grabados rupestres

donde se unen la tierra y el cielo

donde se unen la tierra y el cielo
En La Palma, la arqueología y la astronomía han cruzado las miradas, unos al suelo y otros al cielo, para coincidir en una misma dirección, interrelacionando las observaciones hasta confirmar la importancia de los atros entre los antiguos habitantes de Benawara.
“adoraban al Sol, la Luna y otros planetas” (Alvise Ca’da Mosto, 1455-1457)

"Quienes tratan de interpretar símbolos en sí mismos miran la fuente de luz y dicen:"no veo nada". Pero la fuente de luz está ahí no para que se la mire a ella, sino para que se mire y vea lo que ella ilumina. E igual pasa con el simbolismo" (Dan Sperber).





lunes, 7 de marzo de 2016

En la Zarza y La Zarcita (Garafía, isla de La Palma), donde el arte rupestre se armoniza con el cosmos


Nos desplazamos a un lugar mágico situado en las medianías del municipio de Garafía (isla de La Palma), entre los pagos de La Mata y San Antonio del Monte, a una cota de unos 1.000 m de altitud. Un rincón de frondosa vegetación, de brumas y musgos, donde uno se puede deleitar con el verdor y del canto de los pájaros. Lugar para disfrutar de la relajación y la tranquilidad que nos brinda la naturaleza y, cómo no, de la espiritualidad que desprenden sus piedras. Para acceder a la zona arqueológica debemos realizar un agradable paseo bajo un exuberante manto vegetal de transición con elementos de la laurisilva y el pinar hasta llegar a una fuente de agua al pié de los símbolos sagrados del caboco de La Zarza.

La primera referencia escrita que tenemos de los grabados rupestres data de 1941; sin embargo, debemos esperar hasta la década de 1970, para que los investigadores Luis Diego Cuscoy, Antonio Beltrán y Mauro Hernández realicen los primeros estudios tipológicos y descriptivos. A finales de la década de 1990, el profesor Ernesto Martín dirigió una excavación en dos zonas de las covachas que se encuentran en la base del caboco, descubriendo abundantes restos cerámicos de la fase IV, utillaje lítico, dos fragmentos correspondientes a un recipiente elaborado en madera y restos humanos de un maxilar y fragmentos del frontal y parietal derecho de un solo individuo joven. Otras aproximaciones a este emblemático lugar siguen sin dar una respuesta coherente a su ubicación. Sin embargo, nuestra propuesta se puede medir, comprobar y, por lo tanto, demostrar.

El arte rupestre (arte conceptual que supera lo elemental, lo físico y lo corpóreo) es un tipo particular de vestigio arqueológico cuyo estudio puede brindar información relevante acerca de la actividad humana pasada. Es notable, desde el punto de vista plástico o gráfico, la nitidez con que los artistas awara, a través de una geometrización de las formas, formularon un lenguaje visual de inusitada belleza y cohesión.

Sus misteriosas formas y su aparente disposición aleatoria despiertan la curiosidad de todos aquellos que observan las piedras sagradas; ahora bien, para un ojo inexperto, los grabados rupestres aparentemente se distribuyen al azar en un determinado espacio. Estas manifestaciones culturales trascienden el contexto de lo estético y autoral propio del arte occidental y siguen unos patrones preestablecidos por la comunidad cultural que los origina.

Debemos tener claro que los petroglifos dan sentido al espacio. “Los monumentos se erigen para destacarse en el espacio y con la intención además, de que su visualización se mantenga a lo largo del tiempo (Criado Boado 1993). Una marca en el paisaje que se levanta para comunicar perdurando y para perdurar comunicando. Es por esto que las construcciones o rasgos naturales significativos vinculados a la observación astronómica deben considerarse monumentos dado que su propósito es perpetuar el conocimiento que están comunicando y fijando” (Alejandra D. Reynoso, https://gupea.ub.gu.se/bitstream/2077/3258/1/anales_6_reynoso.pdf).

Los grabados rupestres de La Zarza y La Zarcita fijan y reactualizan constantemente el tiempo sagrado, no de forma lineal sino en ciclos, ajustado con los movimientos del Sol, una constelación y dos estrellas, llamando la atención su eterna presencia y su perpetua recreación.

Existe, por otro lado, una planificación minuciosa de cada soporte, sin cabida a la casualidad. Tanto en La Zarza como en la Zarcita los grabados rupestres presentan seis direcciones diferentes cada una, dirigiendo sus diseños hacia los ortos y ocasos solsticiales y equinocciales y hacia los lugares por donde se oculta Casiopea y el instante en que se alinean las dos estrellas más destacadas de la Osa Menor (Polar y Kochab) que coinciden temporalmente con los equinoccios y el solsticio de verano.

Muestran lo sagrado repetidamente en ciclos que se reactualizan todos los años puesto que el mundo se renueva anualmente. Participa en la realidad que trasciende conmemorando un acontecimiento que se repite eternamente. Así pues, una roca adquiere sentido y valor cuando es manipulada (tallada), entonces resiste el tiempo y se convierte en perenne y sagrada al adquirir la imagen del cosmos. Ahora, el petroglifo, el espacio circundante y los astros se reúnen, se encuentran en el mismo eje. Las apariciones y ocultamientos de los astros sobre el horizonte o sus alineaciones permiten calcular los tiempos venerables.

Aunque presenta una gran dificultad poder diferenciar algunos paneles de otros, puesto que están prácticamente unidos, contabilizamos unos 50 entre los dos sitios. El grueso de los motivos se concentra en los márgenes izquierdos, los que miran al naciente.

La Zarza:

1. En el margen derecho del caboco, la disposición de los grabados rupestres nos descubre orientaciones hacia los ocasos solsticiales de invierno, el orto crepuscular de Casiopea en torno al 20 de septiembre (equinoccio de otoño) y hacia el lugar donde se alinean Kochab y Polar, al oscurecer, hecho que sucedía el 21 de junio (solsticio de verano).

2. Los soportes de los grabados que se encuentran en la parte central del barranco fueron elegidos al presentar dos alineaciones estelares: Casiopea, durante el crepúsculo, surge coincidiendo con el equinoccio de otoño y, de nuevo, la alineación de Kochab y Polar durante el crepúsculo del 21 de junio (solsticio de verano).

3. Las caras de las rocas donde se tallaron las bellas formas geométricas del margen izquierdo del barranco presentan una cuádruple orientación: los ortos solsticiales de verano e invierno, los equinoccios y la alineación de las estrellas kochab y Polar coincidiendo con la llegada del verano.

La Zarcita:

Encontramos dos conjuntos de petroglifos localizados en ambos márgenes del contiguo barranco de La Zarcita.

1. En el margen derecho se localizan dos bases con sendas orientaciones hacia los ocasos de los solsticios de invierno y verano. Formando parte del camino descubrimos dos piedras con grabados rupestres que fueron sacadas de este sitio y dispuestas para señalizar el límite del sendero.

2. En el margen derecho se encuentra la estación mayor, presentando las tres orientaciones solares más importantes (los ortos solsticiales de verano e invierno y los equinoccios), así como la salida de Casiopea, al oscurecer, coincidiendo con el orto helíaco de la estrella Canopo, a mediados de agosto.

Un detalle que se repite constantemente en La Palma, y aquí tiene un importante protagonismo, es la sincronía -para que coincidan temporalmente- entre las estrellas reseñadas y los equinoccios y el solsticio de verano. Es norma predominante la unidad de motivos con similar disposición y composición. Todo esto puede obedecer a estereotipos muy concretos, pues se le supone un valor simbólico y mágico. Es una repetición constante de los mismos períodos de tiempo sagrados, a través de los mismos astros, en las dos estaciones gemelas de La Zarza y La Zarcita. Sirven, por tanto, para categorizar e interpretar la búsqueda de regularidades y de armonía (espacio/tiempo) con el firmamento.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El espíritu de la montaña entre los antiguos canarios

Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Ingmar Bergman
 
Vivimos en un archipiélago de mágicos paisajes donde la belleza cautiva por su originalidad. La mayoría de las islas poseen abruptas cumbres con imponentes desniveles que incitan a la admiración, a las emociones, incluso en aquellas islas más bajas, las elevaciones volcánicas emergen de la planicie con fabuloso cromatismo y distinción. Ellas mismas (las montañas) incitan a recorrerlas, a estar y permanecer, a vivirlas y a descubrir su interés cultural. Todavía hoy permanece un halo de espiritualidad que acompaña a muchos de los que escuchan y sienten la fuerza de la eminencia. Por ello, aventurarse por la montaña siempre ha representado una empresa rica en implicaciones anímicas, relacionadas con la ascensión y, a menudo, narradas mediante símbolos fuertemente arraigados en la mitología. Así pues, podemos constatar que el arquetipo de ascensión se revela ya en los comportamientos religiosos de la prehistoria y, luego, se consolida en la realidad cultural del ser humano mediante múltiples connotaciones que oscilan entre religión y superstición, leyenda e historia.
Círculos sagrados sobre la cima de Los Horgazos (Gran Canaria).
Círculos sagrados sobre la cima de Los Horgazos (Gran Canaria).
Prácticamente todas las culturas y civilizaciones han divinizado una o varias montañas y las han personificado de manera particularmente significativa en el interior del misticismo local. Por ello, acercarnos a la majestuosidad de la montaña es todo un ejercicio de arqueología espiritual. Cualquier saliente rocoso destacado en el terreno puede ocupar un lugar enfatizado en el paisaje mitológico de muchos pueblos, encima, si esos salientes se encuentran en las alturas se pueden convertir en morada de las divinidades. Es normal encontrarlas con un buen número de significados: la montaña en los relatos cosmogónicos y legendarios, la montaña como morada de espíritus, la montaña como residencia divina, la montaña del mundo, la montaña personificada y objeto de culto y la montaña sagrada artificial: pirámides, túmulos…
Ahora estamos en mejores condiciones de poder dar respuesta a los numerosos interrogantes que nos plantea la vinculación entre los primeros canarios y las cimas. Por ejemplo ¿qué paradigmas de contacto practicaron los canarios con la montaña? ¿Qué características físicas fueron significativas? ¿Qué tipo de respuestas se pueden obtener sobre la base de los registros literario y arqueológico? ¿Por los restos encontrados, podemos considerarlas lugares de culto? Los primeros textos etnohistóricos de Canarias recogen perfectamente los principales fundamentos de la sacralidad de la montaña. Valga una muestra en la cita de Leonardo Torriani para la isla de La Palma: “... en la cumbre de las montañas llamadas Tedote; y encima de ésta hacían sus sacrificios de leche y manteca”. Ahora bien, recorrer las montañas más elevadas de las Islas Canarias nos percató de la existencia de otro territorio colectivo cultual cuyo significado nos había pasado desapercibido. Para los antiguos canarios la veneración de la montaña es algo trascendente. En las cumbres más altas, la tierra deja de ser terrenal y se funde con el firmamento. La montaña es el templo más sagrado, eje astronómico y punto central donde el Sol, la Luna y las estrellas se reencuentran todos los años.
Por las cumbres de la Caldera de Taburiente, en la isla de La Palma, se dispersan los únicos (más de 60) amontonamientos de piedras descubiertos en la Isla. Son verdaderas imágenes del mundo de forma circular con un perímetro de grandes piedras que ganan altura al acumularse las rocas en su interior. Establecen un vínculo directo o religación con la montaña más destacada a la vista y el orto solar durante el solsticio de invierno; esto es, el inicio del nuevo ciclo (revista Iruene nº 3, 2011).
Los almogarenes de montaña de Gran Canaria son recintos que van acompañados de torretas que tienen una precisa correspondencia con Las Pléyades en el momento de su ocaso antes del amanecer sobre el Pico Teide, intervalo que sucedía en los primeros días de noviembre para dar inicio a la sementera, la nueva temporada agrícola. El sistema comienza en la Montaña de Altavista y discurre en dirección Sur hasta Llanos de Gamona, gestionándose períodos temporales de 100 y/o 200 años -debido al desplazamiento del cúmulo de Las Pléyades- mediante una docena de almogarenes que se distribuyen por las cumbres de la Isla (revista iruene nº 5, 2013).  
El espacio sagrado tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y de hacerlo diferente. Se revisten de signos, códigos y lenguajes que indican la sacralidad del lugar, la orientación, las formas… En Canarias son numerosas las elevaciones que sobresalen sobre el territorio que las circunda, siendo muchas de ellas partícipes de una sacralidad otorgada. Llegados a este punto podríamos citar Tindaya (Fuerteventura) que fue tallada de huellas de pie humano, Teide (Tenerife) referencia topográfica para los indígenas de otras islas o el Roque de Agando (La Gomera) como jalón para orientar diferentes construcciones y símbolos rupestres en correlación con el Sol, la Luna y algunas estrellas en instantes muy señalados en sus calendarios (Revista Iruene nº 2, 2010). 

Las estrellas del invierno y la agricultura en la antigüedad de Gran Canaria

La población prístina de la isla de Gran Canaria, al igual que el resto del Archipiélago, despierta un interés enorme ante el reto de poder desvelar algunos de sus numerosos interrogantes. Definir un paisaje sagrado depende, entre otras cosas, de los restos arqueológicos conservados de antiguos cultos descritos en sus descarnadas piedras y su interacción con el marco visual (paisajístico). Es entonces como ciertos lugares, consideraron santos, fueron construidos y se dotaron de elementos predestinados a observar el cielo. Fueron una expresión simbólica de esquemas cosmológicos.
Recreación de Las Pléyades, entrando por el Teide, dando inicio a la sementera. (Miguel Martín)
Recreación de Las Pléyades, entrando por el Teide, dando inicio a la sementera. (Miguel Martín)
Ahora que las estrellas invernales -Canopo, Las Pléyades, Aldebaran, Orión, Rigel, Capella…- están desapareciendo de nuestro cielo para ocultarse hasta la llegada del otoño ¿cómo interactuaron los canarios con el territorio? Lo primero que debemos mencionar es que la base del sustento fuera la agricultura, tanto de secano como de regadío, siendo los cereales (cebada, trigo, habas, leguminosas, higueras) las provisiones elegidas para alimentar una población cada vez más numerosa. Aunque se desconoce el volumen de extensión superficial destinado a la actividad agrícola, la extensión de superficie cultivada debió ser abundante a tenor de las fuentes escritas: “ plantaban e sembraban en muchas partes de la isla los gentiles canarios y tenían sus huertas de arboledas y bosques, asi en las costas como en las medianías y cumbres con que estaba siempre la tierra muy proveida y abastecida de alimentos…” (Fray José de Sosa, 1994).
La observación de los cuerpos celestes permite computar el tiempo y, por tanto, predecir los cambios estacionales en la naturaleza, llegaron a ser particularmente necesarios en el umbral de la agricultura, ya que este modo de subsistencia requiere el debido ordenamiento y la planeación de las labores en el ciclo anual. Las tareas agrícolas ocupaban buena parte del tiempo a la comunidad que debía plantar las semillas, utilizando cuernos de cabra en grupo, con las primeras precipitaciones abundantes, mantener los campos de cultivo limpios de hierba, usar el agua para el riego cuando faltaba la lluvia (para ello fue necesario construir acequias de piedra para conducir el líquido). Luego vendría todo el proceso de la ciega recogiendo sólo las espigas, las pisaban y las aventaban con las manos. Por último, transportaban el grano hasta las casas y los silos comunales controlados por las clases sociales dominantes. Se calcula que existen más de 50 graneros dispersos por la mitad norte de la Isla.
¿Dónde se localizan estos almogarenes o lugares sagrados? Los descubriremos en sitios distinguidos del paisaje para ser utilizados con fines espirituales y religiosos, copiando los arquetipos celestes (cosmología ligada a la construcción). Por ello, disfrutan un profundo carácter simbólico y suelen perdurar en sus formas mientras no cambie el marco de las relaciones sociales. Se nos muestran con formas de casas, círculos de piedras, amontonamientos de piedras, torretas de lajas y presencia de grabados rupestres. Geográficamente -es tan solo una aproximación de ubicación- se dispersa ampliamente por el centro de la Isla entre la imaginaria línea que une Risco Caído y Cuatro Puertas y la línea solsticial que transita por los Llanos de Gamona, desde Altos del Coronadero hasta Mogarenes.
Gobernábanse por el sol de día y de noche por algunas estrellas, según que tenían experiencia de cuando salían y se ponían; ó á la prima ó la media noche ó á la madrugada” (Fray José de Sosa, 1678). Los antiguos canarios reconocieron, en la posición de determinadas estrellas y su vínculo con la topografía, una doble señal para ajustar el tiempo e iniciar la sementera.
1º. Se produce en el momento en que el asterismo de Las Pléyades se ocultaba por detrás del Teide al amanecer, en los primeros días de noviembre, justo cuando empiezan las lluvias más copiosas en Canarias. Este acontecimiento astronómico y topográfico marcaba el inicio de la siembra del cereal. Ajustar esta sincronía requería ir construyendo los almogarenes de cumbre cada 100 o 200 años en dirección Sur ( Revista Iruene nº 5, 2013).
2º. Fructificaba a lo largo del mes de noviembre en determinados sitios costeros, entrando en juego Canopo, Rigel, Orión, Sirio, Capella… ocultándose, al amanecer, sobre un horizonte montañoso destacado en el entorno más cercano. El ciclo sagrado comenzaba en Montaña Bermeja (Telde) cuando Rigel se escondía por la cúspide occidental de Montaña Águeda, distante a 2 km. Una semana más tarde lo hacía la constelación de Orión por el vértice oriental de la montaña.
En la estación rupestre del Barranco de Balos entran en juego el mismo grupo de estrellas que, a principios de noviembre, al alba, coincidían aproximadamente su posición con los elementos naturales (montañas) del territorio.
Por último, en Altos del Coronadero, desde el conjunto de torretas se puede visualizar como, en las mismas fechas, el arco se convierte en un ventanal abierto a luceros como Rigel y Sirio para determinar el inicio de la sementera.
Después de 5 o 6 meses, entre abril y mayo, este conjunto de estrellas comienzan a desaparecer, determinando el inicio de la ciega ( Revista Iruene nº 6, 2014).
Espacio y tiempo se funden para asegurar sus virtudes y encontrar el éxito -el sentido-. Todo debe mantenerse en orden y funcionando según el ritmo del cosmos desde un lugar fijo y en el tiempo establecido. Los canarios buscaron su principio ideológico coordinado y conectado, asociándolo a la topografía y al cielo.
Este vínculo llegó hasta nuestros días entre los campesinos canarios que, como bien recogen J. A. Belmonte y M. Sanz de Lara (2001), identificaron esta región celeste de Las Cabrillas (Las Pléyades), El Pastor (Aldebarán), El Arado (Cinto y Daga de Orión), La Yunta (Betelgeuse y Rigel) y La Gañanera (Sirio) como las estrellas agricultoras. Varios pastores de Canarias confirmaron que “ con la salida del Siete (Pléyades) empieza la siega y con su puesta la siembra”. Es idéntico a lo que escribió el griego Hesíodo en el “Proemio del Labrador de los Trabajos y los Días” (800 a.C.): “ Empieza la recolección cuando las Pléyades, hijas de Atlas, se alzan en los cielos, y la labor cuando desaparecen…”.
En definitiva, la observación sistemática de los astros originó un calendario preciso íntimamente asociado con la agricultura que podemos descubrir asociado a importantes aspectos de la arquitectura ritual y el paisaje.

