patinas, además de realizar diversas excavaciones.
El interés del Roque Teneguía es múltiple:
1. Interés geológico.- El Roque de Teneguía es una estructura de fonolita haüynica, de color amarillento pálido. Es una formación geológica muy antigua. Su coloración lo destaca del paisaje negro que lo rodea. El Roque, y otros menores, próximos, son los únicos testigos geológicos de naturaleza fonolítica que se levantan en el vértice S de la isla.
2. Interés botánico o fitogeográfico.- El Roque de Teneguía es localidad única de la “cabezuela” o Centaurea Junoniana. Hay dos grupos de centaureas, las especies del grupo Rubriflorae y las del grupo Flaviflorae. Las primeras se limitan a formaciones geológicas muy antiguas, basálticas y fonolíticas. A este grupo pertenece la Centaurea Junoniana que en escasos ejemplares vive aferrada a las grietas del Roque, el cual constituye su último refugio en la isla.
3. Interés histórico.- La famosa fuente santa, de aguas termales minero-medicinales, es tradición que manaba en las proximidades del Roque de Teneguía. Las Indias de Fuencaliente alude a la riqueza y auge que adquirió el lugar por la gran afluencia de enfermos que desde América acudían a curar sus males en la salutífera fuente, cegada por las erupciones del siglo XVII.
4. Interés arqueológico.- Su cara oriental presenta una cantidad asombrosa de grabados rupestres, más de 150 motivos. Éstos aparecen aislados o formando grupos, forman más de un centenar de motivos, entre los que destacan los meandros y las espirales. Se elaboraron mediante una técnica de picado y/o deslascado.
Se trata de uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de la Isla, en el que no se ha realizado ningún estudio científico riguroso, siendo necesario un análisis interdisciplinar lo más completo posible.
Actualmente, el estado en que se encuentra el Roque es deplorable, roto y resquebrajado, debido no sólo a los seísmos que acompañan a las erupciones volcánicas, sino también porque durante siglos fue la cantera de la que los vecinos cercanos de Los Quemados y Las Indias extrajeron la piedra para construir sus casas, al tratarse del único material disponible entonces para la edificación, ya que el resto del suelo estaba cubierto de lavas, cenizas y arenas. Se calcula que la extracción de piedra pudo comenzar a principios del siglo XVI, fecha que nos aproxima al nacimiento de las primeras casas en Los Quemados y Las Indias.
Históricamente, el Roque ha sufrido mucho para mantenerse en su posición. Una gran cantidad de piedras están rayadas, se suceden los recuerdos de los visitantes en forma de nombres, lo peor es que muchos se realizaron sobre los propios grabados prehispánicos.
Por otro lado, fue afectado por las explosiones que se realizaron para pasar el canal general de aguas justo por debajo, atravesándolo, causa principal de que la zona donde se encuentran los paneles 61,62 y 63 presente un pequeño hundimiento, lo que provocó que los grabados estén desplazados 20º hacia el SE.
Las condiciones lumínicas son fundamentales para poder observar los motivos grabados en las rocas. Muchos pasan totalmente desapercibidos cuando el día está nublado o el Sol asciende hacia el cenit. En las visitas que realizamos a distintas horas nos dimos cuenta que el mejor momento para ver los grabados rupestres es al amanecer y al atardecer con luz casi rasante. Pudimos comprobar in situ como los dibujos de las piedras aparecían con los primeros rayos de sol y desaparecían poco tiempo después.
No pasa desapercibido el hecho de que en cada visita se observan nuevas piedras grabadas.
Siendo conscientes de que son más los paneles y los motivos grabados en sus rocas, en Roque Teneguía estudiamos 78 paneles, de distintos tamaños, que contienen más de 150 motivos rupestres.
1. Roca situada en la base que mide 90X34cm y cuyo motivo es un meandro que gira en espiral, abarcando parte de la roca (43x27cm). Está realizado mediante técnica de picado con surco ancho. Actualmente la roca se encuentra agrietada y el grabado se conserva mal por efecto del desgaste que ocasiona la erosión y los afectos de los musgos y líquenes.
Se orienta a 120º.
2. Se ubica en la base a un metro por encima del anterior sobre una roca de 96x90cm. Contiene 5 motivos espiraliformes y meandriformes que abarcan toda la cara, con tamaños que van desde los 14 cm hasta los 43 cm. Fueron realizados con técnica de picado grueso .También están muy afectado por la erosión y con bastantes grietas.
Los cuatro primeros motivos se orientan a 120º y el último a 70º.
3. Roca situada en la base en medio de los dos anteriores, con un soporte que mide 96x86cm. Los motivos meandriformes son dos y se sitúan en la parte superior de la roca. El primero alcanza un desarrollo de 24x24cm y el segundo de 22x18cm.El tipo de picado es ancho sobre una piedra que presenta rugosidades y grietas en las que han crecido plantas como el tomillo.
Se orienta a 125º.
4. A un metro por encima del número 2, encontramos una roca de 59x84cm con un motivo meandriforme, realizado con técnica de picado grueso, mal conservado y afectado por musgos y líquenes. La roca parece haberse desplazado hacia el S-SO.
Se orienta a 140º.
5. A un metro del numero 3, en dirección sureste, sobre una roca de 53x43cm se talló un motivo meandriforme en círculos de 16x22cm. Está realizado con técnica de picado ancho y se encuentra actualmente bastante deteriorado por rayas que afectan al motivo.
Se orienta a 120º.
6. Una roca (de 26x37cm) pegada a la anterior, en la base del roque, contiene un meandriforme cerrado en círculo que abarca toda la cara. Se ejecutó con técnica de picado ancho y se encuentra desplazado hacia el sureste por presión de la piedra superior.
Se orienta a 160º.
7. Una roca de 65x40cm situada justo encima de los dos anteriores contiene dos motivos:
a- Espiraliforme de 17x21cm situado en la parte superior
b- Meandriforme de 24x21cm situado en la parte inferior.
Ambos se realizaron mediante técnica de picado grueso. Han sido rayados recientemente y presentan un estado de conservación aceptable.
Se orienta a 130º.
8. A muy poca distancia se encuentra una roca, también en la base del roque, que mide 92x81cm con tres motivos:
a- Meandriforme de 33x13cm.
b- Meandriforme de 30x22cm
c- Semicírculos concéntricos de 12x20cm.
Todos están realizados mediante una técnica de picado ancho.
Se orientan a 130º.
9. Roca que presenta una gran erosión en la que podemos observar dos motivos cuyos trazos se pierden en gran parte, por lo que es difícil clasificarlos en cuanto a sus formas. a. Motivo informe que mide 25x30cm
b- Motivo informe, situado en el centro de la roca. Solo apreciamos unos pocos trazos. Presenta rayas recientes.
Se orienta a 130º.
10. Pegado a la anterior se encuentra una gran roca de 98x57cm que contiene un panel formado por 4 motivos meandriformes y espiraliformes que ocupan la mitad sureste de la cara, alcanzando un desarrollo de 50x58cm. Fueron realizados con técnica de picado ancho.
Se orientan a 140º.
11. Muy cerca del anterior se encuentra una piedra de 45x23cm que contiene en la parte inferior de la cara un motivo espiraliforme de 15x15cm. Fue ejecutado mediante una técnica de picado ancho y presenta un estado de conservación bastante malo.
Se orienta a 90º.
12. En la misma base del roque apreciamos una roca de 77x48cm con un grabado compuesto espiraliforme y circuliforme de 36x30cm, elaborado con técnica de picado grueso. Presenta un buen estado de conservación.
Se orienta a 140º.
13. A medio metro del anterior hacia el sur encontramos dos piedras con indicios de grabados en los que se notan algunos trazos sin poder determinar que tipos de formas presentan. Se encuentran muy deteriorados y rayados.
Se orientan a 130º.
14. Piedra de 53x37cm de tamaño con un grabado de tipo semicírculos concéntricos que mide 30x19cm. Se encuentra ubicado en la parte superior noreste y fue realizado mediante una técnica de picado grueso. Presenta una superficie fracturada y su estado de conservación es malo.
Se orienta a 140º.
15. Una roca cercana a la anterior contiene un meandriforme de 35x20 cm. Presenta una técnica de ejecución de picado fino. Se encuentra muy deteriorado por el paso del tiempo.
Se orienta a 135º
16. Superficie que presenta una laja de grandes dimensiones que contiene 5 motivos:
a) herradura de 20x19 cm en la esquina de la parte superior.
b) Dos meandriformes o espiraliformes de 40x30 cm cada uno aproximadamente. Se encuentran muy desgastados y se aprecian muy mal.
c) Dos grabados en los que, debido al desgaste sufrido, no adivinamos su forma y tamaño.
Se orientan a 140º
17. Por debajo se encuentra otra roca de 1x0,80 m. Contiene 3 motivos meandriformes y espiraliformes muy erosionados, ocupando casi toda la superficie . Están realizados con técnica de picado grueso.
Se orientan a 130º
18. Más abajo encontramos otra piedra de 50x48 cm, desplazada de su posición original, presentando una fractura, conteniendo un motivo meandriforme realizado con técnica de picado grueso que ocupa toda la superficie. Actualmente mira al cielo.
19. Hacia el norte, pero formando parte del mismo conjunto que los anteriores, observamos otra roca de mayores dimensiones, también desplazada de su posición original, conteniendo 3 motivos espiraliformes realizados con técnica de picado fino y grueso, muy deteriorados. Miran casi a la vertical.
20. A poca distancia vemos una roca grande de 82x74cm que contiene al menos dos motivos meandriformes y espiraliformes. Los grabados se sitúan en la parte noreste de la superficie de la roca. Se realizaron con técnico de picado fino. La roca estáagrietada en su parte inferior.
Se orienta a 130º.
21. Por encima, al sureste del anterior, a mitad del roque, encontramos una superficie rocosa de 34x45cm con un motivo espiraliforme de 25x21cm, situado en el centro mismo del espacio: Fue realizado mediante una técnica de picado fino. La superficie esta agrietada y se encuentra en mal estado de conservación.
Se orienta a 125º.
22. Muy cerca del anterior, a mitad del roque, hallamos una piedra de 75x32cm con varios motivos meandriformes que ocupan toda la cara. Fueron realizados con una técnica de picado fino. Se encuentran muy deteriorados al ser rayados recientemente, por lo que presentan un mal estado conservación.
Se orienta a 140º.
23. Llegamos a una gran laja 4x1,60m que llega hasta la parte alta del roque, presentando numerosas fracturas y grietas. Fue aprovechada para grabar un buen número de motivos que podemos dividir en tres paneles:
a- Parte inferior. Contiene 5 espiraliforme.
b- Parte central. Encontramos 3 espiraliformes y un meandriforme.
c- Parte superior compuesta por 6 espiraliformes y 4 meandriformes.
Presentan diferentes grados de conservación.
Se orienta a 130º.
24. Hacia el sureste encontramos una roca de 75x31cm que contiene un meandriforme que se cierra a modo circular, muy desgastado, que abarca el total de una cara con medidas de 22x28cm. Combina líneas gruesas y finas, se encuentra bastante deteriorado y presenta rayas recientes.
Se orienta a 140º.
25. Otra laja de 1x0,50 m contiene dos o tres motivos meandriformes o espiraliformes que apenas se notan por la erosión sufrida. Ocupan toda la superficie.
Se orientan a 140º
26. Justo al lado del anterior encontramos una roca de 50x45cm con un motivo que abarca prácticamente toda la cara de la superficie. Se trata de un meandriforme de 47x35cm realizado con técnica de picado ancho, también muy deteriorado, con líquenes y rayas históricas que afectan al motivo.
Se orienta a 140º.
27. A un metro del anterior encontramos una gran roca de 1,20x1,50m situado en la parte media del roque que contiene un solo motivo meandriforme realizado mediante una técnica de picado medio (fino-grueso), mide 30x12cm. Se encuentra afectado por líquenes y en parte apenas se aprecia el motivo.
Gran parte de la cara donde se encuentra el motivo se orienta a 140º y el otro fragmento mira a la vertical.
28. Al lado del anterior encontramos una roca de 69x62cm que contiene un grabado espiraliforme, ocupando prácticamente toda la cara del soporte que mide 24x22cm y realizado mediante técnica de picado ancho. La roca esta un poco agrietada.
Se orienta a 140º.
29. A dos metros hacia el sureste apreciamos otra roca de 38x40cm que contiene un motivo espiraliforme, de 29x25cm, realizado con técnica de picado grueso.
Se orienta a 140º.
30. Encima del anterior encontramos una roca de 93x65cm con un motivo curioso porque se adapta a las formas abombadas de la roca. Se trata de un espiraliforme de 27x28cm realizado con técnica de picado grueso.
Se orienta a 130º.
31. Roca pequeña en la que se grabó un motivo meandriforme de 21x20 cm. Fue tallado mediante una técnica de picado fino.
Se orienta a 250º
32. En la parte media del roque descubrimos un panel de 78x62cm, que contiene un motivo meandriforme cerrado en círculo de 24x16cm. El grabado ocupa la parte superior de la roca y se adapta a las formas del soporte. Fue ejecutado mediante técnica de picado grueso y presenta un buen estado de conservación.
Se orienta a 240º.
33. Justo por encima del anterior existe una plancha pétrea fracturada, de 96x70cm, que contiene un motivo meandriforme de 30x17cm, situado en el centro. Se realizó con técnica de picado grueso y está atacado por líquenes que han invadido el grabado, asi mismo, presenta rayas recientes.
Se orienta a 120º.
34. A muy poca distancia encontramos una superficie de 95x76cm con tres motivos que ocupan toda la roca:
a- Espiraliforme de 12x10cm.
b- Meandriforme de 24x16cm.
c- Combinación de espiral y meandro de 47x12cm.
Están realizados con técnica de picado ancho y la roca presenta fractura que llegan a afectar a los grabados.
Se orienta a 140º.
35. Una laja de 1,60xo,80 m contiene prácticamente toda la superficie grabada con motivos meandriformes y espiraliformes. No sabemos cuantos puede haber debido al deterioro que presenta la superficie. Están hechos con una técnica de picado grueso. Después de una fractura, la piedra continúa con otro tramo también grabado. Parece que el soporte se ha desplazado y los motivos miran al cielo.
36. Roca de 160x120cm que contiene, en la parte superior norte, un meandriforme cerrado en circulo muy deteriorado de 30x40cm, realizado con una técnica de picado grueso.
Se orienta a 120º.
37. Encima del panel numero 27 apreciamos una roca de 60x45cm que contiene un motivo que ocupa la parte central del soporte. Se trata de un meandriforme de 26x25cm realizado con técnica de picado grueso. Parece desplazado de su posición original, se encuentra prácticamente vertical y está rayado.
38. En la parte inferior del roque encontramos una laja que contiene, en la parte superior, un meandriforme de 27x14cm, bastante deteriorado por los agentes atmosféricos. Fue ejecutado mediante una técnica de picado ancho.
Se orienta a 140º.
39. A medio metro de distancia, en la misma laja, encontramos un espiraliforme de 15x13cm. También fue elaborado con mediante una técnica de picado grueso.
Se orienta a 240º.
40. Roca de 70x65cm que contiene un motivo muy deteriorado al que apenas se le ven algunos trazos en forma de espiras. Presenta rayas recientes.
Se orienta a 140º.
41. En la parte media del roque encontramos un soporte de 110x55cm que contiene un motivo meandriforme que ocupa casi toda la cara de la roca. Está realizado con técnica de picado grueso. Se encuentra afectado por líquenes y presenta grietas.