La ritualización del lunasticio de verano Menor Sur entre los antiguos canarios

Las sociedades del pasado debieron ajustarse rigurosamente al ritmo que les imponía los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas para regular sus efemérides más señaladas en los calendarios, ordenando el tiempo de una manera cíclica y repetitiva.
En este caso vamos a priorizar un fenómeno astronómico que sucede cada 18,6 años coincidiendo con las paradas mayores y/o menores de la Luna llena tanto del verano como del invierno, así como sus ortos y sus ocasos. Lo descubriremos más tarde con tres ejemplos muy significativos en la cosmovisión de los antiguos canarios.
Cuando el Sol llega a sus extremos (solsticios), la Luna siempre se encuentra en los opuestos (lunasticios), coincidiendo en los lugares más distantes del Sol. De este modo, las lunas llenas del invierno y del verano aparecen por los puntos más boreales o australes que pueden alcanzar durante el año. Evidentemente, estamos refiriéndonos a un período largo conocido como ciclo de regresión de los nodos de la Luna que dura 18,6 años.
Tanto el lunasticio de verano como el de invierno, cuando el satélite llega a sus extremos Norte y Sur, fueron marcados por los antiguos canarios teniendo en cuenta un accidente orográfico muy destacado por donde va a coincidir el orto o el ocaso lunar.
La localización en el paisaje es fundamental a la hora de abordar los numerosos enigmas a los que nos enfrentamos. Por ello, la topografía y los astros nos obligan a levantar la mirada y revelar la gran suerte de que el próximo 2 de junio de este año 2015 se cumple una etapa de este ciclo largo lunar correspondiente al lunasticio de verano Menor Sur y si el tiempo está despejado podremos ver lo que los awara (antiguos habitantes de la isla de La Palma) observaron y ritualizaron desde lugares atiborrados de vestigios tan visibles como 18 amontonamientos de piedras y más de 80 grabados rupestres en las cumbres de la isla de La Palma, concretamente a unos 2.170 metros de altitud, en el Llano de Las Lajitas (Garafía). Desde este espacio sagrado se distinguieron los lunasticios de verano mayor y menor Sur coronando el pico más alto de la Isla, el Roque de Los Muchachos. La presencia de 18 amontonamientos de piedras es bastante significativa del número de lunas que completan el ciclo.
Desplacemos ahora nuestra atención a la isla de La Gomera, posicionándonos en el interior de la significativa cueva de Las Toscas del Guirre, situada en la ladera de un barranco a 500 metros de altitud, muy pequeña y húmeda en invierno, de unos 6 m de largo, 2 m de ancho y una altura máxima de 2 m. Contiene un tesoro en forma de más de cien caracteres de escritura líbico-bereber y una treintena de cazoletas. Este habitáculo tiene una pequeña abertura excavada en el techo desde donde se puede observar el magnánimo Roque de Agando, símbolo de la Isla y referencia topográfica para los antiguos gomeros, justo el lugar por donde va a entrar la Luna llena del lunasticio de verano al amanecer (sobre las 6,40 horas) del próximo martes 2 de junio de 2015.
Por último, le toca el turno a los espectaculares túmulos del Agujero de Gáldar (Gran Canaria), ubicados sobre un pequeño acantilado marino con dos terrazas separadas por la barranquera de la Arenilla. Aquí descubriremos la arquitectura funeraria más sobresaliente de todo el Archipiélago canario, tumbas circulares compartimentadas interiormente en fosas individuales dispuestas de forma radial hasta en dos o tres pisos. ¿Qué es lo que determinó su construcción precisamente ahí y no en otro lugar? y ¿por qué se encuentran repartidos en dos terrazas bien diferenciadas? Esos montículos de piedras fueron erigidos de modo que señalasen exactamente el lugar por donde salía y/o se ponía el Sol y la Luna en momentos específicos del año. En este caso, las marcas vienen establecidas por el Sol en su nivel máximo Sur (solsticio de invierno) en el túmulo de la Guancha cuando es astro rey surge por detrás de la cima de la Montaña de Gáldar.
Respondiendo a la segunda pregunta, desde la plataforma Oeste donde se localizan los túmulos de la Luna, la Luna llena del verano (lunasticio de verano) en su parada Menor Sur la podremos disfrutar con toda solemnidad con las primeras luces de la mañana (poco antes de las 7 a.m.) ocultándose por la Montaña de Sardina del Norte y, durante el crepúsculo, sobre la montaña de Gáldar el próximo martes 2 de junio de 2015.  
Las posiciones topográficas y astronómicas determinaron los emplazamientos de estos y otros lugares sagrados de Canarias. Sus orientaciones y disposiciones sobre el horizonte demuestran un avanzado conocimiento astronómico, revelando su propio misterio, la magia de la eternidad, de infinito y presente eterno. El 2 de junio reviviremos la mitología de nuestros ancestros, uno de los momentos más extraordinarios en el que se abren las puertas del cielo y renace el cosmos

El Bejenao bajo el tránsito de las constelaciones

Existe un principio básico entre los científicos y es que no puede entenderse el funcionamiento del todo sin tener en cuentas cada una de las partes, el ámbito de aplicación y el contexto preciso. Por ello, nos vamos a trasladar a un lugar emblemático en la isla de La Palma, el Bejenao, para intentar desentrañar alguno de los secretos mejor guardados por seres humanos de otros tiempos que buscaron en las alturas las respuestas a su existencia.
Lo que para nosotros no es más que un hito geográfico, un estratovolcán o elevación volcánica compuesta por la superposición sucesiva en diferentes períodos de episodios eruptivos de capas de lava, o de lavas y cenizas, con un millón de años de antigüedad alzado directamente sobre el Complejo Basal, para los awara (antiguos habitantes de la isla de La Palma) representaba un lugar simbólico, el paraje privilegiado donde se manifiesta lo sagrado, el santuario donde el cielo y la tierra se unen, la imagen predilecta del centro del mundo. La montaña perfecta.
La montaña sagrada del Bejenao.
La montaña sagrada del Bejenao.
La presencia humana está implícita desde que llegaron los primeros pobladores a la Isla, recorriendo con sus rebaños barrancos y lomos en busca de pastos frescos, habitando cuevas y construyendo cabañas. Los grabados rupestres son abundantes, con una veintena de estaciones y más de 200 paneles sorprendentes por la profundidad de surcos de la mayoría de los motivos. Suelen encontrarse sobre pequeños afloramientos rocosos sobre los lomos, siendo los más destacados el Lomo de Tamarahoya, Lomo Gordo, Lomo del Topo-La Trocha, Los Hornitos, El Rodeo, la crestería de La Caldera, el Pico de Los Cuervos y Lomo del Estrecho.
Nos quedamos ahora con sus tres mejores ejemplos: 1. Lomo de Tamarahoya contiene unos 130 paneles divididos en tres grupos principales a lo largo de unos 200 metros de afloramientos rocosos que jalonan su parte superior. Se emplaza por debajo de la Pista de Ferrer, entre los 1.150 metros y los 1.220 metros sobre el nivel del mar, en medio de un bosque de pino canario. 2. Lomo Gordo I se localiza por debajo de la pista de Ferrer a una cota de 1.290 metros sobre el nivel del mar y a unos 500 m de distancia de Tamarahoya. Encierra unos 20 paneles de grabados rupestres. 3. Lomo Gordo II incluye, sobre un espacio reducido, unos 10 paneles. Se ubica sobre un rellano, en el margen derecho del lomo, a una cota de 1.315 metros de altitud y a unos 70 metros de distancia del anterior en dirección NO.
Los símbolos construyen, crean y ordenan la realidad inaccesible y trascendente.
Los símbolos construyen, crean y ordenan la realidad inaccesible y trascendente.
En todos, la temática de sus motivos es de tipo geométrico, destacando los grupos de las espirales, círculos y semicírculos concéntricos, meandriformes, grecas… ejecutados con la técnica de picado de diferente anchura y profundidad. A estos motivos característicos de la arqueología palmera se añaden otros más sencillos realizados mediante la incisión. Los símbolos construyen, crean y ordenan la realidad inaccesible y trascendente. Lo inferior (el símbolo) puede representar lo superior (el cosmos), no a la inversa. La ideología que subyace aquí ofrece la garantía, a través del paisaje, de la existencia de un mundo en armonía y en orden. El espacio sagrado tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y de hacerlo diferente, pues se revisten de signos, códigos y lenguajes que indican la sacralidad del lugar por su orientación, las formas, los tiempos, etc.
¿Qué papel juega entonces el Bejenao? Como referente geográfico, marcaba puntos de localización confiables; es decir, puntos de referencia fijos que servían para ubicarse y guiarse en el espacio y el tiempo. Esta montaña sirvió de conexión astronómica al facilitar las observaciones de los astros a fin de organizar sus actividades venerables a lo largo del año.
Para justificar pues todos estos criterios es necesario aportar argumentos, hacer visible su significado. Así que, de este modo, su tremenda complejidad la podemos construir, atendiendo a los fenómenos observables desde Tamarahoya, a partir del siglo VI, cuando la Osa Menor se ocultaba sobre el Bejenao, en el crepúsculo de los días 21 o 22 de septiembre, anunciando la llegada del equinoccio de otoño. Mientras tanto, en el polo opuesto, al amanecer, se producía una alineación acrónica de las estrellas Canopo y Sirio entre Cumbre Vieja y la isla de El Hierro. En otra ocasión, la Osa Menor, en concreto su segunda estrella mayor (Kochab), se ocultaba por el Bejenao al alba, en torno al 25 de abril, coincidiendo con el ocaso acrónico de Canopo por el SSE, finalizando aquí su ciclo invernal. A partir de este instante estará cuatro meses sin mostrarse. Todas estas circunstancias son fenómenos observables, son visibles y se pueden medir.
Desde Lomo Gordo I y II, a partir del siglo XII, coincidiendo con el orto helíaco de Canopo sobre El Birigoyo, en Cumbre Vieja, se podía distinguir como la constelación de Casiopea se ocultaba sobre el Bejenao, en el crepúsculo a mediados de febrero, repitiéndose el mismo caso, esta vez, en los primeros días de septiembre, al amanecer, coincidiendo con la aparición de Canopo después de cuatro meses oculta. Por otro lado, la Osa Menor se internaba por la vaguada entre el Bejenao y Lomo Gordo al oscurecer del 21 de diciembre anunciando el solsticio de invierno.
Es todo un alarde de oxímoron cósmico, armonía temporal entre los polos opuestos Norte y Sur. Cuando se ocultan Casiopea y la Osa Menor por el Norte emerge la estrella Canopo por el Sur. El Este y el Oeste vienen definidos por las orientaciones de los soportes pétreos donde se tallaron los petroglifos que buscaron intencionadamente los lugares por donde surge y se oculta el Sol en sus posiciones extremas durante los solsticios de invierno y verano*.
 