Se orienta a 90º.
42. A dos metros hacia el norte, una roca de 92x90cm contiene tres motivos con dos orientaciones que abarcan las tres caras de la roca.
a- Meandriforme, de 53x39cm, muy deteriorado, realizado con una técnica de picado grueso. Se orienta a 130º.
b- Se trata de una continuación del anterior separado por una grieta que mide 50x25cm y en partes desaparece por los efectos de la erosión. Está realizado mediante una técnica de picado gruesa. Se orienta a 130º.
c- Motivo compuesto espiraliforme y meandriforme, de 48x30cm, también muy deteriorado, realizado con técnica de picado fino. Se orienta a 250º.
43. A un metro por encima encontramos otra roca de 70x72cm que contiene tres motivos:
a- Espiral, de 25x20cm, realizado mediante técnica de picado fino.
b- Meandriforme, de 25x37cm, también ejecutado con técnica de picado fino.
c- Espiraliforme, de 26x12cm, realizado con una técnica de picado algo más ancho que los dos anteriores.
Se orientan a 140º.
44. En la parte superior del roque encontramos una roca de 84x34cm que contiene un meandriforme, de 19x9cm, bastante deteriorado realizado con técnica de picado grueso.
Se orienta a 250º.
45. Roca de 130x80cm que contiene un grabado meandriforme de 18x19cm situado en la parte superior norte de la superficie, realizado con técnica de picado grueso. Se conserva bien.
Se orienta a 140º.
46. Roca suelta, desplazada de su posición original, de 50x37cm, que contiene un meandriforme, de 18x17cm, situado en el mismo centro. El motivo fue realizado con una técnica de picado ancho. No presenta orientación a los solsticios.
47. Roca de 70x56cm que contiene un grabado informe en una de sus caras. Mide 25x27cmy se realizó con una técnica de picado fino. La roca presenta grietas y se encuentra invadida por líquenes.
Se orienta a 150º
48. En la parte superior del roque encontramos un espiraliforme de 30x30cm realizado con técnica de picado ancho y profundo muy afectado actualmente por líquenes.
Se orienta a 65º.
49. También, en la parte superior del roque, encontramos otro soporte de 32x30cm que contiene un motivo meandriforme, abarcando toda la superficie. Fue realizado con técnica de picado grueso. Hoy se encuentra bastante deteriorado.
Se orienta a 120º.
50. Muy cerca apreciamos una roca de 45x40cm con un motivo que abarca toda la superficie. Se trata de un meandriforme realizado con técnica de picado grueso.
Se orienta a 245º.
51. Otra roca, de 74x53cm, contiene un motivo que combina espiral y meandro, de 37x34cm, realizado con técnica de picado grueso. En la actualidad se encuentra invadido por líquenes y presenta rayas recientes afectando a los petroglifos.
Se orienta a 250º.
52. Roca de 87x70cm situada en la parte media del roque que contiene tres motivos espiraliformes de 20x17, 15x21cm y 48x42cm. Se realizaron empleándose una técnica de picado ancho.
Se encuentra desplazado de su lugar original.
Se orienta a 150º.
53. Justo al lado del anterior, formando parte de la misma roca, aunque separada, encontramos un motivo meandriforme, de 20x14cm, que ocupa el centro de la superficie. Se ha realizado con técnica de picado grueso.
Sucede lo mismo que el anterior, se encuentra desplazado.
Se orienta a 150º.
54. Se trata de una roca suelta, de 27x43cm, situada a mitad del roque, que contiene semicírculos concéntricos ejecutados mediante una técnica de picado fino, abarcando toda la superficie de la cara.
Sin orientación a los solsticios.
55. Pegado al anterior hacia el sur observamos otra piedra suelta, de 39x33cm, que contiene un motivo muy deteriorado, sin que sepamos el tipo de geometría que representa. Abarca toda la cara y fue realizado mediante una técnica de picado fino.
Sin orientación a los solsticios.
56. A mitad del roque encontramos una piedra, de 56x43cm, que contiene un motivo espiraliforme de 14x13cm realizado con técnica de picado grueso.
Se orienta a 120º.
57. Roca suelta, de 81x40cm, en la que se grabaron dos motivos:
a- Meandriforme que se cierra en círculo, de 21x10cm, tallado mediante técnica de picado ancho. b- Meandriforme, de 19x17cm, realizado con técnica de picado fino, cuya superficie presenta rayas recientes.
Sin orientación a los solsticios.
58. Piedra, de 87x67cm, que contiene un meandriforme, de 26x20cm, realizado con técnica de picado grueso. Está afectada por grietas e invadida por líquenes.
Se orienta a 130º.
59. En la parte inferior del Roque encontramos una piedra, de 27x26cm, que contiene un meandriforme, ocupando casi toda la superficie: El motivo se ejecutó mediante una técnica de picado fino.
Se orienta a 125º.
60. Cerca del anterior encontramos una laja alargada, de 5,10x0.40m, que contiene siete motivos:
a- Espiraliforme, de 20x16cm, ejecutado con técnica de picado grueso.
b- Combinación de meandriforme y espiraliforme, de 21x15cm, con técnica de picado fino.
c- Meandriforme circular,de 24x23cm, realizado con técnica de picado fino.
d- Espiraliforme, de 14x12cm, realizado con técnica de picado fino.
e- Meandriforme a modo de espiral, de 17x13cm, realizado con técnica de picado fino.
f- Meandriforme, de 17x21 cm, ejecutado mediante una técnica de picado grueso.
g- Circuliforme, de 12x10cm, de picado fino.
En general su estado de conservación es relativamente malo y presenta rayas recientes.
Es muy peculiar, pues la roca se proyecta en dirección al equinoccio y eso fue lo que motivo que fuera totalmente grabada en toda su superficie.
En La Palma sólo se ha constatado otro caso de orientaciones a los equinoccios en La Fajana (El Paso).
Se orientan a 100º.
61. Hacia el S-SE notamos la presencia una laja inclinada de 1,78x1,34m, a unos 5m de la parte del Roque volada para pasar el canal de agua, en cuya parte central se grabaron varios motivos:
a- Meandriforme a modo circular, de 22x23cm, hecho con una técnica de picado grueso y profundo.
b- Meandriforme a modo circular, de 27x23cm, también de picado ancho y profundo.
c- Espiral, de 16x18cm, realizada con un picado grueso y profundo.
d- Motivo que no logramos descifrar su forma por el mal estado de conservación.
Se orienta a 150º.
62. Laja pegada a la anterior por la parte inferior del roque, de 138x94cm, que contiene tres motivos más o menos centrados:
a- Espiraliforme, de 12x12cm, realizado con técnica de picado muy ancho.
b- Espiraliforme, de 13x14cm, con un picado muy ancho.
c- Meandriforme, de 30x20cm, también con un picado muy ancho.
Se orienta a 150º.
63. Roca que mide unos 120x65cm que contiene dos grabados:
a- Meandriforme, de 37x33cm, ejecutado con una técnica de picado muy grueso.
b- Meandriforme, de 39x14cm, también realizado con una técnica de picado grueso.
La superficie se encuentra afectada por grietas y rayas recientes.
Se orienta a 150º.
64. En dirección al poniente apreciamos una roca pequeña que contiene una espiral, de 6x8cm, realizada con técnica de picado grueso y ancho.
Se orienta a 140º.
65. Roca suelta, de 79x49cm, que contiene un espiraliforme, de 30x21cm, realizado mediante técnica de picado fino, ocupando la parte central de la superficie. Se encuentra rayado.
No presenta orientación a los solsticios.
66. Muy cerca de unas grietas encontramos una roca voluminosa que contiene, en su parte semivertical (oblicua), una espiral, de 12x11cm, realizada con técnica de picado fino.
Sin orientación a los solsticios.
67. Otra piedra de 56x36 cm, a mitad del Roque, presenta un meandriforme realizado con técnica de picado grueso, bastante deteriorado por los agentes erosivos.
Se orienta a 250º
68. En la parte alta del Roque encontramos una roca, de tamaño medio, fracturada con un espiraliforme mal conservado, de picado ancho.
Se orienta a 130º.
69. Nos desplazamos hacia el poniente, a tres metros del final del Roque, para encontrar una laja que contiene un motivo espìraliforme de 25x25 cm, mal conservado. Fue tallado mediante técnica de picado grueso. La superficie está llena de rayas modernas que han afectado el panel.
Se orienta a 170º
70. A unos 5 metros de distancia, por arriba, nos topamos con un panel que contiene dos motivos:
a- Espiraliforme de 20x20 cm, sobre una roca partida en dos, desplazada de su posición original. El grabado fue realizado sobre una superficie con abultamientos y se conserva relativamente bien. Para su ejecución se recurrió a una técnica de picado ancho y profundo. Se orienta a 50º.
b- Espiral pequeña, de 6x6 cm, pegada al anterior, realizada con técnica de picado grueso. Se orienta a 50º.
71. Otra roca al lado de la anterior contiene un motivo en forma de herradura, de 28x20 cm, realizada con técnica de picado ancho y profundo.
Se orienta a 300º.
72. Por encima del panel 62, encontramos una roca con una cara donde apreciamos un espiraliforme, de 20x18 cm, realizado con técnica de picado grueso y superficial. Su estado de conservación es bastante malo.
Se orienta a 260º
73. A tres metros hacia el O/NO, vemos un motivo muy desgastado que parece un espiraliforme, de 20x20 cm. Fue realizado con una técnica de picado fino.
Se orienta a 300º
74. Volvemos a la parte alta del Roque para encontrarnos una roca desprendida que contiene una cara grabada con dos motivos unidos espiraliforme y meandriforme, de 37x20 cm, realizados con técnica de picado fino. Actualmente mira al cielo.
75. Después de atravesar una grieta en el Roque encontramos un grabado meandriforme en herradura, de 34x28 cm, muy bien conservado, sin presentar pátina, que fue tallado recientemente con la misma técnica aborigen de picado. No es prehispánico.
Se orienta a 180º.
76. A poco más de un metro, por encima, encontramos un espiraliforme, de 13x13 cm, muy mal conservado. Pudimos observar que se realizó con una técnica de picado fino.
Se orienta a 250º.
77. A un metro del acantilado, en una zona de grandes desprendimientos y desplazamiento de rocas, encontramos una roca, de más de un metro de diámetro, voluminosa con un motivo en forma de herradura, de 18x16 cm, realizado con técnica de picado grueso, sobre un abultamiento que presenta la cara de la piedra. Mira hacia el cielo.
78. A un metro hacia el Oeste, en el vértice de una grieta del Roque, encontramos una roca con un escalón, en cuyo rebaje se grabaron unos trazos anchos y profundos, formando bandas a modo meandriforme, de 20x18 cm.
Se orienta a 210º.
Los motivos podemos diferenciarlos, por sus formas, en 7 categorías:
a) 67 meandriformes.
b) 59 espiraliformes
c) 5 compuestos (espiral-meandro)
d) 3 semicírculos concéntricos
e) 3 herraduras
f) 1 circuliforme
g) 7 informes (no apreciamos la forma por el desgaste de la roca)
Diferenciamos 3 tipos de técnicas de picado de la superficie de la piedra:
1) Picado grueso (ancho) del surco. 117 motivos
2) Picado medio. 4 motivos
3) Picado fino. 24 motivos
Orientaciones
En cuanto a las orientaciones, podemos confirmar la existencia de marcas sobre los cuatro pilares solsticiales y los equinoccios. Los resultados por paneles son los siguientes:
1) 41 dirigidos intencionadamente al lugar por donde sale el Sol (el relieve cercano) durante el solsticio de invierno.
2) 4 que se proyectan hacia el lugar por donde sale el Sol (concretamente sobre el Volcán de San Antonio) durante el solsticio de verano.
3) 10 que miran al lugar por donde se pone el Sol (sobre el mar) en el momento del solsticio de invierno.
4) 2 paneles que van en la dirección de la puesta de Sol (sobre el mar) durante el solsticio de verano.
Encontramos 19 paneles que no presentan orientación con los solsticios. Para ello tenemos una clara explicación. Algunos (5 paneles) están sobre rocas sueltas que se han desprendido de su ubicación original, coincidiendo en su disposición con alguna de las tres grandes grietas que presenta la mole pétrea del Teneguía. El resto (17 paneles) se concentran en un lugar muy determinado del Roque, justo en la parte baja más septentrional, cercana a la finalización del Roque, sobre el agujero que se hizo para pasar el canal general que atraviesa el Roque. Pensamos que los temblores que preceden a las erupciones volcánicas o, con mayor seguridad, las explosiones provocadas para la citada canalización, terminaron por agrietarlo y hundirlo, pues las orientaciones de los paneles afectados presentan la misma desviación gradual (150º LN).
Hemos demostrado, con nuestro trabajo, que los petroglifos proyectan una imagen cósmica manifiesta en los días de los solsticios y equinoccios. Algo que también ocurre en los numerosos yacimientos awara dispersos por la geografía insular.
Enormemente agradecido, satisfecho y orgulloso del buen trabajo realizado por Sandra Afonso, Arancha Afonso, Francisco Felipe, Inma Morera, Tatiana Sánchez, Lara Sánchez, Fiamma Machín, Iraisa González y Natalia Cabrera.
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Roque Teneguía: un vínculo entre la tierra y el cielo
Más de 150 grabados rupestres se tallaron en las piedras de este roque de color amarillento que se sitúa en la zona más meridional de la isla de La Palma.
El video es una parte visual de un proyecto patrimonial realizado por 9 alumnos de 4º ESO del "IES Las Breñas" (isla de La Palma), siendo galardonado con el Premio Fernando Cabrera de Astronomía 2008.
FELICIDADES
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lunes 23 de junio de 2008
esquema de las principales actividades estacionales
La sociedad awara, constreñida a un espacio reducido como es una isla, estableció unos mecanismos de subsistencia adatados a las condiciones del clima y la altitud.
1 Período seco. Se produce entre mayo y octubre.
2 Recogida de frutos.
3 Pastoreo de cumbre.
4 Apareamiento de los animales domésticos. Especialmente cabras y ovejas.
5 Rituales estivales
A Período húmedo. Entre noviembre y abril.
B Pastoreo de costa.
C Cría de ovejas y cabras. Alimentación con pastos frescos.
D Rituales del Año Nuevo.
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Cambio climático en la prehistoria de La Palma
El hombre, de siempre, ha vivido a merced de las variaciones climáticas, adaptándose a los diferentes ciclos, al frío, al calor, a la humedad o a la sequía. El clima es, por lo tanto, un catalizador de la historia humana.
Anota el arqueólogo y antropólogo Brian Fagan que alrededor de 3.800 a.C., el clima se tornó repentinamente más seco, una tendencia que afectó la región del sudoeste de Asia y el mediterráneo oriental durante más de 1.000 años. El clima se volvió más inestable y las aldeas sufrieron ciclos de sequías. En consecuencia el Sáhara conoce un gran período de calentamiento y de aridez extrema que obliga a sus habitantes a depender del ganado y a desplazarse en busca de alimento y agua. Las reses se convirtieron en su verdadera riqueza.
Hacia el año 800 a.C., el clima europeo se tornó abruptamente más frío y húmedo. Fue un repentino enfriamiento que originó grandes cambios en la vegetación, en los que los bosques cedían el sitio a los pastizales. Para el año 500 d.C., las condiciones eran aun más frías. La frontera entre las zonas continental y mediterránea estaba otra vez sobre África del Norte. Y hasta llegó a formarse hielo en el Nilo durante el invierno de 829 d.C. El motivo tal vez fuera una gigantesca erupción volcánica en el año 535 de nuestra era, lo que produjo la más densa y persistente niebla seca que haya sido registrada en la historia. Afectó prácticamente a todo el planeta.
En el año 900 d.C. y durante los cuatro siglos siguientes (denominado Óptimo Climático Medieval), el ecotono mediterráneo se desplazó una vez más hacia el norte y las temperaturas subieron de tal manera que los viñedos llegaron a prosperar en el sur y el centro de Inglaterra.
Las grandes lluvias de 1315 marcaron el comienzo de lo que los climatólogos llaman la Pequeña Era Glacial, un período de seis siglos de constantes cambios climáticos. La actual tendencia al calentamiento comenzó alrededor de 1860.
Resumiendo los datos expuestos hasta ahora y a pesar de que no sabemos el verdadero alcance de las variaciones del clima en Canarias, podemos diferenciar de una manera muy general, siempre a modo orientativo, cinco etapas climáticas durante el tiempo que el hombre se asentó en estos peñascos atlánticos. Las tres primeras se dieron exclusivamente durante la prehistoria, la cuarta abarca el tránsito de la prehistoria a la historia española:
1.- Entre el instante del primer poblamiento de Canarias (siglos III o II a.C.) y el 500 d.C., el clima canario era más frío que en la actualidad.
2.- Entre los siglos VI y X, las condiciones ambientales eran todavía más frías.
3.- Entre los siglos X y XIV, las temperaturas subieron incluso por encima de las actuales.
4.- Esta etapa corresponde a la transición entre la prehistoria y la historia. Comienza en 1315 con una nueva bajada de las temperaturas que dura hasta mediados del siglo XIX. En esta etapa el Ebro llegó a congelarse siete veces, incluso nevó en Santa Cruz de La Palma el 27 de diciembre de 1627.
La mayor parte de estos cambios se deben al desplazamiento del conocido como Anticiclón de las Azores a latitudes más septentrionales, generando una dinámica atmosférica diferente. Los vientos alisios perderían protagonismo y otras masas de aire de diferente procedencia serían más frecuentes. Evidentemente, esto produciría cambios en el tiempo atmosférico e incluso, en la disposición de la vegetación. Dada la particular situación geográfica del Archipiélago, cualquier alteración brusca, como una disminución de las precipitaciones, podría generar en las islas un proceso de desertificación. En caso contrario, un aumento de la humedad provocó alteraciones bruscas con tormentas como la sucedida antes de la conquista castellana en el Barranco de Aguacensio, descrita por el franciscano Abreu Galindo y su trágica repetición en 1957.
La primera ocupación de la isla de La Palma, al igual que el resto de Canarias, fuera como fuere, no ocurrió como una invasión ordenada. Los nuevos colonos llegaron por mar como grupos reproductiblemente viables. Se improvisó una ocupación, bien consentida o forzada, con poco tiempo para adaptarse a las nuevas condiciones medioambientales. Su número era escaso y pronto se dispersaron, adaptándose a los microclimas tan importantes en islas como La Palma. Estos primeros awara fueron gente dura, estoicos, capaces de sobreponerse a un lugar extraño, acomodándose a las temperaturas cálidas de la costa y gélidas de las cumbres.
Una de las claves del cambio climático la podríamos encontrar en los 13 amontonamientos de piedras que se encuentran por debajo de los 2.000 m de altitud: dos en Pico Corralejo (Santa Cruz de La Palma), cuatro en Cabeceras de Izcagua I (Garafía), cuatro en Novanillo, dos en Llano Las Ánimas (Puntagorda) y uno en Cabeceras de Garome (Tijarafe).
amontonamiento de piedras de Izcagua A
La gran mayoría (más de 50) se encuentran por encima de los dominios del pinar, abiertos al cosmos, vigilando la aparición del sol que marca el inicio del Nuevo Año (21 de diciembre). Ahora la pregunta es la siguiente ¿Por qué unos pocos amontonamientos de piedras están hoy integrados en el pinar?
Una buena respuesta o posibilidad estaría relacionada con un descenso de temperaturas y humedad entre los siglos VI y X que obligó al retroceso de los bosques a cotas inferiores, facilitando el desarrollo del matorral. Otro dato de interés es el arqueológico, al constatarse la presencia de restos cerámicos de las fases IIIc y IIId en dos amontonamientos, bien datados en torno a las fechas anteriormente expuestas.
La imagen marca los posibles antiguos confines del bosque de pinar. La línea azul es el límite de los 1.900 m. Los puntos blancos representan los lugares donde se encuentran los amontonamientos de piedras.
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jueves 19 de junio de 2008
Canales y cazoletas en Montaña de La Negra (Puntagorda)
La parte alta de la montaña tiene forma de lomo, prácticamente lineal, con dirección noroeste; esto es, en la misma trayectoria del lugar exacto por donde se pone el Sol en el momento del solsticio de verano. A pesar de que no contiene buenos soportes para tallar canales y cazoletas, los pocos que constan están bien aprovechados. En concreto, aunque puede albergar algún otro, existen tres pequeños resaltes rocosos de tosca volcánica en los que se labraron algunos canales de pequeño desarrollo y cazoletas también de pequeño tamaño.
* La Negra I. Se asienta en la ladera izquierda y se compone de un canal de 45 cm de largo que gira a derecha e izquierda, unos 6 cm de ancho y 2 cm de profundo, muy irregulares. El canal tiene un ramal de unos 15 cm de desarrollo. La canalización principal culmina en una cazoleta de 7 x 6 cm de diámetro y 8 cm de profunda.
Este canalillo pasa por una pequeña cazoleta, rellena de tierra, de 9 x 10 x 3 cm y culmina en otra de forma rectangular que corona la tosca. Mide 11 x 13 x 7 cm.
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jueves 29 de mayo de 2008
El cielo representado en los grabados rupestres
Según Federico González, que ha estudiado las relaciones cósmicas de las culturas precolombinas americanas, para las sociedades tradicionales y primitivas el símbolo constituye (y toda expresión o manifestación, ya sea macro o microcósmica, es simbólica) una señal real que se produce dentro de un conjunto de caracteres igualmente vivos que se entrelazan y relacionan entre sí a través de la pluralidad de sus significados, conformando un lenguaje o código cifrado propio y revelador con el que además cohesionan a la comunidad en que se manifiestan. Esto se debe a que tanto el símbolo como el mito o el rito son el puente entre una realidad sensible, perceptible y cognoscible a simple vista y el misterio de su auténtica y oculta naturaleza que es su origen.
Los pueblos arcaicos y tradicionales han utilizado fundamentalmente al símbolo como forma de comunicación, lo que establece una perpetua relación entre el propio signo y la cosa simbolizada. Todos sus conocimientos se expresan simbólicamente porque sus símbolos sagrados manifiestan, de modo real y verdadero, las energías que ellos representan y de las que son mediadores. El símbolo es mágico en virtud de la analogía que lo liga indestructiblemente (y lo identifica) con aquello que está simbolizando. Entre estos símbolos son de extraordinaria importancia mágica y sagrada las figuras geométricas, que toda sociedad arcaica ha conocido y con los que ha simbolizado el cosmos. Para las culturas canarias ancestrales este rito universal es ejemplificado en la bóveda celeste por el Sol, la Luna y otros planetas y estrellas, así como por sus ciclos de aparición y desaparición, muerte y resurrección, de los que la tierra y el ser humano dependen, ya que han visto en ellos la manifestación más alta de los modelos o arquetipos universales y eternos en los que fundamentaron su cosmogonía.
Representaciones simbólicas de la forma cósmica aún son actuales en distintos ritos, ceremonias y concepciones, y se hallan en perfecta correspondencia con otras cosmogonías, vivas y muertas, que sintetizaron con estos símbolos su filosofía y visión del mundo. Las diferentes formas geométricas que salpican la geografía insular de la isla de La Palma son símbolos de ascenso y un medio de comunicación con el cielo. Representan un todo continuo, sin principio ni fin.
En pocas sociedades tradicionales es tan notoria la obsesión de simbolizar y agrupar todas las ideas fundamentales de su religión, consistente en agrupar a todos los seres según los puntos solsticiales y/o de abajo arriba. Un grabado rupestre es una forma sagrada como lo es el cosmos.
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lunes 19 de mayo de 2008
La cerámica en la tradición awara y su paralelismo con la Kabilia bereber
Las herramientas cotidianas son una importante manifestación de unos usos y costumbres de los pueblos. Los utensilios fueron realizados con los propios materiales que la naturaleza les podía ofrecer: madera de sus árboles, pieles y huesos de sus animales, piedras de origen volcánico y barro al que dieron forma para lucirse con unas joyas artísticas de primer orden: la cerámica, destacada por su espectacular ornamentación. El sistema decorativo fue perfeccionándose con el paso del tiempo hasta alcanzar su máxima expresión entre los siglos XI y XV.
Su presencia en las estratigrafías nos ha permitido esbozar una cronología relativa fundamental para integrar el resto de los elementos culturales que caracterizaron a los hombres y mujeres que poblaron esta tierra insular.
En la filosofía bereber existencialista sigue presente el mito del universo caracterizado por una organización "cósmico-natural" que refleja el orden cósmico del poder celestial. Por ello, la evolución depende del movimiento de las estrellas no del hombre ni de la mujer.
La vida social se basa en un modelo de apoyo mutuo que requiere una base familiar sólida, aceptar las responsabilidades de unos y otros, que se extiende a través de toda la comunidad. La diferencia entre los géneros y sus diversas tareas y funciones no dan lugar a una relación de poder entre hombres y mujeres. Las mujeres se convirtieron en los guardianes de la cultura. Las sociedades matriarcales son siempre matrilineales, y en estas sociedades los medios de subsistencia están en manos de mujeres. El hombre tenía como dedicación el cuidado de los animales.
La alfarería actual en la Kabilia bereber argelina es totalmente creada por mujeres. Sus diseños son codificados con signos secretos que contiene una antigua cosmología de conocimiento sagrado femenino, transmitidas de madre a hija. No podemos asegurar lo mismo para el pueblo awara, pero seguro que no estamos muy lejos. Los antiguos habitantes de la isla de La Palma modelaron vasijas de barro con formas y decoraciones originales: combinando rayas, semicírculos, puntos… producto de una evolución propia, en base a sus creencias religiosas. La más parecida es la de Gran Canaria.
Las artes tradicionales como la cerámica, insisten en ritos y prácticas que sirven para construir y contribuir a las mágicas relaciones y la unidad de géneros. Para fabricar la cerámica, la mujer bereber no usaba ni rueda ni horno. Las piezas se modelan a mano y son cocidas al aire libre en agujeros excavados en el suelo. Los motivos geométricos que decoran las piezas llevan un significado simbólico cuyo origen se remonta a la época neolítica y estuvo presente en todos los continentes. La funcionalidad y la belleza de estos objetos se incrementan por su dimensión sagrada atemporal. Reunir la variedad de objetos existentes nos permite observar que los mismos patrones geométricos se van repitiendo con las variantes dada por cada alfarera. Estos motivos fueron transmitidos a través de los tiempos de acuerdo a un poder mágico-religiosos como es la preservación de sí mismo y de las especies, la fertilidad de la tierra y el hombre, representaciones del sol y la tierra, ritos de muerte, magia de protección, talismán contra los malos espíritus, etc. Hoy en día, su significado concreto se ha perdido.
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sábado 3 de mayo de 2008
Viajar en el tiempo y desvelar secretos de una antigua identidad
Andando hacemos identidad, profundizando en el conocimiento acerca del pensamiento y la vida de nuestros antepasados los awara, también hacemos identidad.
está la puerta del Sol.
Después de tantos caminos andados,
ahora se lo que soy".
…………………………….
"Busqué lo que tantos hombres buscaron
por los siglos de los siglos, amén.
Ahora se que la eternidad
unifica al Sol y al mar".
…………………………………….
"Se puede atravesar la puerta del misterio y ser eternidad".
Carlos Catana
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viernes 28 de marzo de 2008
Los solsticios, las puertas del cielo
Majestuosa aparición solar por Roque Chico durante el solsticio de invierno
Ya no tenemos ninguna duda, la religión awara está relacionada con el ciclo del año; esto es, con una representación a nivel cosmológico de las creencias en el ciclo del nacimiento, vida, muerte y renacimiento.
Los solsticios son los momentos del año en los que la posición del Sol sobre la esfera celeste alcanza sus posiciones más boreales o australes. Marcan los dos puntos de la esfera celeste en la que el Sol alcanza su máxima declinación norte y su máxima declinación sur con respecto al ecuador celeste. La existencia de los solsticios está provocada por la inclinación axial del eje de la Tierra. En esos momentos la longitud del día y la altura del Sol al mediodía son máximas (en el solsticio de verano) y mínimas (en el solsticio de invierno) comparadas con cualquier otro día del año.
Los solsticios determinan las dos grandes fases en que la naturaleza ofrece los cambios y contrastes más notables y opuestos: fenómenos sorprendentes siempre admirables que, bajo distintas formas y alegorías, han conmemorado todos los pueblos. Desde siempre, el hombre se ha dado cuenta que desde un punto fijo, a lo largo del año, la posición del Sol no es la misma, cambia y se mueve hacia el sur o hacia el norte, indicando el incremento o decrecimiento del largo de los días.
La humanidad, desde los más remotos tiempos, descubrió que el firmamento tenía dos puertas, una al norte y otra al sur, las mismas que servían al Sol de límite al curso de su aparente recorrido por la bóveda celeste, para dar lugar a los solsticios de invierno y de verano. Está confirmado en las antiguas civilizaciones e incluso en pueblos nómadas como los beréberes.
Hemos heredado complejas metáforas astronómicas, que representan a la vez figuras arquetípicas, conocimientos que han perdurado y han sido transmitidos a la humanidad a través de muy diversas vías, como el arte, los mitos y leyendas de los pueblos del mundo. Y lo hemos encontrado en la arqueología canaria por medio de la ubicación y disposición geográfica de sus santuarios.
El cosmos necesita renovar periódicamente su propia vida. Siempre de acuerdo con su cosmología, es el monumento solar el que dicta la orientación de todos los otros. El Sol, en su marco celeste, era el principio divinizado que marcaba de modo indeleble y absoluto el pensamiento religioso.
Los seres humanos en épocas prehistóricas construyeron los monumentos para conmemorar los solsticios de invierno y verano en todo el mundo. En particular la observación de la posición aparente del disco solar en el transcurso del año permitió establecer una relación, temporal y espacial, entre accidentes del horizonte local y varias fechas de gran importancia astronómica y religiosa.
La geografía física es entendida desde la perspectiva solar. La orientación se basa en el eje donde nace y muere el Sol durante los solsticios. Es una forma de organizar el espacio basado en el tiempo y viceversa. Tiempo y espacio en la misma unidad.
La existencia de actividades relacionadas con el solsticio es universal. En esencia, la presencia de alineaciones análogas en sitios similares puede rechazar la hipótesis de alineaciones astronómicas, no intencionales, con un alto nivel de confianza.
El solsticio de invierno, marca el momento en que el tiempo se detiene; el presente se manifiesta en un instante de eternidad, absorbiendo el pasado que ya no existe y el futuro que todavía no existe. Es la puerta de la diosa madre Abora. En la isla de La Palma lo podemos confirmar en los amontonamientos de piedras que se encuentran en las cumbres de la Caldera de Taburiente. No puede ser de otra manera puesto que esos espacios altos son del dominio de los dioses.