* Revista Iruene nº 6 (2014)

La Virgen de Las Nieves de La Palma en tiempos de los awara

Existen numerosos casos en Canarias o en América de utilizar imágenes de la Virgen, y no de Cristo, como modelo de conversión al cristianismo, sabedores de que la sociedad y las creencias de los indígenas insulares manifestaban un claro carácter matriarcal.
Serían los franciscanos los que experimentaron el método y las introdujeron en Canarias durante el siglo XV. Los intrusos se afanaron por lograr la dominación ideológica y se esmeraron en destruir y suplantar la espiritualidad ancestral con una nueva simbología mariana (imágenes de vírgenes con niño como distintivo de madre y señora ligada a la fertilidad y a la adoración de la naturaleza). Los misioneros, a la vez que difundían los principios del Evangelio, inculcaban en el espíritu de los nativos la devoción a la Virgen.
Posteriormente, la iglesia católica, por medio de su dogma, se encargó de adjudicar un sentido mayor al incorporar las tesis marianas que involucran las creencias y, por lo tanto, validan los mitos y leyendas surgidos en torno a la Virgen María. En septiembre del año 1369 el papa Urbano V hizo pública la bula Ad hoc semper en la que alentaba el traslado de religiosos a Canarias con el fin de convertir “ a los adoradores del Sol y la Luna” a la fe de Cristo. Sin embargo, a partir de 1402 comienza una nueva fase basada en la conquista armada como paso previo a la evangelización con el apoyo de misioneros llegados mayoritariamente de Andalucía y Castilla. Abreu Galindo, entre otros cronistas e historiadores, recoge en la Bula del Papa Martino V fechada en Roma el 20 de noviembre de 1423, una mención a Santa María de la Palma.
En la imagen, entorno del poblado troglodita y Santuario de Nuestra Señora Las Nieves (Santa Cruz de La Palma). Foto: Miguel A. Martín.
En la imagen, poblado troglodita y Santuario de Nuestra Señora Las Nieves (Santa Cruz de La Palma). Foto: Miguel A. Martín.
La cristianización se hizo buscando acabar con tradiciones, autoridades y valores antiguos, haciéndolos aparecer perversos o inadmisibles. La religión estuvo íntimamente ligada a la opresión colonial de tal manera que se subvaloró la cosmogonía indígena con la convicción de portar una religión y cultura superiores. Se buscó evangelizar y “civilizar” al mismo tiempo, pues se pensaba que la religión autóctona era una superstición. No sabemos con seguridad quien trajo la talla de la imagen de la Virgen de Las Nieves (escultura muy pequeña que mide unos 50 cm, modelada en terracota policromada, de estilo románico tardío en transición al gótico, que se sitúa cronológicamente a finales del siglo XIV) ni el momento exacto de la llegada a la costa occidental de la isla de La Palma, concretamente a las playas de Maldonado (Santa Cruz de La Palma), ni cómo fue el encuentro por parte de los naturales que la recogieron y trasladaron al poblado troglodita, ubicado en el margen izquierdo del Barranco del Río, en el Morro de Las Nieves, conformado por unas 15 cuevas con capacidad para ser habitadas, siendo reutilizadas históricamente la gran mayoría. De momento, sin confirmación documental, sólo podemos conformarnos con las leyendas y las narraciones que hablan de restos de un naufragio o la presencia en la Isla de misioneros mallorquines, del Obispado de Telde, irlandeses, normandos, de la expedición de Juba o incluso el propio Fernández de Lugo.
Petroglifo de círculos concéntricos perteneciente al complejo rupestre del Morro de Las Nieves. Foto: Miguel A. Martín.
Petroglifo de círculos concéntricos perteneciente al complejo rupestre del Morro de Las Nieves. Foto: Miguel A. Martín.
La importancia espiritual del lugar queda registrada en la presencia de cazoletas y canales sobre la plataforma superior del risco de Las Nieves, así como la presencia de cuatro grabados rupestres y un conjunto de cazoletas y canales sobre un soporte de toba volcánica que localizamos en el extremo oriental del Morro y que publicamos en 1997 [“La vida sagrada de los benahoarita”, p 103]. Sobre una superficie de unos 4,30 m x 1,90 m se tallaron todo un circuito de 15 cazoletas y canalillos que las comunican. La adaptación a la morfología de la roca originó el cincelado de un canal principal (19 cm de anchura por 12 cm de profundo) que desciende linealmente, variando hacia la izquierda dos veces para dividirse en “afluentes” de canalillos que terminan en cazoletas o se precipitan al vacío. La cazoleta más grande alcanza dimensiones de más de 25 cm de largo por 16 de ancho.
Presidiendo el conjunto, en la cabecera superior de la tosca, se encuentra un petroglifo espiraliforme que se orienta, en conjunto con el altar, hacia el lugar por donde despunta el Sol en un instante temporal determinado como es el solsticio de verano.
A unos pocos metros de distancia, formando parte del risco, localizamos tres pequeños grabados rupestres (espiraliformes y círculos concéntricos) estampados en aquellas superficies que se orientan con el orto solar durante el solsticio de invierno, cuando el Sol sale por detrás del Sombrero de Chasna (isla de Tenerife) y el ocaso solar durante el mismo solsticio de invierno. Son direcciones sagradas que los antiguos ‘intencionaron’ como una forma de ordenar el espacio para controlar el tiempo ritual.
Pues bien, una vez conquistada la Isla, los nuevos dueños del territorio entendieron como algo milagroso la aparición de la Virgen entre los nativos, lo que explica categóricamente la construcción, sobre la vaguada situada al N del Morro, del Real Santuario respetándose la orientación de la cabecera de la iglesia hacia el naciente como es tradición en la arquitectura religiosa cristiana. El lugar sufrió una metamorfosis de antiguos cultos paganos que ahora se cristianizan.
A raíz de la conquista, el adelantado Alonso Fernández de Lugo, ferviente devoto de la Santa Cruz, de San Miguel Arcángel y de la Virgen de Las Nieves, asigna e impone estos tres símbolos en la isla de La Palma. El documento más antiguo que se conserva con el nombre de “ Santa María de las Nieves” lleva fecha del 23 de enero de 1507. Se trata de una Data del propio Alonso Fernández de Lugo donando a la Virgen los solares en los que, 10 años más tarde, constaba como edificado el primitivo templo, luego ampliado en 1525 y sustituido por el actual en 1646. La iglesia fue elevada a parroquia en el año 1657. Es todo un alarde exhibicionista del triunfo de la cristiandad, resultando obvia la victoria ideológica implícita en el hecho de cerrar y destruir lugares de culto indígena y levantar allí los propios. El territorio conservaría su carácter sagrado a pesar de la suplantación con otros ritos y el cambio de culto. El Real Santuario Insular de la Patrona de La Palma se convierte pronto en el centro religioso de la Isla por antonomasia y uno de los focos de devoción cristiana más antiguo del Archipiélago

jueves, 18 de septiembre de 2014

Recinto cultual de Las Lajes (Garafía, isla de La Palma). El eterno retorno del Sol


Una de las principales particulares naturales del Archipiélago Canario es la enorme variedad de ecosistemas y paisajes únicos en el mundo. Uno de los que más atractivos presentan son los ambientes de montaña, de elevados peñascos e intrincados barrancos, de pinares y matorrales de cumbre, de aves que surcan el cielo y de silencios que invitan a reflexionar y a buscar la esencia más profunda del ser humano. La isla de La Palma es todo un portento de lo abrupto, de elevaciones que parecen enganchadas al cosmos. Pues bien, aprovechando estas fechas del equinoccio de otoño, vamos a mostrar un complejo arquitectónico de culto poco conocido localizado en un pequeño rellano, a 2.140 m de altitud, sobre el margen derecho del Barranco de Izcagua (Garafía).

La historia comienza entre codesos de cumbre un 31 de diciembre de 1994 cuando haciendo camino por donde no lo había, descubrimos cinco amontonamientos de piedras, más de ochenta grabados rupestres en todo su contorno más cercano, una cabaña, numerosos fragmentos cerámicos y cinco gabros de la Caldera de Taburiente de diferentes colores muy llamativos. Fue una jornada muy afortunada por la calidad y el volumen de los restos encontrados.

Parece evidente que los acontecimientos cambian en función de cómo se observen. Así que, examinando la zona en años sucesivos, encontramos la inspiración con erudiciones desde otros campos de la investigación dando como resultado el hallazgo de un espacio consagrado al Sol que pudimos confirmar durante los rastreos que perpetramos en 2006 y 2007, acreditando las perfectas alineaciones con los dos solsticios y los equinoccios (Abora, 2006, revistas iruene nº 1, 2009 y nº 3, 2011).

Se trata del segundo conjunto de majanos más sustancial de la Isla, después del complejo de Las Lajitas, localizado a tan solo 500 m de distancia. Sus construcciones siguen la misma tipología de lajas hincadas en círculo rellenas de piedras y lajas con grabados rupestres que no superan los 3 m de diámetro y 1 m de altura. La mayoría están muy deteriorados y algunos prácticamente vacíos.

Estos y otros igurar (“amontonamientos de piedras”) que se dispersan por las cumbres de la Caldera de Taburiente, suponen la primera manifestación arquitectónica religiosa de la isla de La Palma. El hecho de ubicarse en lugares de tanta altura nos empuja a señalar un arquetipo (una imitación) de la montaña y a establecer un vínculo entre la tierra y el cielo. Ahora bien ¿cómo se construye esa conexión? Nuestra responsabilidad es interpretar los restos que nos legaron. No obstante, a través de la metodología arqueológica actual, apoyándose en bibliografías anteriores, en la consagración de hipótesis como hechos o en la repetición de arraigadas exposiciones, es imposible madurar en los aspectos religiosos. Para contrarrestar esta inmutable visión es necesario ser crítico. En nuestro modelo de argumentación interpretativa demostramos que los awara (antiguos habitantes de la isla de La Palma) buscaron la altura estableciendo un principio ideológico con los astros, asociado a la topografía. Levantaron la mirada y observaron un cosmos cargado de sentido y de significados profundos. El hecho de que los mismos fenómenos astronómicos hayan sido contemplados por distintos grupos humanos, nos permite aprender mucho sobre las sociedades que las originaron. Debido a su falta de tecnología y conocimientos científicos, las culturas primitivas confiaban en el control divino del universo. De este modo, los rítmicos y eternos movimientos del Sol, la Luna y las estrellas permitieron ajustar el tiempo de las numerosas efemérides que regulaban las actividades festivas, los rituales y todo tipo de actos periódicos.

Para determinar si un monumento tiene un sentido litúrgico y a la vez calendárico, tiene que encontrarse un vínculo entre su alineación espacial con los puntos más destacados de la topografía montuosa y el tránsito aparente del Sol, la Luna o las estrellas por la bóveda celeste. Es decir, la arquitectura tiene que guardar un orden con el cielo.

En el sitio de Las Lajes se alzaron cinco amontonamientos de piedras para determinar, mediante una serie de alineaciones sencillas, los ortos solsticiales y equinocciales.

La alineación al solsticio de invierno la conforman tres majanos. Si nos ubicamos mirando hacia la montaña, descubriremos como los tres igurar siguen una misma línea que coincide con el lugar por donde asoma el Sol cada 21 de diciembre.

La marca del solsticio de verano la establece un grabado rupestre tallado sobre la cara de una roca que mira hacia el lugar por donde despunta el Sol cada 21 de junio y un amontonamiento de piedras que sirve de trazo e itinerario entre ambos (grabado rupestre y Sol).

El Sol, en su órbita aparente, cruza dos veces las transiciones o mitad del trayecto: los equinoccios en marzo y en septiembre. Las Lajes es el único sitio posible desde donde se puede observar como el Sol surge por detrás de la montaña más alta de la Isla: el Roque de Los Muchachos durante los equinoccios. Esto requiere de una gran precisión. Si nos colocamos en el amontonamiento de piedras superior, localizado en el mismo borde del precipicio del barranco, en los días señalados podremos observar una mágica y armónica unificación entre el Roque de Los Muchachos y el Sol.
A pesar de que en la actualidad, según la moda intelectual vigente, se tiende a pensar de un modo muy reduccionista (cuadriculado) y a considerar a los indígenas como ignorantes e ingenuos, la verdadera historia espiritual de los antiguos canarios es ilimitada y cosmológica. Estos amontonamientos de piedras reflejan el paso del tiempo en el cielo, el inicio y el final de un ciclo que se repite eternamente con la llegada de los solsticios y equinoccios.


                                                                 Artículo publicado en la prensa, septiembre 2014
http://elapuron.com/noticias/opinion/13283/recinto-cultual-de-las-lajes-garafa-isla-de-la-palma-el-eterno-retorno-del-sol
/http://www.eldiario.es/lapalmaahora/lapalmaopina/Recinto-cultual-Las_Lajes-Garafia_6_304179621.html

domingo, 22 de diciembre de 2013

El solsticio de invierno desde las cumbres de la isla de La Palma

Cuando llegan estas fechas en nuestro calendario, el cristianismo celebra el nacimiento del hijo de Dios, todo un alarde de asimilación de los antiguos rituales del nacimiento del Sol. Cada Año Nuevo, durante el solsticio de invierno, se produce el mito de la creación cosmogónica, se subraya la importancia del momento original en el que el mundo fue creado y se le atribuye a este acto las virtudes de creador del tiempo y ordenador del universo. Es el tiempo perfecto, la edad en que el cosmos está cargado de toda su fuerza vital. Es el Sol el principal encargado de ordenar los lugares sagrados en el tiempo considerado (solsticios y equinoccios). A partir de aquí el universo adquiere un orden, una armonía, se suceden los días, las estaciones, la muerte y el renacimiento del nuevo Sol.
Los solsticios son aquellos momentos del año en los que el Sol alcanza su máxima posición meridional o boreal, es decir, una máxima declinación Norte y Sur con respecto al ecuador terrestre.
El cosmos abarca todo lo que existe, tiene sentido. Es la esencia primordial, cargada de símbolos y significados. Por ello, los antiguos canarios buscaron trascender los límites de la humanidad elevando su alma al cielo por medio del mito, la arquitectura, el rito y el símbolo. Todo ello visible en formatos diferenciados -casas almogarenes o efequenes, amontonamientos de piedras, torretas, canales y cazoletas, queseras, círculos de piedra, grabados rupestres tallados en las rocas y objetos materiales cotidianos...- proporciona una convincente prueba del impulso al que esas prácticas dan forma a su cosmovisión. Aquellos hombres y mujeres marcaron el espacio con determinadas construcciones que vincularon al Sol. En el caso de la isla de La Palma, los awara construyeron unos sencillos templos al aire libre, antes de la era cristiana, sobre las cumbres que contornean la Caldera de Taburiente, amontonando piedras (igurar o majanos) de forma circular con un perímetro, en el mayor de los casos, de lajas hincadas en el suelo y rellenos de rocas y/o lajas de distintos tamaños. Se trata de sencillos recintos sagrados que suponen la primera manifestación arquitectónica religiosa en la isla de La Palma. Son más de 60 estructuras.
El templo es el centro del mundo, correspondiendo al espacio y al tiempo la necesidad de su recreación periódica. Los templos y otros espacios sagrados, axis e imago mundi, establecieron el orden cósmico, con estructura y normas propias de funcionamiento, se instalaron en un territorio para unirse al cosmos.
El pasado 21 de diciembre nos desplazamos a las Cabeceras de Izcagua II (Las Lajes, Garafía), en concreto a un amontonamiento de piedras situado a 2.030 m de altitud, en la margen izquierda de una barranquera. El majano posee un perímetro de rocas y lajas grandes de unos 11 m con un relleno que tiene como base un sustrato de tierra y piedras pequeñas y por encima se apilan un centenar de rocas más grandes. Su diámetro aproximado es de unos 3 m y la altura de 1,30 m. Contiene grabados rupestres y presenta un estado muy malo de conservación con muchas piedras caídas. Desde este lugar, el primer amanecer del solsticio de invierno es todo un espectáculo al producirse por el pico más destacado del entorno, Roque Chico.
Este acontecimiento no es algo aislado pues se repite en todo el contorno superior de La Caldera de Taburiente, en la misma fecha, en distintos lugares y con referencias naturales sobre las montañas de las islas de La Palma y Tenerife. La constante repetición de un acontecimiento constituye una prueba irrefutable, una convicción compartida por toda una comunidad. La elección de un lugar para emplazar un majano nos aporta un principio de comprensión sobre la intención espacial de la cultura awara. Desde estos lugares el espacio se conceptualizó y se sacralizó. Se establece un vínculo vertical jerarquizado de una triada eterna -grupo de tres diferentes figuras y/o elementos divinos o míticos especialmente vinculados-. Se parte del amontonamiento de piedras, continúa en un destacado punto del relieve y culmina con la aparición del primer Sol del Año. Se trata, por lo tanto, de un verdadero simbolismo cosmogónico. Se encomendaban pues a las celebraciones del Año Nuevo, al "comienzo" y la "renovatio", con la esperanza de que el mundo se renueve, que pueda comenzar una nueva historia en un mundo regenerado; es decir, creado de nuevo.
Según Mircea Eliade la cima de la montaña cósmica no sólo es el punto más alto de la tierra, es también el punto donde dio comienzo la creación. Cada 21 de diciembre los awara rememoraban el mito del origen, la génesis del principio, experimentando una hierofanía o la manifestación de lo sagrado. Lo sagrado se visualiza y se eterniza.
 