El solsticio de verano, es la culminación del trayecto solar hacia la puerta norte. En un principio se creía que el Sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano para simbolizar el poder del Sol y ayudarle a renovar su energía. Se encendían fogatas, se organizaban procesiones con antorchas, a menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del Sol. Creemos que en Canarias sucedía algo parecido. Esta era la puerta de los hombres, por eso en La Palma se construyeron unos santuarios de cazoletas y canales sobre soportes de tosca que siguen una dirección determinada hacia la puerta del verano, en los que se ritualizaba el alimento líquido que se ofrecía a Abora. Este tipo de yacimientos se fundaron en las zonas costeras, en los dominios de los poblados permanentes.
“Los solsticios aparece aquí como los ejes en torno al cual rueda el entero universo, el axis mundi . Plinio, por ejemplo, emplea la expresión cardo anni para indicar el solsticio, o sea, el punto celeste que es propiamente el “gozne” de la rueda cósmica. Representa circum, “en torno”, cosa que nos da el término annus para “circulo”, “anillo”, para indicar el movimiento circular del tiempo transcurrido por sus doce estaciones.
La función de axis mundi es importante y nos envía al carácter primordial de dios, a la “unicidad”. Todo ello tiene una evidente ligazón con el simbolismo del año, más precisamente con las dos mitades del año obtenidas por la intersección de una ideal línea axial que delimita las dos “puertas del cielo”, los “”sacrificios" de los que hablaba Ovidio en Fastos, I, 125.
Para comprender bien este punto hay que recordar que el ciclo anual se especifica en los dos momentos fundamentales del recorrido solar, el descendente, desde el solsticio estival hasta el invernal, y el ascendente, del solsticio invernal al estival, según un ciclo que indefinidamente retoma tal vicisitud cósmica.
Los semiperíodos así obtenidos constituyen las dos mitades del año. Los atributos de los símbolos ligados al Sol no son otra cosa que una especificación “personalizada” de ese ciclo” (www.euskalnet.net/graal/danajano.htm).
Esto explica también, desde el punto de vista de su significación cósmica, las palabras de San Juan Bautista, cuyo nacimiento coincide con el solsticio estival: "Él [Cristo, nacido en el solsticio de invierno] conviene que crezca, y yo que disminuya". (San Juan, III, 30.)
Refiriéndose al hemisferio norte, decía Renè Guénon, a mediados del siglo pasado, en Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada: “Hemos dicho que las dos puertas zodiacales, que son respectivamente la entrada y la salida de la “caverna cósmica” y que ciertas tradiciones designan como “la puerta de los hombres” y “la puerta de los dioses”, deben corresponder a los dos solsticios, debemos ahora precisar que la primera corresponde al solsticio de verano, es decir, al signo de Cáncer, y la segunda al solsticio de invierno, es decir, al signo de Capricornio”.
La tradición cristiana retoma a Juno romano (solsticio de invierno) como Señor del Tiempo y dueño de las llaves que abren las puertas de la iniciación a los humanos, figurado en San Juan (solsticio de verano). Es fácil comprender, entonces, que las llaves de Jano son en realidad aquellas mismas que, según la tradición cristiana, abren y cierran el “Reino de los cielos”, con dos llaves, una de oro y otra de plata, que eran también, respectivamente, la de los “grandes misterios” y la de los “pequeños misterios”. En el imperio romano, la personificación del concepto era el dios Janus, cuyo nombre significa “puerta”. Posteriormente, en la tradición cristiana, esa alegoría la representó San Pedro.
En La Palma, las dos puertas solsticiales están separadas por casi 60º de arco. En las cumbres de la Caldera de Taburiente, desde Fuente Nueva (Garafía) hasta Pico Palmero (Tijarafe), se encuentran algunas de estas puertas en aquellos lugares precisos donde se encuentran los axis, ejes o puntos sagrados por donde penetrar (señalados en el espacio mediante amontonamientos de piedras).
De todo esto sabe mucho también la masonería, cuya base de conocimiento se esconde tras las puertas del cosmos. Estos datos recopilados constituyen un acicate para la investigación de los masones interesados en incrementar el caudal de sus conocimientos. Un ejemplo clarísimo son las famosas pirámides de Guimar (isla de Tenerife), construidas por un masón en el siglo XIX.
Primer rayo de Sol durante el solsticio de invierno desde los amontonamientos de Cabeceras de Izcagua I
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viernes 21 de marzo de 2008
Marcador astronómico solar de Cabeceras de Izcagua (Garafía)
Esto es un adelanto de uno de los descubrimientos más importantes de la prehistoria insular.
Después de varios años de trabajo, el proyecto "Iruene-La Palma" ha podido demostrar las alineaciones de amontonamientos de piedras con los momentos del orto solar durante los solsticios y equinoccios sobre las cumbres de la Caldera de Taburiente, confirmando la existencia de un marcador astronómico solar, a 2.100 m de altitud.
"abrir la puerta nos permitió entender"
"donde se abren las puertas del cielo"
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miércoles 19 de marzo de 2008
¿Hacia donde miran los grabados rupestres de La Palma?
”Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen: "no veo nada"
Estas palabras de Dan Sperber resumen las nuevas formas en la investigación de nuestra prehistoria, vienen a sintetizar el camino o la tendencia de una contemplación que va más allá de las ideas preconcebidas de los expertos, gracias a la capacidad de mirar la realidad sin prejuicios. Si bien la experiencia capacita para evaluar adecuadamente una nueva propuesta, a su vez está también más condicionado por esa misma experiencia para sugerir ideas nuevas. La confianza excesiva en la experiencia provoca que la realidad cristalice como el hielo y nos resulte difícil cambiarla.
Se ha perdido mucho tiempo describiendo los tipos de soportes, las formas geométricas dibujadas en las rocas, la técnica de ejecución, el tipo de picado, la profundidad, la anchura de las espiras… En definitiva, el envoltorio, sin mirar el contenido, lo que proyectan esas manifestaciones rupestres.
E n la isla de La Palma se contabiliza ya más de 300 estaciones de grabados rupestres, con más de 11.000 motivos de formas geométricas. El análisis de estudio, como es obvio, lo hemos basado en los depósitos ejecutados sobre soporte fijo, aquellos que no han sufrido ningún desplazamiento de su posición original, abarcando casi dos tercios (un 70 %) del total de las estaciones rupestres.
El proyecto “Iruene-La Palma” ha entrado en la penumbra del misterio pudiendo confirmar la existencia de un principio o sistema coherente de orientaciones de estaciones rupestres que lo rigen de una manera casi absoluto (A) con tres excepciones (B, C, D):
A. Las puertas del cosmos, los cuatro puntos cardinales, coincidentes con la salida y la puesta de Sol durante los solsticios (noreste/sureste/suroeste/noroeste). Suponen más del 99 % de los casos, correspondiendo aproximadamente un 70 % al solsticio de invierno y un 30 % al solsticio de verano.
B. La dirección equinoccial apenas está presente en dos lugares, con sendos paneles verdaderamente espectaculares. Uno de ellos se encuentra en el Lomo de La Fajana (El Paso) como parte de un compartimento, con un número importante de motivos espiraliformes, meandriformes y circuliformes, que mira en la dirección por donde se pone el Sol durante los equinoccios. El segundo caso lo encontramos en el Roque Teneguía (Fuencaliente), mediante un bloque de piedra alargado y estrecho, de 5,10 x 0,40 m, totalmente relleno con más de 10 petroglifos meandriformes y espiraliformes que sigue una clara alineación con el lugar exacto por donde sale el Sol en los equinoccios. Laja rellena de petroglifos en Roque Teneguía (Fuencaliente) que alarga su destino hacia la salida del Sol durante los equinoccios
C. Con algunas montañas emblemáticas de la Isla como Pico Bejenado (El Paso), desde el Lomo de La Fajana y El Cementerio, y Pico de La Nieve (Santa Cruz de La Palma), desde el santuario rupestre de la Erita.
D. Al cielo. En algunos de estos “templos al aire libre” donde se concentran abundantes grabados rupestres, podemos localizar ciertos petroglifos que se sitúan sobre la cara de la roca que mira en la vertical (entre otros, La Erita, Cabeceras de Izcagua o Las Lajitas, en las cumbres de La Caldera).
Estos tres últimos casos (B,C,D) suponen menos del 1 % del total de las orientaciones.
Los grabados rupestres de La Palma, realizados en otros tiempos, son para disfrutarlos, vivirlos, sentirlos, siendo difícil explicar a otros su significado. Fuera de lugar, los significados están muertos. Si no somos capaces de llegar a establecer una definición cerrada y definitiva, pues la evanescencia del símbolo no se deja atrapar en una fijación y delimitación conceptual, a lo mejor si que podemos encontrar un diálogo, los principios y el sistema coherente que lo rigen.
La terrible variedad de significados que los arqueólogos han dado a los grabados rupestres de Canarias son verdaderos “castillos en el aire”. No se ha tenido en cuenta la mentalidad antigua, la representación de un conocimiento sociocultural mítico. Los símbolos enmascaran y revelan, esconden y manifiestan; no significan por sí mismos y se manifiestan como centro sagrado constitutivo de la identidad colectiva que proporciona interpretaciones del mundo de tipo cosmológico que sólo podemos observar desde los propios yacimientos.
Artículo publicado en el periódico "La Voz de La Palma" nº 298. Marzo de 2008.
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lunes 10 de marzo de 2008
El tratado de la prehistoria desde la sociología
Como han podido comprobar los que se han acercado a nuestro trabajo, los campos científicos que toman como punto de partida el estudio del hombre son variados, aunque cada uno de ellos haga diferente énfasis sobre sus diversos aspectos. Los resultados obtenidos son compatibles y se necesitan unos a otros.
Partimos, entonces, del sencillo supuesto de que nunca una sola variable explicaría la totalidad. Ninguna corriente o campo de investigación tiene la exclusividad sobre los conocimientos del hombre prehistórico.
Superado este mal, avanzamos presentando descripciones y definiciones desde la crítica científica; esto es, aportando datos. Ahora bien, estos fundamentos nunca serán concluyentes, porque no pueden serlo en la ciencia prehistórica que constantemente mejora los resultados con nuevos descubrimientos o nuevas metodologías de trabajo, revisando y mejorando los resultados, corrigiendo y reescribiendo textos; esto es, incorporando lo que vas aprendiendo con el tiempo. De hecho, los conceptos y los modelos los vamos refinando a medida que avanzan nuestras pesquisas sobre los datos.
Una de las ciencias que nos puede aportar metodologías de trabajo y nuevas conclusiones en condiciones mínimas de empirismo es la sociología. Sus teorías no están vacías, sino que surgen de la crítica, estableciendo pruebas sólidas. Los seres humanos son animales que necesitan comunicar mediante símbolos, invocar nociones abstractas –mitos, creencias, conceptos- y especular sobre las causas de los fenómenos. Toda cultura puede estudiarse como un sistema, conjuntos dinámicos que deben adaptarse al medio físico, social y cultural, etc. Esto da lugar a culturas (Canarias) y subculturas (awara) que no siempre coinciden en todo, pues incorporan elementos diferenciados.
Ciertas áreas como la religión prehispánica canaria han sido tratadas con evidente negligencia al no tenerse en cuenta aspectos valorados por la sociología como los cognitivos, valores y normas comunitarias de esos pueblos. Debido al arrogante etnocentrismo, tradicionalmente la investigación académica canaria ha infravalorado la capacidad creativa y de conocimientos de nuestros ancestros prehispánicos.
En su “sociología” escribe Salvador Giner (1980) que por medio del proceso de socialización el hombre recibe un bagaje cultural de actitudes, reacciones, valoraciones, imágenes y creencias, sin que en ello haya por su parte deliberación sistemática, pues su versión del mundo le es transmitido socialmente y se anclan en la conciencia del hombre. En el caso de las creencias, a la sociología le interesan por dos razones: primero, porque son representaciones colectivas; segundo, porque determinan la acción social, la cohesión social y otros modos de conducta humana. Las creencias implican siempre una fe, o sea, la interiorización de valores, nociones e imágenes sobre la naturaleza del universo. Esto significa que las creencias son poseídas sin examen racional y que son sentidas emocionalmente.
Los sociólogos creen que cada religión define su propia área de lo sagrado y lo que queda fuera es profano (en nuestro caso concreto de la isla de La Palma ese espacio negativo se localiza en las alturas de Cumbre Vieja). En consecuencia, toda religión supone una división del mundo –real e ideal- en esas dos zonas opuestas.
Cumbre Vieja
La religión también se manifiesta al observador por medio de acciones sociales como el ritual cuya referencia o representación es el mito. Sociológicamente el mito es una creencia sobre acontecimientos sobrenaturales.
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sábado 8 de marzo de 2008
Por casualidad...
Contrariamente, sin que esto suponga renegar de lo anterior, tan sólo los que han experimentado un cambio en la investigación pueden formar un juicio comparativo entre el estado anterior y el posterior a cada transformación. En consecuencia, unas veces hemos suspendido líneas de trabajo y otras las seguimos por favorables. Estas nuevas ideas de progreso y desarrollo nos han permitido comprender lo que de continuidad y diferencia cabe apreciar respecto a los tópicos precedentes, porque únicamente entre esas dos coordenadas (lo mismo y lo distinto), llegaremos a determinar con mayor precisión la línea de nuestra investigación.
Lo nuevo no tiene por qué presentarse siempre bajo las mismas formas. Sin llegar a pretensiones extravagantes, la novedad enseña cosas diferentes, enriquece el caudal humano, frente a los que opinan que confunde o frente a verdaderos ascetas de la realidad, capaces de negarla, pretendiendo seguir montados en una mentira inquebrantable.
Nos referimos a aquellos que elaboran “tesis” sin justificación alguna. Suponen cosas lógicas desde nuestro punto de vista actual y eurocentrista. No presentan prueba alguna sobre lo que afirman, construyendo “castillos en el aire” que son aceptados sin más crítica por otros miembros del gremio. Nunca se atreven a incorporar elementos nuevos porque se convertirían en presas frágiles en sus corporaciones. Forman parte de la doctrina de la imitación.
Es una actitud frecuente de la psicología humana la de considerar los cambios innovadores como cosa de gente sin estudios, de ignorantes. Hay como una tendencia constante a tachar de aventureros e irresponsables a cuantos se oponen a un orden social existente. En términos políticos, y perdonen la comparación, la oposición entre las fuerzas inmovilistas conservadoras y las tendencias reformadoras. Son los mismos que ignoran los cambios e, incluso te tildan de “hereje” o entrometido, cuando lo único que hemos hecho es aportar pruebas contundentes a nuestras tesis.
Después de pasar el purgatorio, nuestro trayecto acaba de empezar, transitando por una senda renovada que no tiene ya marcha atrás. Por lo que conocemos, en La Palma un santuario prehistórico es una fuente de luz. Lo que hemos hecho hasta ahora era mirar esa luz, pero no nos habíamos dado cuenta de mirar lo que esa luz ilumina.
Todo nació de una casualidad, allá por las navidades de 2003, estar en un punto geográfico determinado (centro ceremonial de Las Lajitas, a 2.160 m s n m) en un período temporal determinado (momento del amanecer durante el soslticio de invierno, 22 de diciembre). Sin querer, insertamos en un momento las dos claves de la historia: el espacio y el tiempo. A partir de aquí todo el proceso de investigación siguió en cascada.
Los petroglifos, los amontonamientos de piedras, los canales y cazoletas constituyen un sistema complejo en el que cada unidad está entrelazada con todos los demás en lo que parecen ser categorías específicas. Los espacios sagrados no pueden ser tratados de forma aislada; pues el entendimiento de las partes conduce a la comprensión general, que en a su vez conduce a la identificación de más de las partes. En este sentido, la religión de los awara está muy ricamente documentada por sus restos materiales.
El resto del proceso del examen lo podemos encontrar en nuestro último libro “Abora”, en comunicaciones recientes en revistas, en artículos de prensa (periódico La Voz de La Palma) y en este blog. También en los blogs http://www.amontonamientosdepiedras.blogspot.com/, http://www.iruene-la-palma.blogspot.com/
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viernes 29 de febrero de 2008
El modelo de relaciones según el pensamiento awara
Cada sistema es particular, está regido por un código que permite, si el investigador logra descifrarlo, su traducción a otro sistema racional. Como creemos que las cosas son vehículos de relación, captar el todo es explicar las partes, casi lo mismo que captar las partes es explicar el todo.
Nuestro modelo de investigación nos ha facilitado la modificación de la imagen que teníamos del mundo y de los pueblos prehistóricos. Comprendimos que en la naturaleza están las respuestas a estos sistemas. El paisaje, en apariencia desordenado (volcanes, rocas, coladas, barrancos, roques, montañas, valles, lomos…), tiene un sentido oculto que reúne al espacio y al tiempo, pues el paisaje es diacrónico y sincrónico al mismo tiempo.
Hoy nos jactamos de saber leer tratados complejos en los campos más variados de la ciencia, pero somos casi analfabetos en la lectura de la naturaleza. En general el progreso se mide por el dominio sobre el medio natural. Tan sobrados que estamos y ahora empezamos, no todos, a darnos cuenta que es vulnerable. Estar por encima de la naturaleza es de moderno y avanzado, aunque termine (la naturaleza) por destruirnos. Las culturas “primitivas” si lo sabían y por eso, la respetaron, la cuidaron y formaron parte integrante de ella misma.
Lo mejor y peor que se puede decir del progreso es que ha cambiado al mundo. Lo mejor y lo peor que se puede decir de los pueblos antiguos es que apenas si han cambiado al mundo. Amaron, cuidaron y adoraron a la naturaleza, tendiendo un arco entre la naturaleza y la cultura.
Se ha dicho que el pensamiento antiguo es irracional, global y cualitativo mientras que el de la ciencia es exacto, conceptual y cuantitativo. Si esto fuera cierto, existirían dos lógicas de actuación, dos lógicas de ver el mundo. Esto lo apreciamos sólo por los fines a los que aplicaban sus razonamientos. El pensamiento awara parte de la observación minuciosa del paisaje y de las partes que integra, las clasifica por cualidades y enseguida las integra en un sistema de relaciones de lógica simbólica y atemporal, tanto de carácter binario (grabado rupestre-Sol, canales y cazoletas-Sol), como triple (amontonamiento de piedras-montaña-Sol). Los awara se obstinaron a ser fieles a una imagen atemporal en la que ven su origen y su modelo invariable de su acontecer, como mínimo durante casi dos milenios. Su visión del tiempo cíclico engloba una estructura circular que es el cosmos, se repite pero nunca es el mismo, al igual que los miles de trazos (grabados rupestres) que van dibujando meandros, círculos y semicírculos concéntricos, espirales y toda gama de combinaciones geométricas que se desparraman por la geografía insular.
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lunes 25 de febrero de 2008
La geografía de los petroglifos
Las manchas rojas posicionan los lugares con más o menos estaciones de grabados rupestres awara en la isla de La Palma (Canarias).
Destacan 3 zonas: Costa de Garafía, cumbres de La Caldera de Taburiente y Pico Bejenado (El Paso) y dos pisos altitudinales: franja costera, por debajo de los 600 m y cumbres, por encima de los 2000 m.
La franja de medianías (entre los 700 y los 1500 m) presenta grandes vacíos, con algunas muestras excepcionales en el municipio de Garafía. La gran excepción es la montaña sagrada de Pico Bejenado, con abundantes estaciones y motivos rupestres en la base y en los lomos que van ascendiendo a su máxima altura (superior a los 1.800 m).
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jueves 21 de febrero de 2008
La autenticidad prehispánica de los grabados rupestres. Una muestra en Roque Teneguía.
La inmensa mayoría de las imitaciones de los petroglifos awara que encontramos en los propios yacimientos prehistóricos o en las cercanías, suelen ser sencillas rayas, poco trabajadas, de trazo muy fino, realizadas con algún objeto metálico como la cuchilla de una navaja. La forma geométrica más dibujada es la espiral y suelen realizarse en los lugares de paso de personas que van atraídas por los símbolos prehispánicos y dejan su burda huella, a veces, sobre el propio motivo awara. Una de las mejores imitaciones la encontramos en la parte media/alta, en el extremo sur de Roque Teneguía (Fuencaliente).

Roque Teneguía forma parte del Parque Natural de Cumbre Vieja; se sitúa a unos 418 metros de altitud sobre el nivel del mar, en la falda SW del volcán de San Antonio. Es un promontorio de fonolita haüynica y de color pálido amarillo-rosado, resultado de una formación geológica muy antigua, al que se le calcula una edad aproximada de unos 600.000 años.
Alguien contemporáneo a nosotros, maravillado o por empatía, se le ocurrió grabar un motivo a modo de semicírculos concéntricos, jugando con meandros que van girando sobre sí mismo, abarcando dos caras de una roca en disposiciones oblicuas. Mide 34 x 18 cm y para su ejecución se empleó la misma técnica prehispánica de picado medio y ancho, con cierta profundidad, lo suficiente como para romper la capa superior de la roca y dejar al descubierto surcos de tonos claros en los que todavía el tiempo no ha dejado su huella en forma de pátina. El resto de los más de 130 motivos que contiene el Roque han perdido la diferencia cromática entre lo natural y lo tallado. Además, los líquenes sólo están presentes en los bordes que rodean al motivo y no lo han afectado como sucede en otros muchos casos. Para su realización, es probable que se utilizara un objeto metálico.
Otra prueba irrefutable de su falsa identidad awara es su orientación (180º LN) que no corresponde a la intención solsticial, a ninguno de los cuatro puntos sagrados, ni siquiera equinoccial, del resto de los paneles y motivos que se encuentran en el Roque.
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lunes 18 de febrero de 2008
Interpretación hermenéutica del simbolismo de los grabados rupestres awara
Cuando hablamos de la significación de un símbolo debemos operar en varios sentidos, niveles o campos, todos válido e interrelacionados, pues el símbolo es una figura (por ejemplo, un grabado rupestre) que genera ideas y se vincula a un sentido que se manifiesta, se encarna en y por la imagen. De este modo, se transfigura y constituye el modelo mismo de la mediación de lo eterno en lo temporal, lo cual lo convierte en teofonía. Con palabras de Luis Garagalza* “constituye un mundo en el que el tiempo está detenido, embalsamado y embalsado, absorbido por el espacio… Se ubica plenamente en la inmediatez del instante. Cada imagen se multiplica en el espacio engendrando un lujurioso enjambre de imágenes isótopas”. Es la imagen de una cadena cuyos eslabones se unen y suceden unos tras otros. Debemos asimilar que a través de la figura se manifiesta un sentido; se da una pregnancia, una homogeneidad.
El símbolo es muy importante para un pueblo preaxial como el awara, requiere de la intervención del hombre, pero no se deja imponer la interpretación. Se resisten a una interpretación apresurada y superficial. Dice y no dice. “Nunca se da a comprender de forma definitiva: aparece cada vez que una conciencia es llamada por él a nacer, es decir, a erigirlo en la cifra de la propia transmutación” (H. Corbin).
La terrible variedad de significados que los arqueólogos han dado a los grabados rupestres de Canarias son verdaderos “castillos en el aire”. No se ha tenido en cuenta la mentalidad antigua, la representación de un conocimiento sociocultural mítico. Los símbolos enmascaran y revelan, esconden y manifiestan; no significan por sí mismos y se manifiestan como centro sagrado constitutivo de la identidad colectiva que proporciona interpretaciones del mundo de tipo cosmológico. Entonces, cualquier estudio o aproximación de una obra u objeto ritual, deberá hacerse con una referencia última al mito que subyace oculto en su fondo. Así pues, sólo un método basado en la convergencia de los símbolos en torno a ciertos núcleos organizadores consigue captar su significación.
Para nosotros hoy, el símbolo es la representación de una realidad inteligible. “La hermenéutica espiritual nunca puede estar conclusa porque el símbolo es inagotable, ya que tiene que ser asumido y cumplido por cada intérprete que intenta desvelarlo. Existirá un sentido oculto siempre que exista un exegeta que cumpla el sentido del símbolo. Así, pues, el símbolo se personaliza ya que se asume complicándose con su contenido. Frente a la abstracción alegórica, el símbolo es vivido por el que lo interpreta confiriéndole características personales al símbolo mismo” (José Antonio Antón, www.geocities.com/antologia_hermes/107anton.htm).
Los grabados rupestres de La Palma, realizados en otros tiempos, son para disfrutarlos, vivirlos, sentirlos, siendo difícil explicar a otros su significado. Fuera de lugar, los significados están muertos. Si no somos capaces de llegar a establecer una definición cerrada y definitiva, pues la evanescencia del símbolo no se deja atrapar en una fijación y delimitación conceptual, a lo mejor si que podemos encontrar un diálogo, los principios y el sistema coherente que lo rigen. En estos momentos, en nuestra isla de La Palma lo tenemos al alcance de la mano: los awara buscaron deliberadamente aquellos soportes (piedras) cuyas superficies están orientadas hacia las posiciones extremas del Sol (solsticios), marcando los cuatro pilares del cosmos, donde nace y muere simbólicamente la Gran Madre Sol cada 21 o 22 de junio y diciembre.
Hermes Trismegisto, antiguo maestro egipcio, en su obra “Corpus Hermeticum”, señala que “Egipto es la imagen del cielo y la proyección en este mundo, de todo el ordenamiento de las cosas celestes”. Esta descripción de una génesis y una cosmogonía de modelo original guarda una clara similitud con lo que estamos revelando en la isla de La Palma. No se trata de ninguna irracionalidad; detrás de su destino manifiesto se esconde otras significaciones ocultas. ”Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen
Todo aquel que quiera encontrar respuestas en la simbología de los grabados rupestres debe saber que su interpretación depende del contexto religioso, las réplicas están en otra parte. Para dar más pistas, en el cosmos.
Sólo a partir de aquí podemos seguir avanzando.
* Garagalza, L. (1990): “La interpretación de los símbolos”. Antropos.
- Sperber, D. (1998):”El simbolismo en general”. Antropos.
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viernes 15 de febrero de 2008
La religión "preaxial" awara
Parece elocuente pensar que somos el resultado de un estilo social. Los modelos científicos derivan de la razón, pero cuando tratamos de reconstruir una sociedad ancestral y nuestro método falla, debemos buscar alternativas. Qué razonamiento podemos emplear cuando vemos que el cielo y la tierra han dejado de ser sagrados para convertirse en un recurso económico. Una educación puramente racional no basta. Los hechos lo demuestran y los arqueólogos, hasta el momento, no han dado ninguna explicación al tipo de pensamiento religioso prehispánico. Es más, creen que no hay solución a este tipo de interrogantes. La arqueología ha tomado un giro estéril y la realidad está fuera del alcance de sus métodos de trabajo.
Tenemos que aprender a ser autocríticos y admitir nuestra ignorancia. Una vez asimilada, estaríamos mejor situados para buscar otros caminos más fructíferos. La Universidad no se ciñe a un aulario, un departamento y una biblioteca; la Universidad existe en el espacio físico, y para doctorarse en la naturaleza hay que aprender a mirarla, a sentirla para entenderla mejor. Las clases prácticas son un ejercicio de arqueología espiritual. Algunos catastrofistas creen que en investigación arqueológica se ha llegado al techo, que poco o nada más relevante se nos puede manifestar.En los momentos más turbulentos de guerras y cambios religiosos en el mundo (900-300 a. C.), todo el Mediterráneo se tambaleó con la sucesión de imperios y pueblos dominadores que conquistaron el norte de África, introduciendo los nuevos conocimientos de la “Gran Transformación axial” *, pero a los que escaparon numerosos pueblos nómadas bereberes, entre otros. Cuando las ideas religiosas púnicas, fenicias, griegas, romanas, cristianas e islámicas se sucedían en supremacía por el Magreb, el Archipiélago Canario permanecía aislado de todo, perviviendo con sus costumbres preaxiales hasta finales del siglo XV.
Con anterioridad, desde el 10.000 a. C., e incluso antes, empezó a fraguarse un tipo de creencia primigenia en un dios/a celeste, asociado con el firmamento, que todo lo abarcaba y en el que todos estaban sujetos a un orden cósmico. Incluso los dioses tenían que obedecer ese orden y cooperaban con los seres humanos en la preservación de las energías divinas del cosmos. El médium era el sacrificio de animales, práctica universal perfectamente documentada por la arqueología en Canarias. Acudían a una repetición de gestos, empezando, con cada ciclo solar, un nuevo proyecto mediante rituales que representaban la cosmología original (canales y cazoletas en verano y amontonamientos de piedras en invierno). El mundo sagrado era el prototipo de la existencia humana. En la religiosidad preaxial el sujeto no tenía individuación religiosa ante la divinidad, sometiéndose simplemente al movimiento comunitario para aplacar a los dioses o conseguir protección ante los desastres naturales. Las preaxiales son religiones cósmicas, fundidas con la naturaleza. Son, así mismo, religiones de etnia, de tribu, o de clan. Los antiguos habitantes de la isla de La Palma se llamaban a sí mismos awara, sin formar un grupo étnico diferenciado, de modo que ese término no era racial, sino una afirmación de orgullo, de pueblo. Junto a otros pueblos del norte de África formaron una red dispersa de grupos que compartían una cultura común, llegando a Canarias con las mismas tradiciones culturales y religiosas.
Su objetivo es conservador: preservar el orden, alimentar la unidad de la comunidad dentro de una visión tradicional y reclamar la fidelidad de sus miembros, mantener la armonía del ser humano con la naturaleza frente a la amenaza del caos, atraer la bondad de los dioses sobre la comunidad, asegurar el buen orden de las estaciones climáticas y alejar los desastres y la ira de los dioses. Pretenden fundamentalmente conservar la vida, no su transformación. El sistema religioso preaxial trata de conservar el equilibrio entre el bien y el mal y prevenir toda posible amenaza, pero no tiene en vista la transformación de la situación humana.
Los awara colonizaron una isla que pasó a ser benawara (la isla [la tierra] de los awara). Su horizonte es el mar, cuidaron sus rebaños de cabras, ovejas y cerdos. Sus asentamientos eran muy humildes, aprovechando las cuevas más espaciosas, construyeron cabañas modestas y uniformes que indicaban una sociedad igualitaria, donde la riqueza estaba distribuida de forma bastante igualitaria. No era un pueblo guerrero; a parte de las escaramuzas entre familias y facciones, no tenían ni enemigos no ambición por conquistar nuevos territorios en islas adyacentes. Celebraron fiestas para resaltar la solidaridad. Establecieron acuerdos firmes y vinculantes sobre los derechos de pastos, la cría de ganado, el matrimonio y el intercambio de bienes. Era una sociedad oral, no hacían efigies de sus dioses y usaban el ritual para mantener el orden del mundo. Estas acciones ceremoniales podían controlar las fuerzas de la naturaleza y hacer que la lluvia llegue en su tiempo y que los cuerpos celestiales permaneciesen en sus cursos fijados. El cielo se podía comunicar con la tierra y los humanos podían compartir la comida con los antepasados y los dioses. Tenían sus santuarios al aire libre, experimentaron el paisaje como algo rico en sentido espiritual, reverenciaron los elementos más destacados de su territorio (roques, montañas…), establecieron los cuatro puntos solsticiales y, por encima de todo, se veneraron una diosa del cielo (Abora). Los awara, al igual que Idafe, vigilaban y seguían los caminos del Sol. Era una religión pacífica y amable.