jueves, 19 de diciembre de 2013

FELIZ SOLSTICIO DE INVIERNO

miércoles, 19 de septiembre de 2012


Canopo, la estrella de la lluvia

En septiembre comienza la mejor época para observar, antes del amanecer, a Canopo, la segunda más brillante del hemisferio norte. En el cielo nocturno del planetario natural que se contempla desde Canarias, fiel a su cita anual, ha hecho estos días de nuevo su aparición una estrella sumamente deslumbrante. En septiembre, con la puntualidad del reloj cósmico que marca el ritmo del universo, ha comenzado la mejor época para observar a simple vista, antes del amanecer, suspendida en el sur del horizonte sideral, a Canopo, la segunda estrella más brillante del hemisferio norte (la primera es Sirio). Este objeto estelar no es visible desde ningún lugar del continente de Europa.
En septiembre comienza la mejor época para observar, antes del amanecer, a Canopo, la segunda más brillante del hemisferio norte.
En el cielo nocturno del planetario natural que se contempla desde Canarias, fiel a su cita anual, ha hecho estos días de nuevo su aparición una estrella sumamente deslumbrante. En septiembre, con la puntualidad del reloj cósmico que marca el ritmo del universo, ha comenzado la mejor época para observar a simple vista, antes del amanecer, suspendida en el sur del horizonte sideral, a Canopo, la segunda estrella más brillante del hemisferio norte (la primera es Sirio). Este objeto estelar no es visible desde ningún lugar del continente de Europa.
Canopo era el cuerpo celeste más idolatrado por los primeros pobladores de las Islas, sostiene el prehistoriador Miguel Martín, experto en astroarqueología. Desde el Archipiélago, en el citado punto del infinito boreal, se puede contemplar, si la noche está despejada, a partir de la citada fecha, hasta los primeros días de mayo, “justo el periodo de lluvias en Canarias”, subraya Martín. Los pueblos primitivos, recuerda, la consideraban “la madre de todas las estrellas”.
Entre las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por Miguel Martín destaca un estudio sobre el culto de la estrella Canopo entre los antiguos pobladores de Canarias.
Los awara, sostiene, “dominaron el conocimiento astronómico como pilar del conjunto del saber sagrado, aquel sobre el que se sustentaba su mundo”. En este sentido, sintetiza, “la observación del cielo fue una importante disciplina de aprendizaje”. Asevera que “realizaron sus consideraciones para dar sentido a la vida”.
Destaca que “fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo y, en su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas y de sus ideas cósmicas” en la orientación de sus “construcciones y en la iconografía de su sistema ritual” que, precisa, “resalta la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente”. En las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro, remarca, “la mediciones de campo (prehistoria de la posición astronómica), nos han confirmado una especial vinculación con la estrella Canopo”.
Situada a 313 años luz de la Tierra
Canopo, detalla, “es una estrella supergigante blanco-amarillenta”. Está situada “aproximadamente a 313 años luz de la Tierra y su diámetro es treinta veces más grande que el del Sol”. Asimismo, enfatiza, “su luminosidad es 12.000 veces” mayor que la del astro rey. Es conocida, abunda, desde la antigüedad como la Estrella de Osiris.
Hace miles de años, señala, “los humanos observaron que los puntos brillantes que adornaban el cielo por la noche se movían”. La intuición de este orden estelar, agrega, “se afianzó y comenzó a relacionarse con los cambios del tiempo”. Así, prosigue, “la posición de las estrellas permitió predecir cuándo iban a llegar las estaciones, el esperado período de lluvias, marcar el momento del apareamiento de los animales, de la siembra…”.
Astronomía aborigen de La Palma
Según expuso en su día el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) con motivo de una exposición sobre la investigación estelar en La Palma, “en la cultura de los pobladores prehispánicos de la Isla, los benahoaritas, existe una relación entre los ritos sagrados y la Astronomía”. Los citados habitantes, apunta, “subían a las cumbres en busca de respuestas a cuestiones que hoy se siguen indagando con los grandes telescopios”. El Roque de Los Muchachos era “una de las montañas mágicas favoritas para realizar estas prácticas ancestrales”. En la actualidad, la cima de La Palma acoge el principal observatorio estelar del hemisferio norte europeo.
Los primeros astros empezaron a brillar, según estiman los científicos, aproximadamente, 400 millones de años después del gran estallido cósmico (Big-Bang). Desde entonces, sin duda, ha llovido lo suyo, pero la inmensa mayoría de los enigmas que encierra la bóveda celeste sobre la creación permanecen ocultos.
Canopo era el cuerpo celeste más idolatrado por los primeros pobladores de las Islas, sostiene el prehistoriador Miguel Martín, experto en astroarqueología. Desde el Archipiélago, en el citado punto del infinito boreal, se puede contemplar, si la noche está despejada, a partir de la citada fecha, hasta los primeros días de mayo, “justo el periodo de lluvias en Canarias”, subraya Martín. Los pueblos primitivos, recuerda, la consideraban “la madre de todas las estrellas”.
Entre las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años por Miguel Martín destaca un estudio sobre el culto de la estrella Canopo entre los antiguos pobladores de Canarias.
Los awara, sostiene, “dominaron el conocimiento astronómico como pilar del conjunto del saber sagrado, aquel sobre el que se sustentaba su mundo”. En este sentido, sintetiza, “la observación del cielo fue una importante disciplina de aprendizaje”. Asevera que “realizaron sus consideraciones para dar sentido a la vida”.
Destaca que “fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo y, en su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas y de sus ideas cósmicas” en la orientación de sus “construcciones y en la iconografía de su sistema ritual” que, precisa, “resalta la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente”. En las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro, remarca, “la mediciones de campo (prehistoria de la posición astronómica), nos han confirmado una especial vinculación con la estrella Canopo”.
Astronomía aborigen de La Palma
Según expuso en su día el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) con motivo de una exposición sobre la investigación estelar en La Palma, “en la cultura de los pobladores prehispánicos de la Isla, los benahoaritas, existe una relación entre los ritos sagrados y la Astronomía”. Los citados habitantes, apunta, “subían a las cumbres en busca de respuestas a cuestiones que hoy se siguen indagando con los grandes telescopios”. El Roque de Los Muchachos era “una de las montañas mágicas favoritas para realizar estas prácticas ancestrales”. En la actualidad, la cima de La Palma acoge el principal observatorio estelar del hemisferio norte europeo.
Los primeros astros empezaron a brillar, según estiman los científicos, aproximadamente, 400 millones de años después del gran estallido cósmico (Big-Bang). Desde entonces, sin duda, ha llovido lo suyo, pero la inmensa mayoría de los enigmas que encierra la bóveda celeste sobre la creación permanecen ocultos.

http://www.canariasahora.com/noticia/234099/

martes, 20 de septiembre de 2011

El culto a la estrella Canopo

Original petroglifo en Malpaíses (Villa de Mazo)

El hombre moderno vive en un mundo sin dioses, sin espíritus o fantasmas, sin genios o ángeles, sin demonios… El hombre urbano vive sin animales y sin bosques, sin estrellas. Por ello, no podemos entender el mundo antiguo sin intentar experimentarlo, sin aquel orden de experiencia primordial que se basaba en una armonía integral.
Hasta hace muy poco era impensable concretar que las respuestas al sentido de la vida entre los antiguos canarios estaban en el cielo. Si la literatura previa y posterior al siglo XV así lo afirmaba, tan sólo nos faltaba poderlo demostrar a través de sus restos materiales. Los antiguos habitantes de las Islas Canarias dominaron el conocimiento astronómico como pilar del conjunto del saber sagrado, aquel sobre el que se sustentaba su mundo. Y en este sentido, la observación del cielo fue una importante disciplina de aprendizaje. Realizaron sus consideraciones para dar sentido a la vida. Fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo y en su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas, de sus ideas cósmicas, la orientación de sus construcciones y su iconografía como sistema ritual que resalta la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente. En las islas que hemos trabajado -La Palma, La Gomera y El Hierro-, las mediciones de campo nos han confirmado una especial vinculación con la estrella Canopo.


Canopo es una estrella del Hemisferio Sur, la segunda más brillante de nuestro cielo. Fue venerada tanto en la mitad austral como en numerosos lugares del Hemisferio Norte, por debajo del paralelo 35, en el Norte de África y Próximo Oriente. En el mundo bereber su culto se encuentra bien documentado, siendo parte importante como eje de su cosmogonía. “Canopo es la estrella principal del cielo, la más antigua, la madre de todas las estrellas, huevo primordial de cuya explosión nace el universo que conocemos” (Viviana Pâques, 1956).