* Karen Armstrong (2007): “La Gran Transformación”.
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lunes 11 de febrero de 2008
La magia de los balidos de los rebaños prehispánicos
Conocemos, en buena parte, el régimen de ocupación de espacios pastales de costa, medianías y cumbres, tanto en invierno como en verano, que los awara desplegaron como modelo de subsistencia y que nuestros cabreros heredaron hasta hace unas décadas. Vivir de la ganadería en una tierra donde el régimen de lluvias es irregular (Islas Canarias) desencadenaba, al menos durante los períodos de sequía, una mirada diferente al cielo, hacia el lugar de donde procede la fertilizadora agua que riega la tierra y hace crecer los pastos que alimentan las manadas. La falta de lluvias desataba el drama de la subsistencia.
En los momentos críticos, los pastores prehispánicos de la Isla conducían sus rebaños, en procesión, hasta lugares llanos en altura, lo más cerca del cielo, para establecer un diálogo con los Seres Superiores. El método comúnmente utilizado era separar las crías de ovejas y cabras de sus madres, encerrándolas en un recinto cerrado con un muro de rocas y ramaje, lo bastante alto como para que no puedan salir, ni las madres entrar, De este modo, se privaban de tomar alimentos durante varios días; así los balidos desesperados del ganado se confundían con los lamentos y gritos de un pueblo que reclamaban la atención divina en petición de la fértil lluvia. Era un intento desesperado por despertar la compasión de los dioses.
“…Cuando habían menester agua y tenían alguna necesidad, tomaban las ovejas y cabras, y con ellas se juntaban todos, hombres y mujeres y niños en ciertas partes; y allí las tenían dando voces toda la gente y el ganado balando, alrededor de una vara hincada en el suelo, sin que comiesen, hasta que llovía…” (Fray Abreu Galindo, siglo XVI).
Los topónimos “baladero” y/o “bailadero” existen en casi todas las Islas Canarias, se encuentran en lugares elevados, importante atalayas con amplias panorámicas del paisaje y del cielo. Parecen tener una relación o simbiosis con los lugares en los que también se realizaron prácticas brujeriles. En Tenerife es donde más bailaderos existen; la tradición ha cambiado el topónimo de "bailadero de los guanches" por "bailadero de las brujas", ya que en muchos de ellos existe la creencia de ser un lugar ritual de reunión de mujeres dedicadas a celebrar ritos propios de brujería. En el resto de las islas se conservan casi una veintena: La Gomera, El Bailadero junto a la ermita de San Isidro de Epina, en Vallehermoso y El Bailadero, en el monte del Cedro. En El Hierro, El Bailadero del Sabinar. En Lanzarote, El Bailadero por la zona de los Jameos, en Haría. En Gran Canaria, Bailaderos de Abajo, en San Bartolomé de Tirajana (Raúl E. Melo Dait. www.palimpalem.com/1/MELODAIT/body10.html). En La Palma, El Bailadero en Hoya Grande, Lomo del Bailadero y Llano Las Brujas, cerca de la fuente de Lacandia, todos ellos en Garafía, El Bailadero en La Laguna de Barlovento y el Llano de Las Brujas, en El Paso. No obstante, en ninguno de estos lugares se ha encontrado huellas materiales visibles de construcciones que se puedan relacionar con dichas prácticas.
Vamos ahora a trasladarnos a uno de esos lugares enigmáticos que reúnen los componentes necesarios para ser considerado un verdadero “baladero”. Se trata de un recinto amurallado situado por encima de Dormitorios Bajos, donde termina el pinar, cerca de la base del destacado Pico de La Cruz, a caballo entre los municipios de San Andrés y Sauces y Barlovento, a una cota de 2100 m.
La geología viene determinada por una voluminosa colada lávica, a modo de dique, con predominio de grandes rocas redondeadas, muy deterioradas por el tiempo y sus agentes erosivos. El paisaje que se puede admirar es espectacular: hacia el sur se encontramos los picos de PiedraLlana, Cotillón, La Fortaleza; hacia el oeste Morro Negro, Pico de La Cruz y Morro de La Cebolla. La silueta de la isla de Tenerife la podemos admirar en dirección E/SE. La biodiversidad más próxima viene definida por el predominio del codesar, algunos ejemplares de pinos y varios cedros
La primera vez que vimos este lugar fue en 1999. Nos marchamos sin saber su utilidad. Nuevas visitas, en años posteriores, nos fueron dando pistas de su posible asociación prehispánica y su probable uso, descartando otras opciones similares no relacionadas con la práctica ganadera. La primera referencia escrita la publicamos en “Abora” (pp 154, 2006). Un año después aparece recogido por Jorge Pais “El Bando Prehispánico de Tagaragre” (pp 289, 2007) como un Tagoror (supuesto lugar de reunión en el que se tratan los asuntos más relevantes de la comunidad). Creemos que este espacio de Pico de La Cruz es demasiado grande, con un muro monumental, expuesto a los vientos, innecesario, pues, para esa supuesta función en un lugar bastante alejado de los poblados permanentes.
Los restos de industria son muy abundantes. Es importante la presencia de fragmentos cerámicos de casi todas las fases en los alrededores del recinto amurallado, especialmente en su fachada E/SE. También constatamos la presencia de algunas piezas líticas de dique, basalto gris y vítreo.
Muy cerca del recinto, apenas unos 7 m hacia el N/NE, se localizan restos de fondos de unas 5 cabañas. Algunas sólo intuyen su presencia y tan sólo dos conservan pequeños muretes.
fondo de cabaña
Por otro lado, no nos olvidamos, aunque dudamos de su autenticidad aborigen, de la mayor concentración de cazoletas naturales de La Palma (en la zona comprendida entre Dormitorios Bajos y Pico de La Cruz), aisladas o formando pequeños grupos, sin canalillos artificiales, creadas por la acción erosiva del agua sobre este tipo de roca; los pocos canales que se aprecian son producto del rozamiento y erosión del agua que se desborda desde las cazoletas. Precisamente sobre la roca más grande que contiene el reciento se despliegan dos cazoletas, de 18x10 cm de ancho y profundidad y 11x7 cm.
Al menos de momento, no existe en La Palma parangón a este tipo de construcciones en las cumbres de la Isla. Lo más cercano son los corrales, aunque éstos se construyeron en fondos de barranco, al socaire de la brisa, pegados a pequeñas cavidades que sirvieron de refugio a los pastores y su sistema constructivo es muy espontáneo, adaptados al espacio del barranco, con sencillos muros de piedras pequeñas, que en nada tienen que ver con el aparente “baladero” que hemos descrito aquí. La importante concentración de restos arqueológicos (cabañas, cerámica, líticos, amontonamientos de piedras, cazoletas) nos acercan a un recinto con un claro perfil ritual. Sin duda, poseemos un bonito ritual que forma parte de nuestro acervo patrimonial más ancestral.
Un resumen de este artículo fue publicado en el periódico La Voz de La Palma, nº 296, febrero de 2008.
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domingo 10 de febrero de 2008
La conexión de los símbolos
La mentalidad moderna sigue una línea de razonamiento que se remonta desde los efectos hasta sus causas materiales, mientras que los antiguos, poseedores de una lógica o método de pensamiento diferente, buscaban la razón en el mundo espiritual.
Las cosas no son lo que aparentan. Los símbolos (tan presentes en la isla de La Palma) intentan definir una realidad abstracta, sentimientos o ideas, bajo la forma de imágenes u objetos. Estos símbolos son una explicación del mundo (su mundo). Para decirlo como Henri Corbin, “anuncia un plano de conciencia diferente a la evidencia racional, es la esfera de un misterio, el único medio de decir aquello que no puede ser aprehendido de otra manera, no está jamás explicado de una vez por todas, siempre ha de ser de nuevo descifrado”.
Los módulos y canales a través de los que nos comunicamos son muy dispares y complejos. Para llegar a los dioses, los humanos realizan diversas acciones expresivas directas que funcionan como señales, signos y símbolos. En otras ocasiones el vínculo es indirecto (obras de arte arquitectónicas, escultóricas o pictóricas).
Los signos -en nuestro caso amontonamientos de piedras, grabados rupestres, canales y cazoletas- no se presentan aislados, como muchos todavía parecen creer; forman parte de un conjunto que funcionan dentro de un contexto cultural específico. Por eso, transmiten información cuando se combina con otros del mismo contexto. Sólo entonces, cuando un signo representa a otro, se convierte en símbolo. En La Palma están estandarizados, son armónicos, paradigmáticos.
amontonamiento de piedras ------------ montaña ------------ diosa Sol
grabado rupestre------------- solsticios --------------- diosa Sol
canales y cazoletas ------------ solsticio de verano --------- diosa Sol
Todos se agrupan como conjuntos y sus significados dependen de su distinción. Dan una respuesta determinada por la cultura.
Tenemos conciencia de una gran dificultad en todas estas cuestiones, y es que estamos tratando con objetos y acciones que conectan con el mundo exterior. En el núcleo de la cuestión está el reconocimiento de que el hombre es mortal. Reconocemos nuestra impotencia y, por eso, acudimos al otro ser, al otro espacio y al otro tiempo. La práctica religiosa es una respuesta a este interrogante.
Vamos a dar respuesta sencillas a dos preguntas trascendentales: ¿Dónde está el otro mundo? los awara buscaron la respuesta en el cielo. En consecuencia, ¿dónde están las conexiones? en los santuarios dispersos por la Isla. El templo es el centro del mundo, correspondiendo al tiempo y al espacio la necesidad de su re-creación periódica.
Todos los espacios sagrados awara resumen la génesis de su mundo; por medio de sus vehículos (rocas grabadas, talladas y/o agujereadas, montículos de piedras) se aproximan al cielo, en concreto con el Sol y otros astros, como imágenes ligadas a la idea de creación y resurrección, maquinadas en los momentos extremos del Sol (los solsticios).
El rico simbolismo de los grabados rupestres nos traslada al propio ciclo de la vida, al eterno presente. Así mismo, el simbolismo de los amontonamientos de piedras sólo se puede comprender en relación a la altura (la montaña) y al cosmos. Como ombligos simbolizan la montaña cósmica y marcan el momento (con la primera aparición del Sol de navidad) del renacimiento del nuevo año.
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jueves 7 de febrero de 2008
Los grabados rupestres del Lomo de La Cumbre Vieja (Garafía)
Hace ya más de 15 años que sorteamos, con muchas dificultades, los retorcidos codesos para buscar, entre las paredes de los diques y rocas adyacentes, restos prehispánicos. Descubrimos dos petroglifos meandriformes.
Recientemente volvimos al lugar para realizar fotos digitales y describir sus características sin poderlos encontrar; no obstante, descubrimos otros 5 petroglifos nuevos.
1.- Meandriforme situado sobre una roca desprendida de un dique cuyas espiras se cierra dibujando una herradura. Mide 12x10 cm y se encuentra mirando al cielo. Fue realizado con una técnica de picado fino y poco profundo. Su estado de conservación es aceptable.
2.- En el mismo dique, unos 10 m más abajo, encontramos 3 motivos casi unidos: dos espirales y unas grecas. La primera espiral mide 18x13 cm. El soporte donde se encuentra se adapta a un escalón que forma la roca. Se elaboró mediante una técnica de picado fino y profundo. Su estado de conservación es malo.
3.- La segunda espiral mide 20x20 cm, fue así mismo realizado con la misma técnica del anterior, aunque peor conservado. Ambos se disponen oblicuamente en dirección 120º LN; esto es, coincide con la salida del Sol durante el solsticio de invierno.
4.- El tercer motivo está prácticamente unido a la espiral anterior; se trata de dos grecas que se desplazan hacia la zona de la roca que se invierte y se orienta a 300º LN, coincidente con el ocaso
5.- Siguiendo una línea descendiente por el lomo nos encontramos una gran roca, cerca de un pequeño dique, que contiene un grabado rupestre meandriforme en la única cara que mira a 70º LN, coincidente con la salida del Sol en el momento del solsticio de verano. Fue realizado mediante picado grueso y profundo.
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jueves 31 de enero de 2008
Grabados rupestres ¿Qué soportes fueron los elegidos?
Nos encontramos ante una de las manifestaciones culturales más espectaculares que la humanidad nos ha legado. Han ocupado un espacio importante e insustituible en la literatura arqueológica, siendo protagonistas de las más variopintas interpretaciones. Los estudios se han centrado más en las formas (tipos de rocas, ubicaciones, técnicas de ejecución, dibujos o formas representadas, medidas…) que en su dimensión (significado).
La isla de La Palma, no nos cansamos de decirlo, atesora uno de los patrimonios de arte rupestre más importante del mundo; lo avalan los más de 11.000 motivos geométricos, tallados en las rocas mediante golpeos con otras rocas, de igual o similar composición, pues no conocieron el metal. Algunos alcanzan un gran desarrollo, superando un metro de diámetro (caso de la Montaña de Bravo, Puntagorda) y otros más pequeños que apenas desarrollan varios centímetros, tanto sobre soportes fijos como sueltos, aislados o formando grandes agrupaciones.
Cuando llegamos a estos santuarios simbolizados, aparentemente los petroglifos se disponen sobre la superficie de la piedra de manera aleatoria ¿Nos hemos cuestionado alguna vez por qué se encuentran en esos lugares y no en otros? ¿Qué les obligó a elegir el tipo de soporte? Uno de los misterios que suele sacar el sueño a los profesionales de la arqueología es poder entender el criterio empleado para seleccionar los espacios de percusión de los símbolos sagrados. Al realizar trabajos de campo resulta desconcertante comprobar que frecuentemente pequeñas piedras sin aparente importancia, presentan abundantes diseños y por el contrario, rocas cercanas, que de acuerdo al criterio actual presentan aparentemente mejores características para servir de soporte a los grabados, no han sido utilizadas.
espectacular meandriforme que mira a la salida del Sol durante el solsticio de verano
¿Verdad que es sorprendente la presencia de un petroglifo en una pequeña roca irregular o casi deforme, habiendo al lado lajas totalmente pulidas, grandes y planas que están vacías? En la isla de La Palma, en todo el Archipiélago Canario, el principal criterio empleado por la población prehispánica para elegir los soportes tiene una característica muy visible. Para darnos cuenta tuvimos que alejarnos de la metodología descriptiva de la arqueología imperante y acercarnos a otras ciencias que nos empujaron a levantar la mirada al cielo. Y es ahí donde encontramos una respuesta. Comprobamos que las obras fueron hechas en relación a eventos astronómicos relevantes, que las caras de las rocas donde están grabados los símbolos se dirigen a cuatro puntos fijos en el paisaje que coinciden con los ortos y ocasos solares durante los solsticios de invierno y verano. Asimismo, existen piedras que están grabadas por varias caras, justamente aquellas que se proyectan a las posiciones extremas del Sol, simbolizando el ciclo de la vida.