Antonio Cubillo Ferreira, José Barrios, Ignacio Reyes creen que el orto helíaco de Canopo (agosto) marca el inicio del calendario lunar guanche y que su culto se transfirió posteriormente a la Virgen de Candelaria, convirtiéndola en la principal festividad católica de la Isla. “la que carga o sostiene el firmamento”, es decir, presenta una madre cósmica o diosa primordial congruente por completo con el mito cosmogónico organizado en torno a Canopo, la Guayarmina o Wayya-ar-minna isleña, “la que protege hasta el comienzo de la sequía prolongada” (Ignacio Reyes).


Canopo la podemos localizar siempre en el Sur, entre finales de agosto y los primeros días de mayo, justo el período de lluvias en Canarias.


En el segundo número de la revista de Prehistoria de la Isla de La Palma, Iruene, titulada Canopo, se presentan cuatro magníficas estaciones rupestres en la isla de La Palma, una en La Gomera y otra en El Hierro perfectamente vinculadas a esta estrella, cada una con sus particulares características topográficas.


1. Malpaíses, en la costa de Villa de Mazo, con más de 30 grabados rupestres que miran hacia el Sur, en dirección a la Montaña del Azufre, coincidente con Canopo en su máxima altura sobre el cono volcánico en perfecta alineación.


2. Roquito de La Fortaleza, en la cumbre de San Andrés y Sauces, con ocho paneles de petroglifos que miran hacia el ocaso de la estrella Canopo sobre el extremo Oeste del Pico Bejenao.


3. Los Andenes I, dique situado en el borde superior de la cara interna de La Caldera de Taburiente, que contiene diez paneles con más de una veintena de motivos. La dirección del dique coincide con el ocaso de Canopo en el horizonte.


4. Los Andenes II, otro dique con cinco paneles de grabados rupestres, situado por encima del anterior que presenta dos tramos con direcciones coincidentes con el lugar por donde asoma y desaparece Canopo en el horizonte.


En la isla de La Gomera encontramos la sorprendente estación de grabados rupestres alfabetiformes de las Toscas del Guirre cuyos grabados se direccionan al lugar aproximado donde Canopo y Sirio se alinean y desde donde se puede apreciar el ocaso de Sirio por el mismo Roque de Agando.


Por último, en El Hierro las coladas de lava que se precipitan hacia el mar (dirección Sur) fueron talladas con los símbolos y escritura mágicas, justo el punto donde canopo y Sirio se alineaban hace mil años.


Publicado en el periódico Canarias7, día 20 de septiembre de 2011

miércoles, 23 de febrero de 2011

Revista Iruene nº 2: CANOPO

El viernes 18 de febrero se presentó el segundo número de la revista de prehistoria de La Palma “Iruene” dedicada íntegramente a la sugerente visión del cielo nocturno centrado en la estrella Canopo.

Los awara, al igual que el resto de los pueblos antiguos, fueron grandes observadores de los movimientos de los elementos del universo. En su afán de coordinar las acciones terrestres con las celestes, dejaron constancia de sus observaciones astronómicas, de sus ideas cósmicas, la orientación de sus construcciones y su iconografía. La orientación se ha convertido en todo un ritual muy antiguo para experimentar la necesidad de situarse en un mundo organizado cósmicamente. Cuando algo se orienta, el espacio cobra sentido, el cielo y la tierra se encuentran y se unen. Se sale de la linealidad y se entra en la eternidad cíclica, aquella que se repite constantemente todos los años. Basarse en esas disposiciones nos ha dado claves a muchas respuestas.

¿Qué tiene de raro afirmar que los antiguos canarios adoraran la naturaleza, al Sol, la Luna, las estrellas, las montañas, las fuentes, los árboles, el viento… y que creían en un Ser Supremo? ¿Puede ser un grabado rupestre una imagen o modelo del cosmos? Una imagen dominante y generalizada como una espiral, un círculo, un meandro o las miles de combinaciones creadas por los awara nos conducen a descubrir su arquetipología, la que orienta el conocimiento hacia algo concretizado, en dirección al punto por donde sale o se pone el Sol en sus posiciones extremas (solsticios), intermedias (equinoccios), el cenit, referencias topográficas como Pico Bejenao, Pico La Nieve, Risco Liso, Montaña del Azufre y lo descubierto recientemente: la estrella Canopo.

Ocaso de Canopo sobre el Pico Bejenao desde el dique sagrado de El Roquito de La Fortaleza
Canopo es un astro supergigante del Hemisferio Sur que, desde nuestra posición, podemos localizar siempre en el Sur cercano al horizonte, entre finales de agosto y los primeros días de mayo. Es muy fácil de encontrarla por su posición, su gran tamaño, constantes centelleos y cambios de color. Su culto se encuentra bien documentado en el mundo bereber, siendo parte importante como eje de su cosmogonía. Según la mitología de algunos pueblos magrebíes Canopo es la estrella principal del cielo, la más antigua, la madre de todas las estrellas, huevo primordial de cuya explosión nace el universo que conocemos (Pâques, 1956).
En este segundo número de la revista “Iruene” se ha confirmado la existencia de cuatro impresionantes yacimientos de grabados rupestres en La Palma, uno en la isla de La Gomera -Las Toscas del Guirre- y otro en la isla de El Hierro -Julan- armonizadamente direccionados hacia Canopo.

lunes, 21 de junio de 2010

Las primeras referencias escritas sobre la antigua religión astral en la isla de La Palma


En La Palma no es un hecho insólito la existencia de elementos sagrados. El original sistema desarrollado fue capaz de integrar las hierofanías (conjunto de formas existentes en el mundo a través de las cuales se manifiesta lo sagrado) elementales. Se trata de un procedimiento construido en base a una experiencia lógica simbólica. Y todas esas referencias en la isla de los awara nos conducen al cielo, dispuesto para revelar lo sagrado.
Plinio (escritor, científico, naturalista y militar romano) vivió en el siglo I. Es muy probable que no estuviera en las Islas Canarias, sin embargo consiguió testimonios de fuentes directas a los que dio forma y sentido, a expensas de cometer errores. Fue el primer autor clásico que reconoce la presencia de pobladores en la isla de La Palma y la existencia de un monumento dedicado a una deidad: “alteram insulam Iunoniam appellari, in ea aediculam ese tantum lapide exstructam”, traducido por J. Álvarez Delgado de la siguiente manera: “La segunda isla se llama Junonia y en ella solo hay un pequeño templo erigido en piedra”. Está dedicado a la diosa Juno, la más grande de todas las diosas, formaba parte de la triada capitolina romana (Júpiter, Juno y Minerva) y se representaba como una gran señora, a veces con un cetro.
Las siguientes menciones sobre las creencias de los antiguos habitantes de La Palma se remontan al siglo XIV. Nada más y nada menos que dos cabezas de la Iglesia, los Papas Clemente VI (bula del 1344) y Urbano V (bula del 1369) demostraron con contundencia la existencia de un culto astral entre los aborígenes canarios.
El Papa francés Clemente VI nació en 1291 y fue elegido Papa el 7 de mayo de 1342 en Avignon. Alrededor de 1344, concedió la soberanía de las Islas Canarias al Príncipe de Castilla, Luis de la Cerda, con la condición de que ningún otro gobernante cristiano hubiera adquirido el derecho a su posesión. El nuevo soberano, a quien se le otorgó el título de Príncipe de Fortunia, accedió a introducir el cristianismo en las islas y a pagar tributo a la Santa Sede. La muerte de Luis de la Cerda dejó el Principado en proyecto.
En septiembre del año 1369 el Papa Urbano V hizo pública una bula en la que alentaba la llegada de religiosos a Canarias con el fin de convertir a la fe de Cristo a los infieles canarios. En la Bula “Ad hoc Semper” podemos encontrar la fantástica afirmación de que eran “adoradores del sol y la luna”.
Es imposible entender las antiguas culturas sin sus dioses estelares o es que acaso ¿mintieron los antiguos textos mesopotámicos cuando hablan de las estrellas como dioses? ¿Nos timaron también los escribas y sacerdotes egipcios? ¿Son falsos los códices mayas que relacionan su existencia con las estrellas? ¿Nos engañaron griegos y romanos al crear una mitología estelar? ¿Nos traicionó Herodoto cuando afirmó que los libios adoraban al Sol y a la Luna? ¿Es una burla del veneciano Alvise Ca’da Mosto especificar que los canarios adoraban al Sol, la Luna y otros planetas? ¿No dijo la verdad Valentín Fernández en 1505 al esbozar que los nativos canarios adoraban unos al Sol, otros a la Luna y otros a las estrellas? ¿Falsean actualmente los tuareg cuando consideran y veneran a los astros como sus principales divinidades? Según René Basset (1910), además de las montañas, rocas, cuevas y ríos, los bereberes también adoraban las estrellas y, en primer lugar el Sol. ¿Es casualidad que los antiguos templos del mundo o las catedrales, iglesias y ermitas cristianas adopten un plano de eje E-O, Sol naciente-Sol poniente? Cualquiera lo puede comprobar con una simple brújula.
Lo indican los textos antiguos y lo exteriorizan los yacimientos prehistóricos de la isla de La Palma. La organización del espacio, desde tiempos inmemoriales, depende de los puntos de orientación establecidos. En La Palma, esos puntos son las posiciones extremas del Sol (solsticios) e intermedias (equinoccios) en más del 99 % de los casos; la Luna, la estrella Canopo y la topografía sagrada en menos del 1 %. Estos axis fueron elegidos mayoritariamente como punto de encuentro, intermediario entre el espacio humanizado (yacimiento prehistórico) y la posición de los astros en los tiempos establecidos. Espacio y tiempo en un conjunto coherente dentro de un sistema solidario.
La Voz de La Palma, junio 2010.