El Sol, en su marco celeste, era el principio divinizado que marcaba de modo indeleble y absoluto el pensamiento religioso.
Piedra grabada por cuatro caras en la degollada de Las Palomas (Puntagorda)
¡Una advertencia! Esto sólo se aprecia in situ, no desde la distancia.
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lunes 21 de enero de 2008
El paisaje circundante obliga a elegir el soporte de los petroglifos y su disposición
El tipo de piedra no era lo más importante a la hora de elegirla para realizar un grabado rupestre. Los motivos eran otros: la orientación o disposición hacia los cuatro puntos solsticiales. Aunque la inmensa mayoría de los petroglifos palmeros están realizados sobre basalto, algunos se perpetraron sobre la toba volcánica, otros en traquibasaltos, fonolitas, rocas plutónicas e incluso, sobre almagre.
Nos encontramos con dos formas de ejecutar los motivos: mediante un picado continuo (cuando lo único que se aprecia es el surco sin que se noten los puntos de percusión) y discontinuo (en el que los puntos de percusión están claramente marcados, apreciándose separación entre ellos). En ambos casos pueden ser profundos o superficiales, variando según la dureza del soporte, lo mismo que los puntos de percusión. La posición de las manos y las herramientas fue mayoritariamente oblicua o en ángulo a la roca, hacia dentro por ambos extremos del surco. En otros casos, los menos, el golpeo fue vertical, dando lugar a surcos muy irregulares en el grosor. La técnica de la abrasión tan defendida por los investigadores no la apreciamos en absoluto en la gran mayoría de los grabados rupestres de La Palma.
El utillaje empleado sería la piedra (basalto afilado, en punta) ya que la población prehispánica desconocía el uso de los metales. Esta circunstancia implicaba la necesidad de recubrir y/o atar el núcleo para minimizar las roturas por los golpes, pues de hecho era necesario cambiar constantemente de herramienta, ya que se deterioraban con rapidez.
Si nos fijamos bien, aunque en apariencia o desde la distancia no lo parezca, los petroglifos palmeros están grabados sobre soportes que se disponen de tres maneras: horizontales, en ángulo y verticales, según el lugar donde fueron realizados. El paisaje circundante obliga a elegir las plataformas, de tal modo que se seleccionan aquellas que están dirigidas a los ortos u ocasos solares durante los solsticios (más del 99 % de los casos). Tan sólo en unos pocos episodios (menos del 1 %), los soportes se dirigen a montañas destacadas (Bejenado y Pico de La Nieve) o al cielo en su verticalidad (Cabeceras de Izcagua, Pinos Gachos o Las Lajitas), sin relacionarse con los solsti
Como habíamos apuntado, dependiendo del marco paisajístico de cada lugar:
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jueves 10 de enero de 2008
La tangible experiencia religiosa awara
El hombre prehistórico depende para su subsistencia de la naturaleza, ya que aún no puede dominarla. Por ello, y ante su incapacidad para explicar determinados fenómenos naturales que inciden directamente en los rendimientos agrícolas y alimento para su ganado, su pensamiento mágico le conduce a adorar como dioses a esas fuerzas naturales visibles o invisibles que condicionan su vida. En última instancia, no hace otra cosa más que interceder ante la divinidad. Basta, que no es poco, con adaptarse a los ciclos de la fecundidad y respetar la naturaleza para creer en conseguir los bienes que necesitan para subsistir. Bajo esta mentalidad, los pueblos viven el tiempo y la historia de forma cíclica: cada año se repite lo mismo. El futuro no puede ser más que la repetición del presente, el cual, a su vez, es repetición del pasado. Las personas que viven en este ámbito son conservadoras.
Se supone que cualquier investigador incorformista concebiría su trabajo como una ruptura en la forma de abordar y tratar las cuestiones que más interés puedan tener en el ámbito del conocimiento último. Buscamos y hurgamos en el incómodo tema de la mente religiosa. Nos situamos al límite de la duda, apoyándonos quizás en una célebre frase del no menos célebre físico Richard Feyman: "Lo que no está rodeado de incertidumbre, no puede ser verdad".
Ahora bien, ¿cómo conjugar el trabajo científico con el pensamiento religioso? La experiencia religiosa se debe basar en algo tangible, en el cual los enigmas pueden encontrar respuestas. Descubrir unas reglas visibles que te permitan reconocer cierto orden de verdades es una regla racional (es lo que hemos comprobado, de una manera clara y demostrable, en los amontonamientos de piedras, los canales y cazoletas y los grabados rupestres prehispánicos de la isla de La Palma). Si nos damos cuenta son elementos naturales construidos por el hombre a los que se le ha asignado lo consustancial, lo sagrado, por ser objetos de los que no se pueden manejar a nuestro antojo; en este sentido, son inmanejables. Ya no es algo meramente natural (piedras), pero los podemos reconocer.
Ni más ni menos, para cada problema complejo hay una respuesta sencilla. Entonces, la primera gran respuesta es que los dioses/as son visibles (los astros) y están vinculados a los humanos: necesitamos a los dioses y ellos nos necesitan. Todos sus pensamientos fueron eficaces por razones cognitivas en contextos prácticos (recuérdese que son mucho más antiguos que Jesucristo) hasta cohesionar hacia dentro las sociedades prehispánicas de Canarias.
Para los awara, la Isla (Benawara) es un microcosmos. Su vida (la vida religiosa) puede pensarse como el continuo esfuerzo por cosmologizar el espacio, sentir la fascinación de entregarle orden a las cosas una y otra vez. No basta con hacerlo una vez por todas. El hombre necesita regenerarse, morir y nacer para así vivir una vez más los acontecimientos cósmicos que impulsan la vida. Toda esta indiferenciación tan sólo sirve para regenerar la creación y otorgarle frescura. Una vez que se ha indiferenciado todo, se procede a otorgarle un orden y un sentido al mundo. "El hombre se regenera volviendo a participar del cosmos. Si el agua borraba las diferencias, ahora otorga una vida nueva... Mediante el ritual, el hombre vive los acontecimientos primordiales. En este sentido, destruye todas las formas existentes y se sumerge en el caos y la indiferenciación, sólo para tener oportunidad de regenerar el cosmos. Si bien el rito se inicia con una indiferenciación y un estado caótico, se culmina con una vuelta al orden y a la creación del cosmos, se regenera la vida una y otra vez" (http://www.serbi.luz.edu.ve/pdf/upl/v7n17/articulo01.pdf).
El principio celestial es la base del pensamiento religioso de los awara. Toda comunidad ancestral está en posesión de una considerable cuantía de saber, basado en la experiencia y conformado por la razón. El trabajo ritual y práctico están asociados, la conducta mística y racional se ha mezclado. El Sol es el centro de la simbolización, el que organiza la naturaleza, el que la armoniza y da sentido inmanente a la vida. Abora, la organizadora del cosmos, la Gran Diosa y Madre primordial, divinidad de la fecundidad y del culto a los antepasados. Es tangible y a la vez invisible.
La Erita (Santa Cruz de La Palma), ocaso solar en el solsticio de invierno
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miércoles 2 de enero de 2008
Desde "Amón-Ra" hasta "Abora"

Escribe Francisco López que la religión antigua resulta difícil de entender tal y como hoy concebimos el término. De una manera sencilla, se basa en creencias conectadas unas con otras y en una concepción fundamental de la divinidad. Si algo temía el egipcio de hace 4000 años era precisamente la perdida del orden cósmico que le llevaría al caos reinante, al principio de los tiempos. Este concepto de orden cósmico es extremadamente importante en el estudio del Antiguo Egipto. Por lo tanto, la mayor preocupación de la clase religiosa no es la creación, sino el cosmos, y su orden. Egipto es un país de Sol y lo era en época faraónica, por lo que no es de extrañar el culto que se le reverenciaba como fuente de vida y de existencia. Ra era el dios del Sol, supremo creador, pero Amón, que inicialmente no fue mas que un dios secundario del viento y el aire se tranforma en dios supremo durante la XII dinastía cuando se traslada la capital a Tebas y entonces es venerado como Amon-Ra (www.egiptologia.org/mitologia/introduccion).
Los contactos con el Norte de África los tenemos desde temprano cuando Ramsés II (1300-1235) detuvo el intento de invasión de los libios y los "Pueblos del Mar". Ramsés ocupó la costa hasta El-Alamein y una estela allí encontrada menciona a los Libu por primera vez. De Libu, (rbu), tomaron los griegos la denominación de Lybia primero para llamar a esa zona y luego para denominar a toda África. Bajo Menephta hacia el 1227 a. C. son mencionados los maschwesch, vecinos occidentales de los Libu. Entre los libios con los que se enfrentó Ramses III estaban los Esbet y los Beken, mencionados por Herodoto siete siglos más tarde como Asbistes y Bakales. Precisamente de los "asbites", que podrían ser los "isabaten" de quienes los "tuaregs" dicen que aquellos fueron los primeros en ocupar el macizo sahariano del Hoggar y el Tassili n'Ajjer. Herodoto señala que eran los mejores conductores de cuádrigas (carros tirados por cuatro caballos). Los Bakales llegaron a Marruecos en la época romana. La denominación de maschwesch se relaciona con Amazigh, (hombre libre en Bereber), y que seguramente explica el etnónimo de los Maxues mencionados por Herodoto en las Sirtes. Las dos guerras egipcio-líbicas se relacionan temporalmente con la segunda de las incursiones de los pueblos del mar (www.tartessos.info/bereber/bereberes2.htm). Todos estos datos vienen a confirmar lo que el historiador griego Herodoto (V a.C.) nos proporciona al referirse a los ritos y sacrificios que hacían a sus divinidades los libios, destacando que eran el Sol y la Luna a quienes sólo consagran sacrificios.
Los templos egipcios se hallan corrientemente alineados con la posición del Sol naciente en el solsticio. La orientación del templo de Amón-Ra, en Karnak, tipifica un patrón recurrente: el largo eje del templo apunta, en la dirección sureste, hacia la salida del sol en el solsticio de invierno y en la dirección norte hacia la caída del sol en el solsticio de verano. El templo de Ra-Hor-Akhty, el "Brillante Sol surgiendo en el Horizonte", se ubica en el mismo eje y se abre hacia el punto del amanecer en el solsticio de invierno. Otro templo consagrado a Ra-Hor-Akhty, el Templo Supremo construido sobre el de Amón-Ra, tiene igual alineación.
Con estos esquemas culturales y las prácticas rituales mirando al cielo llegaron a las islas Canarias los pobladores bereberes procedentes del Norte de África con diferentes marcas étnicas, creando nuevas alineaciones con los solsticios y con el mismo Sol, cuyo nombre fue derivando en Acorán, Achamán, Orahan o Abora, todos variantes de una misma raíz.
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lunes 26 de noviembre de 2007
El problema de interpretación de los grabados rupestres de La Palma
En Canarias, la vigente arqueología, como ciencia social que estudia el pasado a través de la cultura material, ha desarrollado un método autónomo para realizar sus estudios basados en excavaciones y visiones descriptivistas. Para esta gente, los símbolos rupestres son ambiguos, oscuros, no existiendo posibilidad de una verificación externa. La vigencia interpretativa nos conduce a la reproducción de ambiguos significados, vulgares generalizaciones sin ningún fundamento sustancial (arqueológico), basados en la moderna especulación racional sin atender a los fundamentos míticos y lógicos de una cultura ancestral, desaparecida hace más de 500 años. Algunos de estos significados son el culto a las fuentes, a los cabocos, petición de lluvias, fertilidad, símbolos de propiedad privada, relacionados a los campos de pastoreo, indicaciones de rutas pastoriles...
Los grabados rupestres fueron realizados pensando en transmitir un significado preciso. Todas las culturas canarias tienen los mismos principios cosmogónicos que presentan grandes analogías, pero también es posible un desplazamiento en las formas y el significado como respuesta a diferentes contextos.
Estos petroglifos tienen su propia identidad, expresan un hecho desconocido. Círculos, meandros, espirales, en todo tipo de combinaciones se realizan con trazos que van y vienen en paralelo sobre las mismas espiras (idea de eterno retorno). La variada geometría empleada debe sugerirnos la simbolización de un pensamiento sin dudas bien avanzado en el desarrollo de los pueblos, algo que nosotros hoy debemos declarar trascendental. Los consideramos objetos eternos, puntos fijos que dan coherencia cultural.
Esas rocas son un complicado trabajo de talla especializada, mostrando signos o señales especiales. El petroglifo es, pues, un intermediario que hace posible la comprensión del sentido. Son testimonios del espíritu creador primitivo de los aborígenes en relación con el ciclo infinito de la vida, proporcionan interpretaciones de tipo cosmológico. En este sentido y como tales, son representaciones cosmomórficas que parten del mito y del rito como una forma constitutiva del lenguaje humano. Son necesarios por su construcción mágica. De ahí que su visión sincrética con la naturaleza esté vigente. Suponen inscripciones simbólicas, o probables expresiones de un lenguaje común incorporado a su desarrollo. El trabajo fue realizado sólo en las caras visibles de las rocas orientadas a los dos puntos solsticiales, con sus ortos y ocasos, con un fin preciso: el culto a Abora.
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espiral del camino del Calvario (Garafía)
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domingo 25 de noviembre de 2007
Grabado rupestre en el Barranco Fernando Porto (Garafía)
En la base de un promontorio rocoso que se encuentra en el margen derecho del Barranco de Fernando Porto, en Garafía (240 msnm), se realizó un petroglifo de forma irregular, de unos 3o cm de diámetro, mezcla de meandro y círculo muy abierto y de trazo ancho sobre la superficie de una roca cuya cara se orienta a 250º; esto es, en dirección a la puesta de sol durante el solsticio de invierno.
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viernes 23 de noviembre de 2007
El régimen de propiedad comunal entre los awara
Las viejas agrupaciones humanas sobrevivieron sobre condiciones materiales puramente naturales. Es la naturaleza, en su rudeza, la que impone las condiciones de sobrevivencia de esos grupos primigenios de la humanidad. Las investigaciones modernas, llevadas a cabo en este tipo de comunidades que subsisten en el planeta, nos muestran de forma muy clara las condiciones materiales de su existencia. Es la naturaleza, en su manifestación real, la que impone su sentido común en las formas de vida, la alimentación, el vestido, la vivienda, la organización familiar, el sistema productivo, etc. Si los antiguos habitantes de la isla de La Palma sobrevivieron casi 2.000 años es porque el sistema de aprovechamientos de los pastos fue tan delicado y especializado como los ecosistemas que habitaron.
Los awara se encontraban en una situación de pastoreo semisedentario, donde el ganado tiene la mayor importancia aunque con dedicación parcial a la recolección terrestre y marina, la pesca, la caza y la agricultura. Las migraciones son cortas, tanto en el tiempo con en el espacio, más ajustado a un sistema de trasterminancia. Son migraciones cíclicas en las que sólo el pastor se mueve con el ganado, la mujer y los hijos se quedan habitando el poblado estable donde habitan. Es una sociedad igualitaria formada por economías familiares autosuficientes, con rebaños de unas 100 cabezas, que se agrupan en cooperativas de 2 a 5 familias, formando rebaños de más de 400 animales (cochinos, cabras y ovejas), creando entidades autosuficientes, con capacidad para subsistir en el medio natural dominante. El número de cabezas de ganado también puede depender de de las condiciones ambientales y los recursos disponibles.
En La Palma nos encontramos con un modelo de asentamiento modesto en cuanto a envergadura y escala, pero complejo en relación a su pensamiento. Lógicamente, los yacimientos rituales están asociados a los aprovechamientos pastales, interaccionan en el mismo escenario.
Sabido es que aquellos hombres disponían de instrumentos de trabajo muy rudimentarios que no permitían al hombre hacer frente por sí solo a las fuerzas ciegas de la naturaleza. Todos los medios de que disponían eran propiedad colectiva, que se extendía a los fundamentales medios de producción: la tierra con todos sus objetos de actividad productiva que se hallaban en ella (animales, plantas, materias primas para la construcción de medios de trabajo y otros instrumentos para la producción). No tenían ni la más remota idea de la propiedad privada sobre los medios de producción. Existía la propiedad personal sobre algunos instrumentos líticos, óseos, malacológicos y cerámicos que se utilizaban en el proceso productivo. En este caso las relaciones de producción son de colaboración y ayuda mutua, teniendo como base la propiedad colectiva.
Otro factor estructural que determina la propiedad comunal es la cantidad de elementos a utilizar por parte del grupo humano. La naturaleza es de tal magnitud, para el grupo, que nadie tiene interés en apropiarse individualmente parte alguna de ella, ya que no le sería de utilidad alguna; no la podría manejar siquiera. Los terrenos eran de propiedad comunal, aunque no así los ganados.
Los regímenes de propiedad comunal proporcionan el mejor marco para compartir el riesgo y dispersar la carga de las adversas condiciones agroecológicas, de manera que se reduzcan los niveles de vulnerabilidad. Los rebaños mixtos pueden sostenerse durante la mayor parte del año en tierras secas, pero necesitarían áreas más húmedas para sobrevivir durante las temporadas secas; el acceso al agua disponible permite el uso de las áreas de pasto de los alrededores durante las sequías. Los mecanismos que regulan el acceso a los recursos en este contexto deben, por lo tanto, ser lo suficientemente flexibles como para proporcionar el espacio necesario para las negociaciones y arreglos entre los diferentes grupos de usuarios. Las demarcaciones territoriales se fueron imponiendo en los últimos tiempos (cercanos a la conquista) como respuesta a un crecimiento poblacional y de la cabaña ganadera, así como los conflictos generados por el control de los campos de pastoreo, aunque siempre se respetaron grandes espacios comunales como fue por ejemplo la Caldera de Taburiente, incluso después de la conquista. La inmensa mayoría de los santuarios religiosos de la Isla ya estaban realizados antes de estas segregaciones territoriales.
El régimen de propiedad comunal es impuesto por los medios materiales de que puede disponer el grupo humano y no por su capacidad de adaptación. La propiedad de la tierra y sus pastos pertenecen a la comunidad, estaba por encima de las fracciones y/o subfracciones. Igualmente, los elementos y estructuras religiosas, más que nada, pertenecen a la comunidad y no a una particularidad. La vida colectiva despierta el pensamiento religioso, pues la religión es una conciencia común, un hecho social.
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lunes 19 de noviembre de 2007
La importancia del paisaje en la prehistoria de La Palma
Asistimos a una historicidad revelada por el medio ambiente, lo que acarrea un pasado determinado por la historia, el paisaje y el clima desde el primer instante en que el primer awara pisa tierra insular.
La ambientalidad es uno de los elementos estructurales de la existencia humana. Su relación con el espacio es íntima, objetiva e historicista. El hombre configura el paisaje por las características geológicas, topográficas, vegetales y climáticas, añadiendo al entorno natural su cosmovisión. El paisaje es una prolongación del cuerpo humano. La naturaleza no es independiente al humano, sino que forma parte de la misma, no sólo de forma individual sino colectiva, de tal manera que si la naturaleza cambia, el hombre descubre esos cambios para cambiar y para readaptarse hasta reflejarse en el modo de formar comunidades únicas, propias de un paisaje y una historia como es la de nuestras Islas Canarias.
Comparativamente hablando, la naturaleza palmera es dócil, alegre. Por ejemplo, el estilo de las viviendas responde a un modo establecido de construirlas que ha surgido al amparo del paisaje local y al clima. En La Palma, el ambiente benigno posibilitó el aprovechamiento de cuevas y covachas, relativamente abundantes en las zonas más bajas y medias de la Isla, como fórmula de refugio. En los lugares donde escaseaban, el ser humano interviene para modificar el paisaje, construyéndose cabañas con muros de piedra y techos pajizos con los materiales disponibles en la zona. Son estructuras muy sencillas determinadas por las características climáticas locales. Sin embargo, en las zonas más altas, donde el clima es más riguroso, los poblados permanentes contaban con gruesos muros (un metro de grosor) para protegerse del frío invernal (poblado Refugio El Pilar, El Paso). Las cabañas estivales de cumbre (no permanentes) son asimismo sencillas, típicas de su temporalidad.
Cuando los awara entraron en la Isla observaron para descubrir infinitos aspectos nuevos. Se adaptaron y crearon. Mirar más allá, al infinito, presupone una libertad y te da una finalidad propia. Constituye un verdadero conocimiento al intentar superar la superficialidad de los fenómenos naturales con un contenido metafísico. Aprendieron a mirar la naturaleza, a intimar en armonía y encontraron una regla racional de fundirse con ella. La Isla no es sólo un territorio, es también una realidad sociohistórica. Una armonización que obliga a una humanización de la naturaleza, manifiesta en la intensificación de la actividad en los asentamientos.
Compartimos totalmente la idea de que las sociedades arreglan su ambiente de la manera en que lo ven y lo ven de la manera en que lo arreglan. Esta afirmación marca la relación entre visión e intervención, llevándonos a la idea de sistema, pudiendo establecer en principio el sistema sociedad-ambiente. Cultura no puede pensarse aisladamente de la naturaleza. La cultura se genera en su relación con la naturaleza y ésta a su vez es modificada por la cultura, esta es la base conceptual del sistema cultura-naturaleza. Y de ahí parte su identidad.
El paisaje no es sólo una marca en el territorio, es también la huella como rastro o seña, profunda y duradera dejada en la memoria individual y colectiva, es la huella dejada por el hombre sobre el territorio y, al mismo tiempo, la huella dejada por el territorio en la memoria del hombre. Es precisamente una mirada del paisaje como construcción simbólica la que se pretende adoptar, el paisaje ya no como un objeto, sino la representación subjetiva del entrecruzamiento naturaleza- mundo cultural. Por lo tanto, el paisaje es una parte del territorio que tiene una carga simbólica.
Por ello, la perspectiva ecológica de la arqueología que defendemos no se basa sólo en el estudio de los artefactos, sino en el estudio del medio geográfico y de todo elemento que pueda permitirnos reconstruir la relación entre éste y los seres humanos. Así, el aporte más valioso para esta investigación ha surgido en los últimos años: comprender el paisaje como construcción cultural. En este sentido, consideramos que el paisaje es un conjunto significativo de normativas y convenciones comprehensivas, por medio de las cuales los seres humanos le otorgan sentido a su mundo y que, como construcción cultural, se encuentra inserto en relaciones espacio-temporales, en las cuales los individuos se forman y reconocen. El paisaje es tan fundamental en la configuración social, que su conocimiento permite crear y reproducir diferentes estrategias para su estar en el mundo y su relación con los otros.
Toda la naturaleza y las fuerzas de la naturaleza fueron divinizadas debido a su carácter misterioso, todo cuanto hace sentir su fuerza. La naturaleza y el hombre han de estar bajo Dios. Los santuarios erigidos por toda la geografía insular no sólo se dirigen a la diosa solar, sino al mismo sol. Una persona que comprenda la función simbólica podría expresarlo simplemente con unir hábilmente las imágenes con el paisaje terrenal y cósmico. El awara se manifiesta en la naturaleza, atraído por la potencialidad terrenal y cósmica. Así, un amontonamiento de piedras nos puede impresionar, no por su espectacularidad constructiva, sino por cuanto tiene de oculto. Quizá se pueda explicar su forma sencilla (piedras pequeñas y medianas apiladas) como exigencia de la estructura de un monumento colosal. Esto es, su significado simbólico. Es su orgullo, o lo que es lo mismo, su identidad, su libertad.
“La geografía es considerada sagrada, puesto que constituye el ámbito natural de los dioses-poderes, a los cuales se debe adorar para asegurar la permanencia y subsistencia. El medio físico es el gestor de poderosas fuerzas, prueba constante de la existencia de esas entidades superiores. Su dependencia de los fenómenos cósmicos, de los dioses hegemónicos Sol - Tierra - Lluvia es la base de su misticismo a partir del cual necesito seleccionar, los sitios de emplazamiento sobre los cuales se va a manifestar la acción, mediante los ritos religiosos y los procedimientos mágicos, y sobre él que recaerá el pensamiento mítico con sus imágenes y sus símbolos. Este concepto involucraba conceptualizar, rediseñar e integrar el medio geográfico, creando un cosmos fusionado con su creación” (C. Sondereguer, 1998).
(DEVORA E. MANUEL, www.sintesys.cl/complexus/revista4/Devora4.pdf)
Recorrer los caminos de La Palma nos permitió conocer el paisaje y su interpretación vernácula, así como elementos ideológicos asociados a la topografía y accidentes naturales que les dan una especial significación. El espacio cultural de cada comunidad es una creación determinada por su relación con la naturaleza definiendo un paisaje significante; los amontonamientos, canales y cazoletas y el arte rupestre juega un rol preponderante en este proceso. El paisaje nos anuncia la manera en que una cultura vive, entiende y acondiciona su territorio, nos conduce al encuentro de las pautas de organización de una cultura en su relación con la naturaleza, acceder a esas pautas (leer la traza) nos abre el camino a la comprensión de la misma. Entender la relación que los primeros habitantes de La Palma mantenían con la naturaleza nos acerca, como no, a nuestra identidad como pueblo heredero de su paisaje.
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sábado 17 de noviembre de 2007
mendros y grecas en la Degollada del Fraile (Garafía)
En el sitio conocido como Degollada del Fraile, uno de los lugares más altos de la Isla, pegado al Roque de Los Muchachos, existe un dique de grandes dimensiones, orientado de NE/SO, dividiendo el espacio en dos escalones a diferentes alturas. Los grabados rupestres (meandros y grecas) se encuentran en el piso superior, casi a ras de suelo -unos 40 cm-. Son dos paneles gemelos, separados por apenas 1,5 m de distancia. Sólo se grabaron las dos caras que miran al lugar por donde despunta el Sol durante el solsticio de invierno.
En la parte inferior, al abrigo del dique que sobrepasa una altura de 10 m, existe un campamento pastoril con cuatro cabañas reutilizadas por los cabreros históricos. Las cabañas han sido rehabilitadas recientemente.
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sábado 3 de noviembre de 2007
Cabeceras de Izcagua (Garafía)
En el margen derecho, sobre la misma caída de la vertiente encontramos dos piedras grabadas. La primera roca mide 60 x 35 cm, tiene dos caras unidas con motivos meandriformes. La superior se orienta a 295º y la inferior a 250º; esto es, la puesta de sol en el solticio de verano y la puesta de sol en el solsticio de invierno.
A dos metros en dirección oeste se encuentra una roca suelta, más pequeña, de 45 x 20 cm, que también tiene una cara grabada con un motivo meandriforme. La hemos encontrado dirigiendo el soporte grabado en dirección a la salida del sol durante el solsticio de verano, lo cual nos hace sospechar que mantiene la misma posición desde la época prehispánica.
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viernes 2 de noviembre de 2007
Petroglifo del Morro de Las Sabinas (El Paso)
Esta espiral se encuentra en una cota aproximada a los 2.000 msnm. Tan sólo la hemos visto una vez, en el momento en que estábamos realizando un trabajo de catalogación de cavidades volcánicas del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Gracias a la pericia de Eduardo (miembro del personal de Parques en La Palma) quien nos acompañó en el descenso desde la cumbre hacia el interior de La Caldera, por el Barranco de Marangaño, pudimos llegar al Morro de Las Sabinas (cuyo topónimo obedece a la abundante presencia de grandes cedros). El trayecto es algo complicado por la fragilidad y lo abrupto del terreno.
El entorno no puede ser más espectacular, rodeado de las imponentes paredes internas de la Crespa (Puntagorda) y las vertiginosas caídas con paredes verticales de más de 400 m.
El grabado rupestre, de unos 40 cm de diámetro, se sitúa sobre un saliente rocoso, concretamente en la pendiente S/SO; esto es, mirando a la puesta de sol en el momento del solsticio de invierno.
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lunes 29 de octubre de 2007
Tamarahoya, un vínculo entre el cielo y la tierra
Tamarahoya es una de las grandes estaciones de grabados rupestres de La Palma (unos 130 paneles). Se localiza en el Pico Bejenado, concretamente en las inmediaciones del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente, por debajo de la Pista de Ferrer, sobre los 1.250 msnm, en medio de un bosque de pino canario.
La estación fue descubierta por el arqueólogo palmero Mauro Hernández a mediados de la década de 1970. Discurre por un lomo con una fuerte pendiente, destacando, sobre un piso tapizado de pinillo (hoja seca del pino canario), un tipo de piedra de color ocre claro. Los motivos predominantes son las espirales, los meandriformes, los círculos y semicírculos concéntricos. Conviene destacar que casi todos los paneles están en su posición original.La parte inferior del lomo presenta un ligero rellano con un grupo de grabados situados en el margen izquierdo, con una disposición de soporte que va en la dirección 125º L N. En la parte superior hay dos grabados separados por un metro de distancia también dirigidos al alba del solsticio de invierno. En la vertiente occidental encontramos un meandriforme cerrado formando círculos concéntricos cuyo soporte se orienta en la dirección 250º L N.
NOTAS:
* Sin tener en cuenta la variabilidad magnética típica de zonas volcánicas, los cuatro puntos o pilares astronómicos del Sol son aproximadamente: 70º alba solsticio de verano, 120º alba solsticio de invierno, 250 ocaso solsticio de invierno, 300 ocaso solsticio de verano.
* Las mediciones las realizamos con una brújula, siendo los grados tomados bastante aproximativos, dado que los awara observaron in situ los ortos y los ocasos solsticiales.
* L N (latitud norte).
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domingo 28 de octubre de 2007
Petroglifos descontextualizados en Garafía
En el término municipal de Villa de Garafía es muy normal encontrar grabados rupestres que forman parte de muros, supuestamente colocados después de la conquista de la Isla como aprovechamiento de piedras sueltas para realizar muros para delimitar propiedades o muros de contensión como es este el caso, situado en el margen izquierdo de la barranquera del Cementerio.
Podemos apreciar en la foto como en la esquina derecha inferior de este muro se encuentra una roca con un motivo meandriforme de 40 x 30 cm.
Unos metros más abajo, observamos como otra piedra con un petroglifo en espiral, de unos 20 cm de diámetro, se encuentra en la base del muro.
A tan sólo 2 metros del anterior, descubrimos el más espectacular de todos. Está formado por dos espiraliformes que se realizaron sobre una gran roca, desplazada o deslizada por la ladera. La espiral inferior mide 60 cm de diámetro y la superior 25 cm de diámetro. Verdaderamente fantásticas.
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Grabados rupestres del Barranco del Corchete, Las Tricias (Garafía)
El segundo lo conforma un meandriforme de gran desarrollo (55 cm de diámetro) cuyo soporte tiene una dirección de 290º L N y continúa en la cara contigua que tiene una dirección de 245º L N.
¿Qué sucede a los 245º o 250º? Sencillamente la puesta de sol durante el solsticio de invierno.
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