viernes, 28 de mayo de 2010

El rol social de la mujer canaria en la antigüedad

Como norma general, las sociedades con religiones monoteístas fueron patrilineales, emplazando a un segundo plano a la mujer, muchas veces valoradas igual o peor que los animales. Sin embargo, en el pasado más ancestral, el papel de lo femenino alcanzaba tintes de sacralidad como portadora de la fecundidad y de la vida.
Si nos acercamos a las Islas Canarias, entre los bereberes norteafricanos y canarios, a pesar de que los hombres son los que participan en los principales actos y rituales religiosos, las mujeres son muy respetadas por su relación con los dioses. Por ejemplo, son las que predicen el futuro leyendo en las manos, en las nubes o en las plantas. La etnografía comparada nos muestra que también ocurre en muchos pueblos originales e incluso entre las naciones avanzadas. Los matrimonios son monógamos pero existe la separación. La mujer canaria es muy fuerte física y mentalmente, da la filiación, transmite la sabiduría popular, la literatura oral y la artesanía lo que la convierte en pilar de la tradición y la cultura. La mujer amazigh suele ser la depositaria de las técnicas artesanas fundamentales de la vida cotidiana, como la cerámica, la cestería o el tejido de esteras de hojas de palma. No llevan velo y muchas de ellas todavía mantienen viva la costumbre milenaria de llevar tatuajes en el rostro, las manos o los pies, los cuales tienen su código simbólico referido al status social. Las fuentes literarias antiguas canarias recogen claramente el papel destacado de las mujeres aborígenes. En Fuerteventura, Leonardo Torriani aporta algunos detalles sobre la función de las mujeres en la antigua sociedad amazighe. Tibiabin era considerada una mujer fatídica y de mucho saber, quien, por revelación de los demonios o por juicio natural, profetizaba varias cosas que después resultaban verdaderas, por lo cual era considerada por todos como una diosa y venerada y gobernaba las cosas de las ceremonias y los ritos, como sacerdotisa. Tamonante regía las cosas de la justicia y decidía las controversias y las disensiones que ocurrían entre los poderosos o principales de la Isla.
En Gran Canaria, Abreu Galindo expone que entre las mujeres canarias había muchas como religiosas, que vivían con recogimiento y se mantenían y sustentaban de lo que los nobles les daban, cuyas casas y moradas tenían grandes preeminencias; y se diferenciaban de las demás mujeres por sus pieles largas que arrastraban por el suelo, y eran blancas. Las llamaban magadas. Cuando faltaban los temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas. Marchaban a las montañas de Tirmac y Umiaya y allí derramaban manteca y leche, hacían danzas y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y daban con las varas en el agua con gritos de júbilo.
En La Palma, Abreu Galindo afirma que las mujeres awara no eran de menos corpulencia que los hombres, se caracterizaban por sus ánimos varoniles y en su ferocidad ejecutaban sin perdón a los cristianos. El mismo autor inmortalizó la pelea entre una cuadrilla de colonos herreños y la palmera Guayanfanta, mujer “de grande ánimo y gran cuerpo, que parecía gigante, y extremada blancura”. Relata como los cristianos la cercaron, peleó con ellos lo que pudo y, viéndose acosada, embistió con un cristiano y, tomándolo debajo del brazo, se iba para un risco para arrojarse al vacío con él y, a pesar de que acudió otro cristiano y le cortó las piernas, cayeron por el barranco.

domingo, 14 de febrero de 2010

La gestión de los pastos para el ganado en las cumbres de La Caldera

Factores demográficos, económicos, tecnológicos y sociales desempeñaron un papel importante en la optimización de los recursos naturales en una isla como La Palma. La alteración del paisaje se relaciona directamente con el uso de los recursos de la subsistencia: el aprovechamiento de la madera y los pastos como reflejo de su capacidad política para implementar o mantener una decisión sobre un territorio. Ahora bien, el paisaje no puede ser reducido exclusivamente a una dimensión económica.
Establecieron acuerdos firmes y vinculantes sobre los derechos de pastos, la cría de ganado, el intercambio de bienes y el matrimonio. La gestión de los territorios de pastoreo era vital para la subsistencia de la comunidad -referido a toda la Isla-. Los primeros awara que llegaron a La Palma encontraron un verdadero vergel para sus ganados. Los pastos son muy abundantes sobre un territorio elevado, lo que permite una flexibilidad de aprovechamientos de los distintos pisos vegetales en diferentes períodos del año. No podemos seguir avanzando en el conocimiento de los pueblos prehistóricos de Canarias si no miramos a las culturas imazighen que todavía sobreviven en el Norte de África. En este sentido, es muy útil el correo electrónico que nos envió Emiliano Oliva Hernández con un documental sobre el sistema ancestral del agdal que los mesioua crearon para gestionar el yagur -territorio de pastos para el ganado pertenecientes a los pueblos beréberes del Alto Atlas marroquí-.
El agdal es un sistema de origen bereber que consiste en la reglamentación del acceso a un recurso natural, siendo utilizado prácticamente por todas las tribus beréberes del Alto Atlas y del sur de Marruecos. Este recurso puede ser un bosque, forraje para las cabras y las ovejas, o incluso, una tierra de labranza. El agdal se rige por unas fechas concretas de apertura y cierre de un espacio durante un periodo determinado del año. Esto favorece significativamente la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, y por otra parte, la cohesión social en la gestión de los recursos naturales de subsistencia de los pueblos, reforzando así la convivencia y su sentido de grupo entre las tribus, familias o aldeas. Es un principio de igualdad que se mide equitativamente entre todos. Su base tiene unos claros fundamentos de producción material y económica, pero con una fuerte influencia religiosa, donde el sentido de lo sagrado construye un significado que ordena el territorio de diversas fracciones repartidas en los valles de la cordillera del Atlas. La mayoría de las distintas comunidades tribales todavía rinden culto a un santo o santón que constituye el referente unificador del grupo humano, al cual, después de la apertura del agdal y por medio de celebraciones rituales, ofrecen animales, vegetales, grano o mantequilla, augurando así la prosperidad y la fecundidad de la comunidad (http://www.antropologiavisual.net/2007/agdal-voces-del-atlas/).
Los awara fueron unos eternos trasterminantes -término que hace referencia a los desplazamientos cortos de costa a cumbre-. En verano, cuando el Sol ha quemado los pastos de las costas y medianías, se desplazan a los terrenos comunales de cumbre, demarcados en torno al contorno exterior próximo a la Caldera de Taburiente, por encima de los 1.800 m de altitud, donde empiezan a proliferar los campamentos, y las paredes internas del gran cráter de Taburiente.
Con toda seguridad, al igual que los pueblos imazighen del Atlas, el acceso a los pastos comunales de cumbre estaba regulado por un consejo que abarcaba a toda la Isla. Durante unos 3 o 4 meses, en primavera, se cerraban estas áreas de pastoreo al ser el período más sensible de crecimiento y reproducción de las plantas. No se pastoreaba las cumbres hasta que las semillas maduren, especialmente las de las gramíneas y otras plantas de ciclo corto. Evidentemente, el cierre no se hace con barreras físicas sino por la moral y los derechos tradicionales. Esto no quita que hubiera otras zonas de pastoreo permanente en la Isla -costas, medianías, Cumbre Vieja y Cumbre Nueva-. Es un sistema usado para permitir la reproducción de las plantas del año siguiente. La entrada de animales durante el cierre estaba castigada por leyes consuetudinarias.
A partir de marzo comienza sutilmente la floración de las cumbres, los alhelíes primero, la violetas después, son las primeras en enseñar sus encantos lilas, hasta que el amarillo comienza a monocromar el paisaje. Su máxima madurez se produce en junio/julio. ¿Sería la llegada del solsticio o lunasticio de verano el instante que marca la apertura de los campos de pastoreo comunales de cumbre? No lo sabemos, el mundo mágico-religioso refuerza el sistema de pastoreo. Son los dioses los que mandan en estos territorios sagrados. La norma ritual de verano entre los mesioua del Atlas consistía en sacrificar animales para conciliar las fuerzas telúricas, los demonios, y así favorecer la fecundidad de los propios animales, de los hombres, la vegetación, la lluvia, etc. Todo va junto. Es toda una demostración de sabiduría. El sentido de comunidad está fuertemente arraigado en estos pueblos ancestrales. En verano, las cumbres más altas de La Palma se convertían en un hervidero por el trasiego humano y animales, momento que se aprovechaba para estrechar las relaciones sociales.
A partir del siglo XVI, se inicia una nueva era. A la vez que los pastores históricos van incumpliendo la norma ancestral, se impone el individualismo sobre la comunidad, los pastizales se desacralizan y se convierten en objeto de explotación económica. Ahora no son los dioses los dueños del territorio, son los hombres. Esa individualidad los lleva a no respetar algunas normas y suben los animales antes de que las semillas maduren, lo que provoca la pérdida de la nueva generación de plantas y la consiguiente desaparición de las especies más frágiles, así como la propagación de las más resistentes -codeso-. Los pastizales se sobreexplotan y pierden calidad. Definitivamente, los humanos se adueñaron del territorio más sagrado de la Isla. En la década de 1980 se prohibió el pastoreo en las cumbres para dar paso a impactantes construcciones del IAC (Instituto Astrofísico de Canarias), siendo Parques Nacionales la encargada de recuperar parte de la flora que está en peligro de extinción.